El ex-hegemón no negocia su agonía: Caracas, El Aaiún y Nuuk

En la lucha por el orden global, las potencias ya no solo buscan la influencia ideológica, sino la autarquía territorial absoluta.

Por Héctor Bujari Santorum | 28/03/2026

El secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, es la pieza más visible de un tablero global más amplio: la lucha por el control de los recursos estratégicos que definirán el siglo XXI.

En 1992, el entonces presidente de la Comisión Militar Central de la República Popular China, Deng Xiaoping, afirmó que “si Oriente Medio tiene el petróleo, China tiene las tierras raras”.

Hace más de 400 años, las potencias europeas enviaban carabelas a Abya Yala o a las Indias compitiendo ferozmente para controlar las regiones productoras de especias. En aquel entonces, la pimienta, el clavo o la canela eran activos estratégicos que definían la riqueza de las naciones, la conservación de los alimentos y el avance de la medicina. Quien controlaba las especias, controlaba el flujo comercial del mundo conocido.

Hoy, las tierras raras son las especias de la modernidad. Al igual que aquellas, no se necesitan en volúmenes masivos, pero su ausencia paraliza la maquinaria del progreso. Sin ellas, no hay transición energética, no hay microchips avanzados y, lo más crítico, no hay supremacía militar.

Esta nueva doctrina de «soberanía absoluta de recursos» no reconoce fronteras ni alianzas: mientras se ejecuta una intervención directa en el Caribe, Washington presiona simultáneamente a Canadá. La «petición de unión» formulada por Trump a inicios de 2025 refleja una realidad estratégica profunda, presionando para que abra el Paso del Noroeste (que Canadá considera aguas interiores) a la navegación internacional.

En la lucha por el orden global, las potencias ya no solo buscan la influencia ideológica, sino la autarquía territorial absoluta.

El golpe en Caracas: más que petróleo

La administración estadounidense ha sido explícita. Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, un recurso que, a pesar de la transición energética, sigue siendo el agua que mueve las aspas del molino de la economía global. El anuncio de que EE.UU. «gestionará» una transición y reabrirá el sector petrolero a empresas occidentales confirma que este movimiento es, en esencia, una operación de “seguridad energética”.

Mirar solo el petróleo es quedarse corto. En primer lugar, Estados Unidos tiene un superávit de producción petrolífero, gracias al petróleo extraído por fracking. Si bien es cierto, que la intervención puede tener una consecuencia alcista en los precios del petróleo, lo cual sería positivo para la producción americana ya que el precio promedio de extracción del barril de petróleo por fracking ronda los 60 dólares, el precio del barril estaba rondando los 61 dólares.

Venezuela también posee vastas reservas de oro, coltán, diamantes y posiblemente tierras raras.

Un ejemplo emblemático es el depósito de Cerro Impacto, en el estado Bolívar, considerado «uno de los depósitos minerales más importantes a nivel mundial para la extracción de tierras raras, niobio y torio». Sin embargo, su riqueza permanece inaccesible, aislada en la selva guayanesa sin carreteras, donde el acceso sólo es posible por helicóptero y un clima de bosque húmedo tropical con lluvias superiores a 3.600 mm anuales hace inviable cualquier explotación a gran escala sin una enorme inversión.

Se evidenciaron enriquecimientos anómalos de niobio (Nb), bario (Ba) masivo…, estroncio (Sr), torio (Th), uranio (U), con presencia de tierras raras (REE): lantano (La), cerio (Ce) e itrio (Y).

Al neutralizar a un gobierno aliado de Rusia, Irán y especialmente China, Washington no solo asegura hidrocarburos, sino que expulsa a un rival estratégico de su “patio trasero” y corta una fuente potencial de minerales críticos para la cadena de suministro china.

Mientras Venezuela posee el depósito de Cerro Impacto rico en niobio, Brasil controla alrededor del 98% de los depósitos de niobio en operación en todo el mundo, y su mina en Araxá cuenta con participación de capital privado chino.

