El ¿final? de Johnson

Imagen: Peter Nicholls/REUTERS.

En un contexto político donde, en una semana, cayeron los gobiernos de Bulgaria y Estonia, España se declaró pobre, el gobierno italiano tambalea; en Alemania, hablan de racionar gas y, en Francia, el término “economía de guerra” dejó de formar parte de la historia.

Por Gonzalo Fiore Viani / La tinta

Chris Pitcher, diputado conservador y un aliado cercano al primer ministro, fue denunciado por manosear a dos hombres en un club nocturno. De acuerdo con las informaciones que trascendieron, el mismo primer ministro sabía lo que había sucedido, pero decidió omitirlo y no tomar medidas. Otros funcionarios renunciaron al afirmar públicamente que Johnson no estaba siendo honesto respecto de cómo manejó la situación de las acusaciones de mala conducta contra un ministro de su propio gobierno. Lo que ya de por sí es un escándalo de proporciones que podría conllevar la caída de cualquier dirigente político en prácticamente cualquier democracia occidental, se suma a una serie de controversias que rodean a Boris Johnson y a su gobierno desde, por lo menos, la pandemia.

Los acontecimientos se produjeron hace una semana y, desde entonces, el gobierno ha ido cambiando su versión repetidamente durante los últimos días. En un principio, desde Downing Street, afirmaron que Johnson no estaba al tanto de las denuncias anteriores de conducta sexual inapropiada. Ya Pincher había sido denunciado previo a su ascenso como jefe adjunto y, de acuerdo con dirigentes y funcionarios cercanos al mismo gobierno, Johnson ya era consciente de esto.

Pincher era número dos del bloque conservador y principal espada de Johnson en el Parlamento. Lo que en la política británica se conoce como “deputy whip” o “segundo látigo”, es decir, el encargado de llevar adelante las iniciativas parlamentarias del oficialismo. El diputado renunció a ese cargo el pasado jueves debido a que, según él mismo admitió, en estado de embriaguez, le “metió mano” a dos hombres, por lo que debió ser enviado a su casa en taxi por sus amigos, que se encontraban departiendo en un “club de caballeros” donde suelen reunirse los tories, como se conoce a los conservadores británicos. Pincher afirmó en su carta de renuncia: “Querido primer ministro. La pasada noche bebí de un modo excesivo. Me avergoncé a mí mismo y a otras personas, y eso es lo último que deseo hacer. Le pido disculpas a usted y a todos los implicados”. Aunque el gobierno quiso dar por zanjada esta situación tras la carta de renuncia, el principal problema comenzó cuando los portavoces de Johnson comenzaron a afirmar que el primer ministro no era consciente de las acusaciones de acoso sexual a jóvenes de su aliado político al momento de promoverlo en el cargo parlamentario. Pincher fue denunciado, incluso por algunos de sus propios colegas de bancada conservadora, previo a su ascenso político.

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(Imagen: Dan Kitwood/Pool/REUTERS)

El principal revés para un ya golpeado Johnson provino de un respetado dirigente de los conservadores. El exministro de Relaciones Exteriores británico, Simon McDonald, que ocupó esa cartera entre 2015 y 2020, dijo el martes que Johnson estaba mintiendo al respecto del caso Pincher. El excanciller es apenas una más de las voces que por estas horas han retirado su confianza en Boris Johnson. Dos altos ministros de su gobierno, nada más y nada menos que las cabezas de los ministerios de Finanzas, Rishi Sunak, y de Salud, Sajid Javid, renunciaron a causa del escándalo, aduciendo que “perdieron la confianza” en su ya exjefe.

El problema no es tanto la conducta reprobable y condenable de Pincher, sino que nuevamente Johnson mintió a la prensa, al país y a sus propios colaboradores y compañeros de partido. Para agregar aún más leña al fuego, el exasesor de Johnson, Dominc Cummings, famoso por haber sido el ideólogo principal del Brexit, publicó el sábado en su cuenta de Twitter una broma que a Boris Johnson le gustaba repetir sobre el diputado: “Pincher by name, pinchar by nature”.

Un juego de palabras con su apellido, que podría traducirse como “Pellizcador de nombre, pellizcador por naturaleza”. Lo que no deja ninguna duda al respecto de que Johnson era plenamente consciente del comportamiento de su aliado y amigo. Todo lo que le sucedió a Johnson, que asumió con un amplio apoyo social, especialmente de los sectores conservadores y pro Brexit, se lo buscó él mismo, mintiendo, no siendo claro y teniendo conductas profundamente antiéticas.

Johnson afirmó que, aunque su gobierno terminará pronto, se mantendrá en Downing Street hasta octubre, de manera interina, hasta que su partido pueda conformar un nuevo gobierno y designar a un nuevo primer ministro. Hasta ahora, los candidatos para sucederlo son algunos de sus exministros, por ejemplo, el de Finanzas, Rishi Sunak, o el de Salud, Sajid David. Ambos son representativos del cambio demográfico y “de apellidos” en la sociedad británica. Sin embargo, no se espera que cambie mucho en la política tanto interna como exterior de Gran Bretaña, más allá de las particularidades del liderazgo de Johnson, los problemas derivados del Brexit, de la guerra en Ucrania y de un mundo cada día más convulsionado e impredecible continuarán. Los desafíos son muchos y el liderazgo deberá estar a la altura.

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