El mañana que no tuvieron

La llamada “transición” trajo más represión y asesinatos en las calles de manifestantes y huelguistas a manos de las fuerzas represivas y de las bandas fascistas que los habidos en los últimos años del franquismo

Por Vladimiro Fernández Tovar | 30/09/2025

En estas fechas me resulta inevitable recordar a los cinco compañeros fusilados y recordar este verso de Humberto Baena : “Ayer obrero metalúrgico / hoy preso político / ¿Habrá un mañana? ” No lo tuvieron y el hoy actual no es el que habríamos querido. Me viene a la memoria, los últimos días antes de los fusilamientos, condenados a muerte, paseando en círculos por el patio de la 6ª galería de Carabanchel, con Baena y Manolo Blanco Chivite, bajo la vigilancia de los carceleros y cómo desde las ventanas de la galería los presos políticos comenzaron a silbar la Internacional hasta que la galería retumbaba.

Con los fusilamientos de José Luis Sánchez-Bravo, Ramón García, Txiki, Otaegui y Baena, al único que personalmente conocí, se cerró el ciclo siniestro que el felón y asesino Franco, junto a otros generales y militares, traidores a su juramento de lealtad a la República, iniciaron en 1936 con una sublevación y concluyó con un baño de sangre, torturas y sufrimiento para el pueblo español, y que se prolongó durante los casi 40 años que duró el franquismo. Porque ni en los años del llamado “aperturismo” cesó la represión sangrienta: los dos últimos guerrilleros que habían sobrevivido fueron asesinados en emboscadas, en 1963 Ramón Vila y en 1965 José Castro. En 1963 tras ser torturado y defenestrado en la Dirección General de Seguridad, fue fusilado Julián Grimau, condenado en un Consejo de Guerra en el que el Vocal Ponente, el único de los militares que debía ser licenciado en derecho, era un sinvergüenza sin titulación alguna. El mismo año son ejecutados mediante garrote vil, los anarquistas Granado y Delgado y en 1974 Salvador Puig Antich. Pero no les bastaban los juicios farsa. En 1967 y 1969 son defenestrados y fallecen Rafael Guijarro y Enrique Ruano. Todo ello, sin olvidar a los muchos trabajadores y ciudadanos que durante esos años fueron asesinados por la Policía Armada o la Guardia Civil cuando se manifestaban o participaban en huelgas, a los que hay que añadir a los varios militantes antifranquistas muertos o heridos mientras repartían propaganda o realizaban pintadas. Los Consejos de Guerra de 1975 fueron una farsa con las sentencias dictadas de antemano. Quiero reiterar el agradecimiento a mi abogado Miguel Castells y a todos los abogados y abogadas que actuaron en aquellos procesos por el coraje que tuvieron en tan difíciles circunstancias Los Consejos de Guerra también fueron el intento de dar un escarmiento a una lucha en auge; no lo consiguieron.

A las 11 condenas a muerte siguió un fuerte movimiento solidario internacional y a los 5 fusilamientos, el aislamiento y la condena internacional del régimen franquista. Pero el ciclo franquista se cerró en falso. o. El Ejército, los tribunales, la policía, la Guardia Civil quedaron sin depurar y las consecuencias de ello llegan hasta nuestros días con el repunte del fascismo que estamos viendo en los últimos tiempos.

Hay que dar a conocer el pasado de lucha, tanto tiempo ocultado, y hay que seguir siempre luchando; tanto sacrificio no se puede perder; siempre recuerdo la frase grabada en la estela sobre la tumba de Txiki, en Zarauz: “Haizea balaz gelditu nahi ukan dute” (Han querido parar al viento a balazos). Que la lucha del pueblo sea tan fuerte como ese viento de libertad al que ni los balazos paran.

* Condenado a pena de muerte, y conmutada, en los Consejos de Guerra de septiembre de 1975. Nota leída en el Homenaje celebrado en Madrid.

 

 

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