Este potencial no es especulativo. Estudios geocientíficos de PDVSA han confirmado la existencia de anomalías radiactivas diacrónicas en el subsuelo de la Faja Petrolífera del Orinoco. Estas anomalías, son causadas por la presencia del mineral pesado monacita, un fosfato que contiene tierras raras como el gadolinio torio en concentraciones anómalas de más de 25 ppm en el Torio y 2 en el Gadolinio. Esta radiación distorsiona las evaluaciones petrofísicas tradicionales, pudiendo hacer que se subestimen o pasen por alto reservas de crudo pesado. Solo técnicas avanzadas como la Resonancia Magnética Nuclear (RMN) pueden distinguir el petróleo en estas zonas.

La investigación concluye que la Faja Petrolífera del Orinoco posee un ‘contexto geológico favorable’ para el enriquecimiento de torio y tierras raras, inducido por este mineral, el cual se ha acumulado en placeres de antiguos sistemas fluviales que drenaban desde el Cratón de Guayana.

La presencia de monacita en las arenas de la Faja Petrolífera del Orinoco fue documentada por primera vez por la Mene Grande Oil Company en 1949. El actual ‘redescubrimiento’ geopolítico de Venezuela como almacén de minerales críticos es, en realidad, la reactivación estratégica de un conocimiento técnico que ha dormido en archivos durante décadas.

Al mismo tiempo, en el Escudo de Guayana, caracterizaciones petrológicas del Complejo de Imataca han delimitado áreas con metasomatitas alcalinas que contienen mineralización de tantalita-columbita y otros minerales de tierras raras, registrando anomalías radiactivas intensas.

La Formación Querecual, legendaria roca madre de los crudos de la Cuenca Oriental, encapsula este vínculo. Estudios geoquímicos detallados revelan que durante los Eventos Anóxicos Oceánicos del Cretácico, que permitieron la preservación masiva de materia orgánica (generando el petróleo), también se produjo un ‘enriquecimiento de tierras raras, principalmente uranio’.

Este uranio se fijó en los sedimentos bajo condiciones anóxicas, lo que se confirma con altos valores de los índices redox, especialmente la relación U/Th > 1.25. Por tanto, las mismas fuerzas geológicas que crearon la riqueza petrolera venezolana sembraron en su roca madre otro recurso vital para la era tecnológica y nuclear.

Oddo-Harkins y la jerarquía de la escasez

Según la regla de Oddo-Harkins. No todas las tierras raras son iguales. La escasez natural de elementos como el disprosio (Dy) y el terbio (Tb) (impares, Z=66, 65) -críticos para imanes de alta temperatura y tecnologías militares- frente a la relativa abundancia del neodimio (Nd) (par, Z=60) crea una jerarquía de vulnerabilidad. La dependencia de los elementos «impares» es aún más peligrosa.

Quien controle yacimientos ricos en estos elementos más escasos (como las arcillas lateríticas de tierras raras pesadas en China) tiene un poder de mercado estructural, no solo coyuntural. Esto explica por qué la diversificación es tan difícil: no basta encontrar cualquier depósito, hay que encontrar los que contengan los elementos «correctos» (pesados e impares).

La dificultad intrínseca de separar estos elementos similares se traduce en alto costo energético y contaminación. Esto crea la paradoja ambiental de las «tecnologías verdes» y externaliza el problema ecológico a los países productores, un punto de fricción geopolítica adicional.

Extraer el neodimio necesario para un aerogenerador genera excedentes de otros elementos que el mercado no siempre puede absorber, haciendo que la viabilidad económica de un yacimiento (como los de la Faja del Orinoco) sea un rompecabezas. La ‘criticidad’ no es una cifra fija; es una variable que oscila con pandemias —que hundieron las exportaciones un 26% en 2020— y con la velocidad de la innovación militar.

El tablero global de los minerales críticos

La dependencia occidental de China, que controla entre el 80% y 90% del procesamiento global de tierras raras, se ha convertido en una vulnerabilidad estratégica. La operación en Venezuela debe leerse como parte de una ofensiva multidireccional para romper este monopolio, no para “restaurar” una supuesta democracia bajo estándares imperialistas.

El Recurso como Arma Geopolítica

La naturaleza coercitiva de este poder se hizo evidente en 2010, cuando China suspendió las exportaciones de tierras raras a Japón por la retención de un pesquero chino a consecuencia de una disputa territorial, provocando «angustia sustancial» en el gobierno y la industria nipona y demostrando su uso como un arma geopolítica efectiva (Álvarez Calderón & Trujillo Palacio, 2020).

