¿El Gobierno más progresista de la historia sigue siendo tan criminal como la derecha?

El Gobierno está dejando morir a un pueblo entero y está colaborando como el que menos en evitar que esta tragedia tenga lugar.

Isa Ferrero

“Noha se encuentra entre los 2.4 millones de niños estimados en Yemen, devastado por la guerra, que las Naciones Unidas temen que estén al borde de la inanición para fin de año.

Como muchos [niños], Noha sufre una mezcla mortal de aflicciones. Tiene raquitismo, espasmos en las extremidades y convulsiones debido a la deficiencia de calcio […].

Parece un bebé hambriento, no un niño […]

Su familia dice que tuvieron que esperar hasta el último minuto porque no tenían dinero para pagar el transporte a un hospital ni ningún tratamiento.

Principalmente comemos pan y algo de arroz donado por amigos o una organización benéfica. Nunca tenemos ninguna proteína, dice la madre de Noha, que también parece desnutrida y frágil”.

Han pasado ya dos meses desde que Naciones Unidas alertara al mundo entero de que Yemen vivía la peor crisis humanitaria de su historia reciente. Las causas son de sobra conocidas por las élites: más de cinco años de bombardeo y de asedio por parte de nuestros aliados (la Coalición encabezada por Arabia Saudí). Situación agravada igualmente por la crueldad de los otros bandos, que siguen luchando pese a que la población ha sufrido de todo: muertes, enfermedades y hambruna gracias, en buena medida, a las prácticas medievales de Arabia Saudí, que han buscado infligir un sufrimiento inimaginable al pueblo de Yemen.

Aunque Yemen pueda parecer un país remoto sobre el que Occidente no tiene responsabilidad en lo que le ocurre, esto no es cierto por varios motivos:

Uno. El país ha sufrido por parte de Estados Unidos el terrorismo de Estado que George Bush declaró después de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. La ‘Guerra contra el terrorismo’ degeneró en seguida en una guerra contra la población en la que se asesinaba a población civil con la excusa imperialista y racista de las “víctimas colaterales”. Esta Guerra contra el terrorismo llegó a Yemen con el presidente Obama, que ordenó matar a cientos de personas después de que la invasión estadounidense del 2003 despertara una oleada yihadista que llegó a su cumbre una década después con la formación del Estado Islámico, un heredero aún más monstruoso que Al Qaeda, que llegó a controlar zonas extensas en Siria e Irak.

Dos. Los países occidentales apoyaron en masa la intervención militar que Arabia Saudí y sus aliados regionales cometieron en Yemen en marzo de 2015. Este apoyo fue sobre todo diplomático. Sin embargo, dos países fueron más allá y prestaron un apoyo decisivo para que estos crímenes tuvieran lugar: Estados Unidos y Reino Unido. La razón por la que Occidente apoyó la intervención criminal saudí que se preveía catastrófica –Yemen era en ese entonces el país más pobre de la región– se debe a que Arabia Saudita es un socio preferencial al que hay que mimar pese a ser uno de los regímenes más extremos y autoritarios del mundo. Destrozar a un pueblo entero es un capricho que había que conceder a los señores de la guerra. Se demuestra una vez más que la preocupación de nuestras élites por los derechos y las libertades de los pueblos es un mito.

Tres. Recientemente, Yemen ha sufrido las consecuencias del calentamiento global. Desde la primavera, el país ha sufrido inundaciones que han hecho aún más daño a una economía que está completamente rota. Yemen ha vuelto a dar un aviso al mundo entero: pese a que los países occidentales son los principales causantes de la catástrofe ambiental que estamos viviendo, son incapaces de cooperar cuando los países más pobres sufren las consecuencias de haber emitido a la atmósfera gigantescas emisiones de Gases de Efecto Invernadero. Es bastante significativo ver cómo los países más ricos se desentienden de la crisis que han creado. Las décadas perdidas en la lucha contra el calentamiento global no parece que afecte a la conciencia de nuestras élites.

De este modo, la situación que vive Yemen es apocalíptica. Precisamente, hace dos meses, Mark Lowcock, Secretario General Adjunto de Asuntos Humanitarios, advirtió de que los países se estaban desentendiendo y no estaban prestando la suficiente ayuda, tal como han exigido las agencias humanitarias que están viendo con desesperación cómo un pueblo entero está a punto de desfallecer. Sus quejas están completamente justificadas: los programas humanitarios están a punto de colapsar. Es tenebroso porque estos atienden a más de diez millones de personas. 

Pero esto no es todo, la amenaza del Coronavirus puede ser especialmente letal en un país sin capacidad sanitaria y en la que la población está muy debilitada por la dureza de la guerra. Más de 80 mil personas pueden morir en los próximos meses si la epidemia se descontrola. Estas muertes habría que sumarlas a las más de 11.500 que han tenido lugar en este 2020 (según el ACLED) y a las muertes indirectas (muy probablemente mayores). Oxfam hace poco alertó de que podía morir más gente de hambre este año que por el Coronavirus. De momento, se estima que han muerto más de 250 mil personas, pero se prevé que este número pueda ser aún mucho peor. Si la guerra continúa desarrollándose, podrían morir 480 mil personas para el año 2022. Una cifra, que vista la crisis y la amenaza que se cierne sobre Yemen, puede quedarse corta. 

