El informe Gallego-Díaz

No tengo por qué coincidir con lo que piensan los demás. Lo que exijo, como lectora de un periódico, es que no quieran engañarme. El que un periódico defienda editorialmente lo contrario a lo que yo pienso —siempre y cuando no manipule los datos— me parece razonable. No todos los periódicos vamos a tener el mismo punto de vista. Que los periódicos tengan tendencias políticas distintas me parece muy bien. Lo que no me parece bien es que me engañen

Soledad Gallego-Díaz

En el buen periodismo, además de la descripción de un acontecimiento, tenéis también la explicación de por qué ha sucedido; en el mal periodismo, en cambio, encontramos sólo la descripción, sin ninguna conexión o referencia al contexto histórico.

Ryszard Kapuscinski

Déjenme que hoy sea optimista pese a quizás no tener demasiadas razones para ello. Por una vez, en medio de esta espiral de desasosiego y contrarrevolución ideológica reaccionaria en la que se ha convertido el Siglo XXI, permítanle a un servidor darse el lujo de creer ciegamente en un nombre, en un cambio. No, no hablo de Pedro Sánchez, sino de Soledad Gallego-Díaz.

Como muchos de ustedes ya saben, a falta de que la redacción la ratifique en una votación sin valor vinculante, la madrileña pronto pasará a ocupar la dirección de una de las cabeceras más simbólicas de nuestro país. Un medio de comunicación que para bien o para mal, está ligado a la propia concepción de la prensa escrita que gran parte de los españoles atesoramos irremediablemente en nuestro interior. Una empresa en crisis, un hogar periodístico roto y un símbolo de la información traicionado durante largo tiempo, pero que hoy busca en la seguridad de los orígenes, en la sabiduría de la experiencia y las largas horas de redacción, un renacer ante su público. Busca en definitiva una segunda oportunidad, un camino,; que pese a tantas traiciones y desengaños, como lector no puedo negarle. No cuando quién debe enamorarme lleva a ciencia cierta el periodismo en la sangre.

Hoy mi esperanza se posa principalmente en eso, en la verdad y en la confianza de una directora que ha dejado huella en el oficio por su búsqueda de algo precisamente tan escurridizo en el nuevo tablero de juego del periodismo

En Soledad Gallego-Díaz no busco milagros, no nos engañemos, tampoco los busco en El País. Me conformaría simplemente con que en un futuro pudiese levantarme para acudir al quiosco más cercano y comprar su periódico cada día o quizás simplemente alguno que otro. Que quieren que les diga, voy a tirar piedras contra mi propio tejado, pero echo de menos eso de la tinta impresa de buena mañana. En mi caso particular no busco en El País, ni en ningún otro medio de comunicación, que sus páginas refuercen concienzudamente mis ideas políticas o que se esbocen en las mismas meticulosos planes para que la clase obrera pueda asaltar el poder político, ¡Coño para eso se supone que deberíamos tener a nuestra disposición otros actores de este gran teatro!, pero lo que sí exijo a la hora de confiar mi tiempo a un periódico es cierto estilo, una intachable profesionalidad y rigor, especialmente rigor en sus palabras. Y muy señores míos, eso es algo que Soledad tendrá que recuperar a largo plazo, espero con sinceridad tenga éxito en la batalla.

Con la salida de Juan Luis Cebrián de la la Presidencia de Prisa tras 42 años formando parte de la compañía y con el relevo Antonio Caño al frente de El País, la prensa española vive con expectación un cambio de rumbo que de una u otra nos afectará como pequeños; y no tan pequeños, elementos interconectados unos a otros. Si El País vuelve a respirar periodismo, el resto de cabeceras tendrán que respirar periodismo del mismo modo que cuando El País optó por la información poco contrastada y llevar acabo el ERE más cruento de su historia, el conjunto de la profesión contuvo el aliento. El periodismo al fin y al cabo es un entorno muy dado a resfriarse cuando los grandes nombres cogen un catarro. Gajes del oficio, pero también de los tiempos. Hacer periodismo es caro y si tu “rival” decide no hacerlo, uno tampoco se empeña en invertir grandes sumas para buscar calidad. Al fin y al cabo, para que enviar a nadie a Siria si al final vamos a compartir todas la misma nota de prensa.