Durante 2010 y 2011 los precios sufrieron subidas espectaculares. Como ejemplo se pueden mencionar los precios del óxido de disprosio que pasó de cotizar a 102,51 USD/kg en enero de 2009 a 2.150,00 USD/kg en enero de 2012.

Este dominio no solo se combate con prospección, sino con leyes. En 2009, EE.UU., la UE y Japón llevaron a China ante la OMC, logrando en 2014 un fallo contra las cuotas de exportación. Sin embargo, esta victoria legal fue pírrica: Pekín simplemente cambió cuotas por licencias, demostrando que el orden legal liberal es insuficiente ante la urgencia de la soberanía material.

Monopolio de procesamiento y nodos estratégicos

China ha ganado su casi monopolio, mediante el control de los pasos de procesamiento que extraen los elementos del resto de la roca. Tengamos en cuenta la cifra del 97% (2010) ese fue el punto máximo de dependencia y en la actualidad China controla el 62% (2019) para mostrar que la diversificación ha empezado, pero la dependencia sigue siendo crítica.

China es líder mundial de la transición energética y digital, y coparticipa en numerosas minas extranjeras. Myanmar se convirtió en un proveedor clave de disprosio (Dy), terbio (Tb) y gadolinio (Gd) para los productores chinos. China importó alrededor de 26,000 toneladas de carbonatos de Myanmar. El control del 32% de la producción mundial de elementos pesados como el disprosio no proviene solo de suelo chino, sino del estado autónomo de Wa en Myanmar.

Soberanía tecnológica y capacidad de prospección

La carrera por estos recursos exige sofisticación tecnológica. Quien controle esta tecnología de exploración avanzada controla la identificación del recurso mismo.

El dominio chino en publicaciones científicas apunta a la dimensión más profunda del conflicto: la soberanía tecnológica e intelectual. No se deben de tener en cuenta sólo las tierras raras, también las patentes, los procesos y el conocimiento para usarlas.

Aplicaciones militares: el corazón de la defensa

Los potentes imanes de neodimio son esenciales para misiles de crucero, bombas inteligentes y drones. Estos tipos de armamento también contienen praseodimio (Pr), terbio (Tb), samario (Sm) y disprosio (Dy).

Un caza F-22 contiene itrio, terbio y erbio en sus sistemas de óptica, de detección y fibra óptica (en un F-35 hay 400 kilogramos de metales de tierras raras). Un submarino nuclear necesita 4 toneladas, entre ellas europio y lutecio para sus sonares activos y pasivos. Un destructor clase Aegis-2 lleva 2,5 toneladas.

El desafío de la transición energética y nuclear

Los 120 kilogramos de neodimio y 12 de disprosio, por término medio, necesarios actualmente por cada megavatio de potencia del generador eólico. La industria del automóvil está buscando alternativas tecnológicas: ‘realmente no se pueden reemplazar los imanes de tierras raras’, en palabras de Da Vukovich, presidente de Alliance LLC.

Para 2030 se ha estimado un aumento del 35 % en los MW de energía eólica, se doblarán las baterías NiMH y el número de vehículos eléctricos será 14 veces superior. Las aplicaciones de imanes de tierras raras representarán un 40 % de la demanda total de esos metales.

En el aspecto de control de la energía de origen nuclear participan varios isótopos de las tierras raras: samario, gadolinio, disprosio, holmio y erbio. En Rusia, los estudios sobre el desarrollo de un combustible de uranio-erbio para sus reactores del tipo RBMK. Se ha adoptado este combustible primero para reactores RBMK-1500 y luego en RBMK-1000.

Hegemonía intelectual y académica

En este último punto dominan los autores chinos. El mayor número de escritores en temas de las tierras raras pertenece a la Academia China de Ciencias seguido, la mitad en número, por la Academia Rusa de Ciencias. En ambos países están ocho de las diez afiliaciones más frecuentes: seis son chinas y dos rusas. Solo aparecen un par con diferente origen: el CNRS francés (en tercer lugar) y la universidad japonesa de Tohoku (décimo lugar).