El Gobierno de Pedro Sánchez

Es aquí cuando surge la pregunta, ¿qué está haciendo el gobierno de Pedro Sánchez? El gobierno tildado por la prensa de radical, de ser el más progresista de la historia, con una fuerte sensibilidad de izquierdas, feminista y que ha englobado a los ministros “bolivarianos” y de “extrema izquierda” de Podemos.

Pues la respuesta es que no está haciendo nada. Está dejando morir a un pueblo entero y está colaborando como el que menos en evitar que esta tragedia tenga lugar. España es uno de los países que menos dinero ha destinado en este 2020. Una cifra ridícula y que es incluso mucho más inferior que la que destinó el gobierno de Mariano Rajoy. No contento con eso, el gobierno más progresista de la historia sigue comprometido en venderles armas a Arabia Saudí, país que, además de financiar el terrorismo islámico y de someter a un infierno a la mujer, ha cometido una lista interminable de atrocidades y crímenes de guerra. 

Sin embargo, resulta bastante alucinante el silencio mediático sobre este hecho criminal que tanto la izquierda como la derecha están realizando. La libertad de prensa en este país parece no querer denunciar que España sigue haciendo caso omiso a los derechos humanos. Naciones Unidas pidió 1.100 millones de dólares adicionales para evitar el colapso en Yemen. Una cifra que es bastante inferior a la que el gobierno ha conseguido vendiendo armamento a Arabia Saudí. Una cifra mucho más inferior si tenemos en cuenta que España ha conseguido gracias al reino saudí suculentos contratos económicos como el AVE a la meca (varios miles de millones de euros) o el contrato de las corbetas, en el que España se compromete a destinar cinco buques de guerra por valor de 1.800 millones de euros a partir de 2021.

España es un país bastante polarizado. Uno de los grandes motivos que lo explican es que el fascismo ganó la Guerra Civil. Ahora, al igual que ha pasado en el resto del mundo, está surgiendo de nuevo una revolución extremista y xenófoba que está poniendo en cuestión a las democracias liberales. Es igualmente sorprendente que ningún medio de comunicación esté angustiado o preocupado por las razones por las que haya surgido este movimiento reaccionario y en contra de ciertas libertades que el pueblo ha conseguido tras años y años de intensa lucha. 

La razón es simple: años y años de políticas en contra de las clases populares que han fomentado la desigualdad social y que han buscado destrozar y aniquilar la cooperación social tienen ahora sus consecuencias. Sin embargo, poco se escucha en los medios. El reciente triunfalismo de la izquierda en torno al nuevo acuerdo alcanzado en Bruselas es bastante representativo. Un buen acuerdo, pero que no va a solucionar los grandes problemas del país y que no va a resolver la crítica situación que viven muchas familias. Es bastante previsible que el desengaño con la izquierda se agrave aún más y genere una resurrección de la derecha con consecuencias muy peligrosas para este país. 

Visto lo visto, a nuestro Gobierno tampoco parece preocuparle que los nuevos ultras de VOX estén cogiendo cada vez más poder. De hecho, el blanqueo es constante, aunque los medios vuelvan a fallar en señalarlo. El último episodio tuvo lugar en la comparecencia de la secretaria de Comercio, Xiana Méndez Bértolo, en el que se pudo ver que la posición que tenía el representante de VOX en relación a la venta de armas era básicamente la misma que la del Partido Socialista. Según los “fascistas” de VOX y los “antifascistas” del PSOE, nuestra industria armamentística es ejemplar y un orgullo para los españoles. 

Parece ser que vender armas a señores de la guerra que matan constantemente a niños es oponerte frontalmente al fascismo. También, parece que no destinar los fondos necesarios para que esos niños puedan mantenerse con vida es igualmente antifascista. Finalmente, parece que seguir callado y sin protestar, como está haciendo Podemos, es igualmente muy antifascista. Los revolucionarios que prometieron acabar con el régimen del 78 parece que están bastante satisfechos de aplicar las medidas socioliberales y criminales que se llevan desarrollando desde siempre en España. Las consecuencias son igualmente terribles. La izquierda va en caída libre y la vida de cientos de miles de personas está en peligro por traicionar de nuevo los deseos de la población a la que representan. 

Sin embargo, nada de esto lo escucharás en la prensa. Parafraseando a Herman y a Chomsky, en nuestras sociedades se distingue entre nuestras valiosas vidas y las insignificantes de los pueblos más pobres. La razón es que nuestros gobiernos siguen cómodos aplicando políticas criminales. La vida de un yemení tiene menos valor que cualquier gilipollez que escuchamos a diario en nuestra prensa o en redes sociales. Así de triste. 


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