El espejismo de la ‘clase media’: cuando la memoria sentimental se disfraza de análisis

La clase no se define por si puedes ir a la playa una semana al año. Se define por tu posición en el sistema productivo. Y eso no es una opinión ideológica, es economía política básica.

Por Isabel Ginés | 13/02/2026

Lo que plantea Estefanía no es un análisis económico. Es una memoria convertida en teoría. Y ahí empieza la trampa.

Dice que sus padres guardia civil y limpiadora y más tarde vendedora de seguros eran clase media porque pudieron criar a dos hijas, tener coche, pagar vacaciones modestas y vivir en una VPO. Nada sobraba, nada faltaba. Había esfuerzo, ascensor social, fe en el estudio.

Pero todo eso describe una coyuntura histórica. No una clase social.

La clase no se define por si puedes ir a la playa una semana al año. Se define por tu posición en el sistema productivo. Y eso no es una opinión ideológica, es economía política básica.

Si tus ingresos dependen exclusivamente de vender tu fuerza de trabajo y si, al dejar de trabajar, tu sustento desaparece, eres clase trabajadora. Punto. No porque sea insulto, sino porque es descripción estructural.

Marx lo planteó de forma cruda: la distinción central es entre quienes poseen medios de producción y quienes solo poseen su trabajo. Weber matizó añadiendo estatus y prestigio, pero tampoco confundió consumo con clase.

Un guardia civil y una limpiadora no son propietarios de capital productivo. No viven de rentas. No controlan la producción. Viven del salario.

Eso es clase trabajadora, aunque el salario sea suficiente.

La confusión empieza cuando se toma el consumo como criterio de clase. Coche, vacaciones, VPO. Pero el consumo es efecto del salario, no definición estructural. Llamarse clase media por poder consumir ciertos bienes es adoptar una categoría cultural, no económica.

Ahí entra algo más profundo: la autopercepción.

Pierre Bourdieu explicaría que lo que se construye en los noventa es un habitus de estabilidad. El Estado del Bienestar, la expansión educativa y el crecimiento económico generaron expectativas de ascenso. Se internalizó la idea de que estudiar y trabajar garantizaba progreso.

Pero el deseo de ascenso no es el ascenso estructural. El capital cultural puede crecer sin que cambie la relación con el capital económico.

La VPO, presentada como símbolo de clase media, es en realidad lo contrario: es intervención estatal para que trabajadores puedan acceder a vivienda que el mercado no les permitiría comprar en condiciones puramente competitivas. No es prueba de autonomía frente al mercado, sino de protección frente a él.

Convertir la VPO en emblema de estatus es no entender su función histórica.

Y luego está el “ascensor social”. Ese ascensor no era una propiedad natural del capitalismo español. Fue el resultado de una coyuntura concreta: expansión europea, crecimiento sostenido, necesidad de paz social, mayor regulación laboral.

Durante décadas, la tasa de ganancia permitió repartir más hacia abajo. Eso no creó una nueva clase media estructural. Permitió que la clase trabajadora viviera con margen.

Lo que se recuerda como “clase media aspiracional” fue, en realidad, una clase trabajadora estabilizada por un pacto social que hoy se ha erosionado.

Aquí entra lo que Lauren Berlant llamaba optimismo cruel: el apego a una promesa que en realidad oculta la estructura que la hace posible. Creer que aquello era mérito puro invisibiliza las condiciones históricas que lo sostuvieron. Y cuando esas condiciones desaparecen, la narrativa meritocrática desplaza la culpa hacia los individuos.

Si antes funcionaba y ahora no, el problema parecería ser la juventud. No el modelo.

Esa es la trampa ideológica.

No hay nada indigno en ser clase trabajadora. Lo que resulta problemático es elevar una etapa de bienestar temporal a categoría ontológica y negar la dependencia estructural del salario.

La precariedad actual no es la “desaparición de la clase media”. Es la retirada de las protecciones que permitían a la clase trabajadora vivir sin asfixia constante.

La verdadera revelación no es que la clase media haya sido destruida. Es que buena parte de quienes se creyeron clase media nunca dejaron de ser trabajadores asalariados.

Durante un tiempo pudieron respirar.

Eso no los convirtió en otra clase.

Solo demostró que, cuando el Estado regula y redistribuye, la vida del asalariado puede parecer otra cosa.

Pero la estructura siempre estuvo ahí.

1 Comment

  1. Siempre he tenido claro que soy clase trabajadora, antes porque vivía de nuestro jornal y ahora de nuestras pensiones.
    Mis hijos han tenido estudios porqué ellos querían y aprovechaban el tiempo i todos los años tenían beca, que aunque no era suficiente, al menos no pagábamos la matrícula.

    Clase medía son los que han podido comprar tanto fincas rústicas o urbanas y es suficiente para vivir de las rentas sin trabajar.
    Y luego ya estan los de classe alta por tener muuuucho dinero, pero algunos poca o ninguna educación, siempre han vivido del cuento por ser hijos de gente con apellidos «ilustres» y sólo saben hacer ……. Una O con un canuto.
    Somos de clase trabajadora y a mucha honra, nadie nos ha regalado nada.

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