Dicho rol se traduce asimismo en la dirección, por parte de The Chinese Society of Rare Earths, de la principal revista científica en inglés que publica trabajos sobre aspectos de la teoría básica y la ciencia aplicada en el campo de las tierras raras: el Journal of Rare Earths, dependiente de Elsevier.

El gen de la hegemonía: de la bomba atómica al monopolio moderno

Este dominio no fue accidental. El científico clave tras el éxito chino, Xu Guangxian, se formó en EE.UU. y a su regreso dirigió el departamento de Química de la Radiación, vinculado al programa nuclear. No es coincidencia que la mina de Baiyun-ebo suministrara el material para la primera bomba atómica china en 1964; las tierras raras y el poder atómico siempre han caminado de la mano.

Como bien apunta la experta Julie Klinger, el argumento de la ‘escasez’ es a menudo una fachada. El verdadero motor no es que los minerales se acaben mañana, sino la competencia por el poder y el control territorial absoluto. Esta puja es la que nos lleva del Amazonas venezolano al Oceanus Procellarum en la Luna.

El octavo continente: del Orinoco al Oceanus Procellarum

La urgencia de controlar yacimientos como los de Venezuela no es casual. Aunque las reservas globales de tierras raras podrían parecer suficientes para 900 años (a niveles de consumo de 2017), el incremento anual de la demanda en un 10 % sitúa el horizonte de agotamiento a mediados de este mismo siglo. Estamos ante el «pico de las tierras raras»: una incapacidad estructural de producir al ritmo que exige la civilización digital sin incurrir en costes prohibitivos o guerras abiertas.

Ante este estrangulamiento terrestre, la mirada se ha desplazado al espacio. La Luna ha dejado de ser un satélite para convertirse en el «octavo continente». En el Oceanus Procellarum, los depósitos denominados KREEP (ricos en potasio, tierras raras y fósforo) ya están en la mira de las grandes potencias. Como afirmó Ouyang Ziyuan, de la Academia China de Ciencias, la Luna es una fuente de minerales «muy escasos en la Tierra que podrían ser usados sin limitaciones».

Sin embargo, al igual que ocurre en el Escudo de Guayana o en el Amazonas brasileño, la carrera espacial tiene un trasfondo más oscuro. La minería en estos entornos extremos —ya sea en la profundidad de la selva venezolana o en el regolito lunar— tiene menos que ver con la escasez física absoluta y mucho más con la consolidación de pujas por el territorio, el poder y el control global. Quien domine la tecnología para extraer el último gramo de neodimio en la Tierra o el primero en la Luna, será quien escriba las reglas del próximo siglo.

China se aprovecha de la deuda africana para ofrecer rescates financieros a cambio de acceso a depósitos de tierras raras. África es el nuevo frente en la competencia por recursos. El paradigma clásico de la Nueva Guerra Fría aplicado a un continente: la competencia por esferas de influencia se canaliza a través de la deuda, las infraestructuras (BRI vs. Global Gateway) y el control de los recursos.

La UE, reconociendo su extrema dependencia, intenta construir una autonomía estratégica mediante la exploración y explotación de recursos dentro de su esfera de influencia: Europa y Groenlandia. Financió el proyecto EURARE para «sentar las bases para el desarrollo de la industria de tierras raras en Europa». Identificó 76 yacimientos, mirando especialmente hacia Groenlandia (proyecto Kvanefjeld, que ambiciona suministrar el 25% de la demanda mundial) y Suecia (Norra Kärr).

Parece que la respuesta a la crisis de suministros camina hacia una defensa de lo propio, alejada de la globalización estricta.

El Sáhara Occidental: el espejo del expolio

El conflicto del Sáhara Occidental no es una disputa territorial, sino un caso de manual de expropiación neocolonial de recursos estratégicos en el siglo XXI. Si en Venezuela el objetivo es la superficie y el subsuelo continental, en el Atlántico la batalla se libra en el lecho marino. El territorio posee una relevancia de primer orden, encabezada por los yacimientos de fosfato de Bou Craa, fundamentales para la seguridad alimentaria global, pero el verdadero botín contemporáneo se encuentra sumergido: el Monte Tropic.

El océano «libre» se ha reducido de un 71% a un 36% debido a la expansión de las plataformas continentales (de 200 a 350 millas) por intereses comerciales.

