El patrimonio cultural inmaterial de España: ¡Toros y Semana Santa!

No solo está la Semana Santa, los inventarios de bienes culturales inmateriales están repletos de fiestas religiosas.

Por Antonio Gómez Movellán | 25/02/2024

El patrimonio cultural inmaterial es un concepto ambiguo para referirse a prácticas que van desde rituales, fiestas, oficios extinguidos o en vía de extinción o incluso conjuntos paisajistas. Existen convenios, en el marco de la Unesco, como la Convención para la salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de 2003, que definen y precisan lo que es este supuesto patrimonio cultural inmaterial.

En nuestro país existe también- para hacer honor a esa compulsión legislativa y reglamentaria que existe en España- una ley de patrimonio cultural inmaterial del año 2015 en la que se contempla, entre otros asuntos, la creación de un inventario de patrimonio común inmaterial y las Comunidades Autónomas también se han confeccionado sus propios inventarios de bienes culturales inmateriales.

Para los Toros existe una muy controvertida ley de especial protección, la Ley 18/2013, de 12 de noviembre, para la regulación de la Tauromaquia como patrimonio cultural, aunque muchos son los que consideran la tauromaquia una tortura, más que una manifestación cultural. La inclusión de tal o cual actividad en los inventarios abre la posibilidad de protección por parte de las administraciones y son justificadoras de subvenciones e inversiones varias.

Una de las primeras actividades declaradas bien cultural inmaterial, aparte de los toros, es, ¡cómo no!, la Semana Santa elevando este ritual católico de la contrarreforma a patrimonio cultural inmaterial y posibilitando, por tanto, que las administraciones puedan subvencionar todo ese ecosistema cofrade alrededor de la Semana Santa.

Pero no solo está la Semana Santa, los inventarios de bienes culturales inmateriales están repletos de fiestas religiosas (peregrinaciones, fiestas patronales, etc) que ya han obtenido, rápidamente, ese marchamo de patrimonio cultural inmaterial; así, en el inventario nacional de bienes culturales inmateriales nos encontramos actividades católicas como el “belenismo”, las “fiestas del sexeni”, en honor a la Virgen de Vallivana o el “toque de campanas”, y en los inventarios de las Comunidades autónomas la invasión católica está por todos lados; en realidad todo el patrimonio cultural de éstas parece inundado por todo tipo de ofrendas y desfiles de Vírgenes, Corpus Cristis e Inmaculadas.

A título de ejemplo, el patrimonio cultural inmaterial de la Comunidad de Madrid está compuesto por los siguientes bienes culturales: el día de la Virgen de la Caridad de Poveda, la fiesta de las Mayas, las fiestas patronales de San Isidro, la embarcación de la Virgen de la Larilla y, no podía faltar, la fiesta de los toros de la Comunidad de Madrid.

Sea por lo que sea nuestro deslumbrante inventario de bienes inmateriales culturales está inundado de tauromaquia, procesiones y vírgenes. Pero, además, es que, a través de los presupuestos generales del Estado, se crean, cada año, incentivos fiscales para favorecer peregrinaciones varias como la de la Cruz de Caravaca, la ruta jacobea o el año jubilar lebaniego. Actividades que poco tienen de cultura y si de negocio turístico mezclado con lo religioso. Todo esto, parece, se está yendo de las manos y tras estos tinglados se suelen esconder derroches de dinero público.

Así ocurrió, por ejemplo, con la Sociedad pública que creó la Comunidad de Cantabria para fomentar la peregrinación, en total decadencia, “año jubilar lebaniega” sociedad que ha dejado déficits de millones de euros tras realizar gastos tan culturales como un concierto de Enrique Iglesias por valor de 95.000 euros.

Que un Estado que se declara aconfesional pueda estar subvencionado, ahora bajo la coartada de “patrimonio inmaterial cultural”, y participando activamente en los saraos católicos que inmunda la geografía de nuestro país, es cuando menos discutible o quizás intolerable. Como también es discutible o quizás intolerable que se subvencionen los toros bajo esa misma coartada.

La iglesia católica española, mientras las Administraciones miraban para otro lado, se ha puesto a su nombre, en los registros de la propiedad de este país, monumentos tales como la catedral de Burgos o la Mezquita de Córdoba en un intento por apropiarse de la mayoría de nuestro patrimonio nacional. Pero la voracidad de la iglesia católica es insaciable y ahora se dispone a apropiarse, también, del patrimonio cultural inmaterial, el cual está ya repleto de vírgenes, procesiones y matadores de toros.

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