El miedo de los machos

Salvar Al Garito IOSIF

Por María José Robles Pérez

No hay nada como que llegue un día reivindicativo para la mujer, para ver salir en desfile a los machos que se creyeron el cuento de que las mujeres estamos a su merced. Machos que se creyeron el cuento de que pueden hacer con una mujer lo que les plazca. Machos que se creyeron el cuento de que ellos son los que mandan. Machos que se creyeron el cuento de que las mujeres son el sexo débil.Parafraseando a Virginie Despentes: machos que se creyeron el cuento de ser machos, pero que no son más que empleados de un gran hotel, aunque se crean los propietarios de la finca….
¡Qué lástima de ellos!

Sí, en el fondo, solo se pueden sentir lástima por esta especie que se niega a salir de la caverna donde el patriarcado los crió. Son incapaces de intentar desaprender todo aquello que la cultura machista les enseñó como Verdad. Lástima por ellos porque se van a perder muchas cosas y porque sus nombres quedarán postrados en una larga lista que llevará como título “la especie que no quiso avanzar”, porque no se equivoquen, son ignorantes a voluntad. Todos y todas hemos sido criados en esa caverna patriarcal, pero son ellos los que se niegan a salir, son ellos los que se niegan a aprender todo aquello que el feminismo les quiere enseñar, cosas que los beneficia a ellos mismos y a todos los demás. Se niegan a moverse de su lugar, prefieren seguir viviendo postrados en su pequeño rinconcito privilegiado, ignorando el mundo real. Y aunque la ignorancia a voluntad siempre ha sido una gran piedra en el camino que ha impedido avanzar, en este caso ni siquiera ellos pueden evitar que el Feminismo cabalgue por cada rincón de nuestro mundo.
Y por eso tiemblan.

Y es que, a estos machos, cuando les preguntas porque no son feministas, solo saben justificarlo mediante una palabra que ni siquiera existe. Es una palabra que fue utilizada por primera vez por un cretino periodista conservador –como no podía ser de otra manera- estadounidense llamado Rush L. Bien, según este cerebro privilegiado, “el feminismo nació para que las mujeres poco atractivas tuvieran un acceso más fácil en la sociedad”. Acto seguido, comparó a las mujeres y su lucha por querer ser iguales que sus hermanos, con el holocausto nazi. Hay que estar enfermo para hacer semejante comparación. Pero hay que estar aún más enfermo para seguir el discurso de este energúmeno como un borrego. Las mujeres que luchan para no ser maltratadas, ni violadas ni asesinadas por ser mujeres, son nazis. Sí como leen, los medios de comunicación se encargaron de darle voz a este completo imbécil y los borregos hicieron el resto.

Por eso, cada vez que un macho utiliza esa palabra inventada, recuerdo las declaraciones de ese tipejo y me río a carcajadas. Me río a carcajadas porque eso es lo que provoca el miedo de los machos a ver una mujer libre. Nos comparan con los nazis, hermanas.
¿No es verdad que es para sentir lástima de estos machos insolentes?

Estos machos nos tienen miedo, hermanas y hermanos que estáis en esta lucha tan digna que se llama #HYPERLINK «https://www.facebook.com/hashtag/feminismo?source=feed_text&epa=HASHTAG»Feminismo. Pero que estos machos nos tengan miedo, significa que lo estamos haciendo muy bien. Significa que vamos por buen camino y, aunque aún nos queda mucho camino por recorrer, cada paso que damos es un paso que hemos ganado a este patriarcado y a esos machos que se divierten pensando en el número de mujeres que son maltratadas por este sistema patriarcal del que ellos se creen los reyes.

No se preocupen, identificar a estos machos es sencillo, todos parten del mismo patrón, por lo que es un prototipo fácil de reconocer. El macho orgulloso de ser macho es aquel que va dando clases a las mujeres de cómo tienen que ser para ser mujeres. El macho orgulloso de ser macho es aquel que le explica a la mujer cómo tiene que ser su lucha, por lo que debe luchar y por lo que no debe luchar si quiere ser una mujer de verdad. El macho orgulloso de ser macho es aquel que se horroriza cuando una mujer saca una teta al aire en una protesta, pero no le asusta cuando a una mujer le cortan los pezones en medio de una violación como le pasó a Susana J. en el zulo donde la violaron. El macho orgulloso de ser macho es aquel que se escandaliza porque una mujer proteste en unas calles, pero no se horroriza cuando en esa misma calle apareció el cadáver de Olivia D. que nunca volvió a su casa después de salir a hacer footing en una tarde de verano. El macho orgulloso de ser macho es aquel que le molesta un canto donde decimos que hay un violador en todas partes, pero no le molestó los gritos de Ana Orantes cuando era quemada por su exmarido por decir en voz alta que había sido maltratada durante un largo número de años. El macho orgulloso de ser macho es el mismo que dice que en este país no existe machismo, mientras permite que a su compañera de trabajo la acosen en la oficina. El macho orgulloso de ser macho es el mismo que te dice que le parece gracioso el mensaje de “Sola y borracha quiero volver a casa”, pero culpa a María que fue violada en un coche por un amigo que la llevo a casa después de que tomaran unas copas juntos en el bar de la esquina. El macho orgulloso de ser macho es aquel que criticará cada paso que demos, hermanas, pero nunca nunca lo veréis quejarse o lamentarse por la violación, humillación o muerte de algunas de nosotras en manos de uno de sus compañeros machos. Sí, son los machos que creen que una mujer tiene que “valer para ser violada”.

Y están temblando. Nos ven salir a las calles sin miedo. Nos ven orgullosas de ser lo que somos. Nos ven accediendo a los cargos que nunca se creyeron que podríamos acceder. Nos ven siendo lo que queremos ser. Nos ven libres. Y por eso tiemblan.

Tiemblan de miedo porque pensaban que las mujeres eran sus servidoras. Les está costando descubrir que no somos las servidoras de nadie, que somos iguales a los hombres y que seguiremos gritándolo hasta que todo el mundo se entere. Gritaremos en las instituciones, en las calles, en las redes sociales, en los libros, frente a sus caras, reventándoles el tímpano con nuestro grito si es necesario.

Pónganles caras, nombre y apellidos a esos machos. Y no les tengáis miedo. Recordad que son ellos los que tiemblan.


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