El botín del Monte Tropic

Ubicado a unas 250 millas al suroeste de las Islas Canarias, este monte submarino es un «verdadero depósito de telurio y cobalto», albergando además níquel, vanadio y unos 3,5 kilogramos de tierras raras por tonelada de costra de ferromagnesio. Este enclave es el epicentro de una disputa trilateral.

España reclama ante la ONU que el monte es una «prolongación natural» de la plataforma continental canaria. Marruecos es la potencia ocupante de parte del territorio que, mientras explota ilegalmente los fosfatos terrestres, prepara su propia reclamación marítima. La República Árabe Saharaui Democrática es gobierno legítimo del territorio que, lejos de ser un actor pasivo, ejerce su soberanía lanzando rondas de licencias petroleras y declarando en 2009 su propia Zona Económica Exclusiva (ZEE) de 200 millas.

La batalla se libra hoy en los tribunales (como el TJUE, que ha anulado acuerdos UE-Marruecos por no excluir el Sáhara) y en los registros geológicos. El telurio del Monte Tropic no es solo un mineral para la tecnología verde; es el instrumento con el que se pretende borrar o consolidar la voluntad de un pueblo.

Groenlandia: frente al extractivismo de bloques

La isla más grande del mundo es la última frontera mineral virgen. Su deshielo no solo es un fenómeno climático, sino que abre nuevas rutas y accesos a yacimientos sin explotar de tierras raras, uranio, minerales de hierro y criolita. Se estima que Groenlandia posee algunos de los mayores depósitos de tierras raras fuera de China, lo que la sitúa en el centro de la seguridad tecnológica global.

El retorno de la ambición anexionista

En este contexto, Donald Trump ha manifestado en diversas ocasiones desde 2025 su intención de anexar la isla a los Estados Unidos. “La necesitamos, absolutamente”, ha declarado el presidente, describiendo un territorio “rodeado de buques rusos y chinos”. Estas menciones han provocado una respuesta contundente: la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, ha exigido que cesen las “amenazas”, mientras que el presidente del Gobierno autónomo groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, ha recalcado que “nuestro país no está en venta y nuestro futuro no se decide en las redes sociales”.

Pese a la presión, la realidad social es clara: el pueblo de Groenlandia, mayoritariamente indígena inuit (88.9%), goza de un alto grado de autonomía y la Ley de Autogobierno de 2009 reconoce su derecho a la libre determinación. Una encuesta de 2025 indica que el 85% de los groenlandeses rechaza la anexión, apoyada solo por un 6%.

El manual de operaciones: 1867-1946

Esta ambición no es nueva. El primer intento data de 1867, cuando el Secretario de Estado

William H. Seward propuso su compra tras la adquisición de Alaska, sentando el precedente de Groenlandia como un “apéndice natural” de la proyección norteamericana. En 1916, EE. UU. reconoció la soberanía danesa como una maniobra para evitar que otros rivales se instalaran en el hemisferio occidental.

Sin embargo, tras la Segunda Guerra Mundial (1946), se reveló el auténtico manual de operaciones: ante el rechazo de compra por parte de Dinamarca, Washington utilizó la sombra de la amenaza soviética como palanca. El objetivo maximalista (la soberanía) sirvió para lograr un objetivo intermedio crucial: la presencia militar permanente con las bases de Thule y Sondestrom. Patrón que se puede volver a producir.

El dilema estratégico

Hoy, la arquitectura de gobernanza pacífica del Ártico ha colapsado. La respuesta rusa sobre Ucrania provocó en 2022 la suspensión del Consejo Ártico. Con todos los estados árticos (excepto Rusia) integrados en la OTAN, Moscú y Pekín han sellado una alianza estratégica para promover la «Ruta Polar de la Seda». En 2023, ya se realizaron 80 viajes por esta vía.

El interés de EE. UU. se fundamenta en: Contener a Rusia y China, evitando que Pekín use proyectos civiles para emplazar sensores de inteligencia. Dominar económicamente la región, especialmente ante la futura Ruta Transpolar (practicable hacia 2050), que será la vía más corta entre el Pacífico y el Atlántico por aguas internacionales. Aumentar la presencia militar, presentando a la isla como el «eslabón más débil» de su defensa.