En el futuro, todos los que hemos visto como el propio El País y las redes sociales de algunos puestos elevados, se convertían en un vertedero moral desde el que atacar e incluso acosar a compañerxs de otros medios de comunicación por la forma de ejercer su trabajo, esperamos cambios significativos en la redacción. No por venganza o inquina hacia nombres como David Alandete y José Ignacio Torreblanca, sino por hecho de ejercer el oficio con cinismo y oportunismo, por la absurda decisión de tornar la necesidad de hacerse preguntas para crecer como periodistas por la indigencia profesional de realizar acusaciones con el objetivo de crecer como empleados. Nunca más en El País los intereses personales pueden anteponerse al interés de los lectores, no al menos si es sincera la necesidad de renacer de sus cenizas.

Con la salida de Juan Luis Cebrián de la la Presidencia de Prisa tras 42 años formando parte de la compañía y con el relevo Antonio Caño al frente de El País, la prensa española vive con expectación un cambio de rumbo que de una u otra nos afectará como pequeños; y no tan pequeños, elementos interconectados unos a otros

“El País no es un periódico de izquierdas; nunca lo ha sido y nunca ha pretendido serlo”, son palabras de Soledad Gallego-Díaz y las comparto firmemente. No debemos buscar que en su intento por enderezar el rumbo de la cabecera y recuperarse de la intensa caída de ventas, los profesionales de este medio varíen el rumbo marcado por la dirección anterior en busca de Ciudadanos e incluso del Partido Popular para dirigirse al PSOE o Unidos Podemos al compás de la internacional. Simplemente debemos exigir buen periodismo, plural y trabajado. No queremos notas de prensa o noticias precocinadas de agencia si pueden evitarse, exigimos corresponsales, trabajo de campo, crónicas y un proceso de documentación que impida que Chávez aparezca muerto en portada sin estarlo o la agencia de inteligencia de un país X nos marque la agenda en cada reportaje. Queremos simplemente la verdad y hoy mi esperanza se posa principalmente en eso, en la verdad y en la confianza de una directora que ha dejado huella en el oficio por su búsqueda de algo precisamente tan escurridizo en el nuevo tablero de juego del periodismo. No se trata de perseguir las Fake News para evitar el trasvase de clicks, sino de ofertar algo sincero algo puro. Directora adjunta en varias ocasiones, cronista política, corresponsal en Bruselas, Londres, París, Nueva York y Buenos Aires, Defensora del Lector, ha trabajado en la agencia Pyresa, en la revista antifranquista Cuadernos para el Diálogo, cronista política y parlamentaria hasta finales de 1979 y ahora se convertirá en la primera mujer que dirija El País. Pero ante todo Soledad Gallego-Díaz es periodista, es una de los nuestros. Permítanme que me sume al carro desde la sociología, al igual que ella soy de los que cree que el periodismo no solo se estudia, se siente.

Y en definitiva eso es lo que espero de esta nueva etapa, sentir de nuevo esa chispa de periodismo en El País, ver el renacer de un muerto, aprender de los profesionales que se sumen al reto de levantar este proyecto y compartir con ellos la aventura de contarles lo que el mundo nos arroja. A veces compartiremos puntos de vista, a veces nos tocará discrepar, pero siempre trabajando desde la honestidad, desde un debate sano y constructivo pese a las divergencias. Mucha suerte y mucha mierda a todos los compañeros de El Pais.

P.D. La esperanza nunca debe ser un cheque en blanco, ni El País queda exento de grandes enemigos, muchos de ellos internos, pero hoy era justo reconocer su valentía a una gran profesional.

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