Este discurso de «necesidad absoluta» para la seguridad nacional busca legitimar acciones excepcionales. Sin embargo, la política extractivista agresiva del “America-First Offshore Energy” no es un consenso sólido. El precedente de la Orden Ejecutiva 13795, donde los tribunales federales de Alaska bloquearon parcialmente el intento de Trump de revocar moratorias ambientales de la era Obama, demuestra que cualquier ambición sobre Groenlandia enfrentará barreras legales y sociales dentro de los propios Estados Unidos. La política de recursos ártica es un campo de batalla judicial y altamente politizada.

El triple dilema de Nuuk

Para el Gobierno autónomo de Nuuk, la geología es su única vía de escape. Groenlandia enfrenta un «triple dilema»: ecológico (extracción sostenible), económico (financiar una futura independencia) y de gobernanza (derecho a consulta). Actualmente, la isla sobrevive gracias a una subvención danesa de aproximadamente 1.000 millones de dólares anuales; por ello, el sector extractivo sería el instrumento esencial para alcanzar la autosuficiencia plena.

No obstante, esta búsqueda de soberanía a través de la minería es una encrucijada peligrosa. Una explotación masiva y rápida, como la que desearía Washington, podría comprometer la sostenibilidad ambiental y hacer que el pueblo inuit caiga en una nueva dependencia de potencias extranjeras. Aunque el viraje político de 2021 —que paralizó el macroproyecto de uranio Kvanefjeld con participación china. La realidad es que Nuuk sigue necesitando promover proyectos como Tanbreez para garantizar su viabilidad económica y vitales para el suministro europeo.

Las últimas estrategias se centran en tierras raras y minerales críticos, alineándose con la

Agenda 2030 y persiguiendo «consolidar las alianzas con occidente, especialmente con la Unión Europea y Estados Unidos para garantizarles el suministro». Se suspendió la prospección de nuevos yacimientos de petróleo y gas, y se unió a la Beyond Oil and Gas Alliance.

Existen «carencias del modelo adoptado por el gobierno de Nuuk» en la implementación del derecho a la consulta previa, libre e informada, incluyendo falta de información, evaluación de riesgos y espacios de participación pública.

A pesar del marco jurídico avanzado, hay una brecha entre la teoría y la práctica. Un informe de la ONU (2018) y académicos como Cambou señalan que el pueblo inuit podría no estar ejerciendo debidamente sus derechos sobre sus tierras y recursos en la toma de decisiones sobre proyectos extractivos.

Esta debilidad institucional interna es un punto de fricción y un riesgo.


Fuentes:

Álvarez Calderón, C. E., & Trujillo Palacio, J. H. (2020). Geopolitics of rare earths: A strategic natural resource for the multidimensional security of the State.

Aznar Fernández-Montesinos, F. (2023). Dinamarca y el Ártico. El caso de Groenlandia. Cuadernos de Estrategia, (218), 185-234.

Baritto, I., & Marín, Z. (2024). Identificación de anomalías radiactivas en yacimientos del subsuelo de la Faja Petrolífera del Orinoco, Venezuela.

Charles, N., Tuduri, J., Guyonnet, D., Melleton, J., & Pourret, O. (2017). Rare earth elements in Europe and Greenland: A geological potential? An overview

Fernández Diz, A. (s.f.). Ampliación de la plataforma continental del archipiélago canario y el monte Tropic. Academia de las Ciencias y las Artes Militares, Sección de Futuro de las Operaciones Militares.

Figueroa, L. C. (s.f.). El patrimonio geológico e histórico en Venezuela, oportunidades culturales y económicas.

García Pérez, R. (2019). Canarias y la previsible ampliación de su plataforma continental: el difícil equilibrio entre España, Marruecos y Sáhara Occidental. Revista de Estudios Internacionales Mediterráneos

Lugo, P., Truskowski, I., López, L., & Lo Mónaco, S. (2016). Evaluación bioestratigráfica y geoquímica de la formación Querecual aflorante al noreste del estado Anzoátegui, Venezuela.

Mariño Pardo, N. (s.f.). Cerro Impacto. Una riqueza mineral inaccesible en el Escudo de Guayana, municipio Cedeño, estado Bolívar, Venezuela.

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