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Uno de los datos más inquietantes es el peso de los conciertos y colaboraciones público-privadas: una partida que ha crecido de forma sostenida.
Por Claudia Navarro | 11/05/2026
En los últimos años, el sector sanitario privado en España ha consolidado un auge económico sin precedentes. Mientras el Sistema Nacional de Salud (SNS) acumula listas de espera récord y señales claras de saturación, la sanidad privada no solo crece en ingresos y actividad, sino que se posiciona como una alternativa cada vez más utilizada por millones de españoles. Los datos oficiales y de los principales observatorios del sector dibujan un panorama preocupante: el negocio privado se expande precisamente gracias a las carencias estructurales de la sanidad pública.
El boom de la sanidad privada: cifras que no paran de subir
Según los datos más recientes, en 2025 el número de españoles con seguro médico privado alcanzó los 12,8 millones (incluyendo mutualismo administrativo), lo que representa el 26 % de la población. Se trata de un incremento de 200.000 personas respecto al año anterior y de un crecimiento cercano al doble desde 2018, cuando solo el 17,2 % contaba con cobertura privada.
El gasto sanitario privado no se queda atrás. En 2023 ascendió a 37.048 millones de euros, un 8,8 % más que el año anterior, y representó el 26,8 % del gasto sanitario total (2,47 % del PIB). En términos más amplios, el gasto privado (incluyendo pagos de bolsillo y seguros) ha crecido de forma sostenida: entre 2003 y 2022 aumentó un 50 % en términos reales, hasta los 33.606 millones de euros.
La actividad asistencial de la privada es igualmente elocuente. Según el Observatorio del Sector Sanitario Privado 2025 de la Fundación IDIS, los centros privados atendieron en 2023 más de 35,7 millones de consultas (29,9 % del total nacional), 10,7 millones de urgencias (32,3 %) y realizaron 2,28 millones de intervenciones quirúrgicas (el 42 % del total).
Además, el número de hospitales privados integrados funcionalmente en el SNS ha crecido un 36,8 % entre 2011 y 2023 (de 106 a 145 centros), y el gasto público destinado a estos hospitales privados se disparó un 84,6 % en el mismo periodo, alcanzando los 4.800 millones de euros.
La cara oculta: colapso y listas de espera en la sanidad pública
Frente a este crecimiento privado, la sanidad pública muestra claros síntomas de tensión. A diciembre de 2025, 853.509 pacientes esperaban una intervención quirúrgica en el SNS, una cifra que marca un nuevo récord y que se mantiene por encima de los 850.000 desde hace años. La demora media se sitúa en 121 días, y más del 21 % de los pacientes lleva más de seis meses en lista.
El gasto sanitario público, aunque mayoritario, se sitúa por debajo de la media europea. España dedica alrededor del 9,7 % del PIB al gasto sanitario total, pero el componente público está claramente infrafinanciado en comparación con países como Francia o Alemania. El gasto per cápita público sigue siendo inferior a la media de la UE, y las comunidades autónomas destinan porcentajes variables (y a menudo insuficientes) a la atención primaria y hospitalaria.
La conexión directa: fondos públicos que alimentan el negocio privado
Uno de los datos más inquietantes es el peso de los conciertos y colaboraciones público-privadas. En 2023 el gasto en conciertos ascendió a 10.023 millones de euros (0,67 % del PIB), una partida que ha crecido de forma sostenida y que permite a las comunidades autónomas derivar pacientes y actividad a centros privados.
Este mecanismo no solo alivia (temporalmente) la presión sobre la pública, sino que inyecta miles de millones de euros públicos directamente en las arcas de las aseguradoras y grupos hospitalarios privados. El Ministerio de Sanidad ha alertado explícitamente de que la colaboración con lo privado ha pasado de ser “un recurso excepcional” a “una práctica estructural”.
En paralelo, el aumento de los seguros privados responde directamente a las demoras y la saturación: miles de familias optan por pagar una prima mensual para saltarse las listas de espera. Así, el crecimiento del negocio privado no es solo “orgánico”, sino que se alimenta de la debilidad estructural del SNS.
Un modelo insostenible que genera desigualdad
Los datos son claros y preocupantes: la sanidad privada no crece a pesar de la pública, sino gracias a sus carencias. Mientras las listas de espera se cronifican, los ingresos de las mutuas y grupos privados baten récords; mientras la financiación pública por habitante se mantiene por debajo de la media europea, los conciertos derivan recursos al sector con ánimo de lucro.
Esta deriva pone en riesgo el carácter universal y equitativo del SNS, genera desigualdades territoriales (Madrid, Cataluña o Baleares lideran la privatización) y cuestiona la sostenibilidad a largo plazo de un sistema que, paradójicamente, sigue siendo uno de los más valorados por los ciudadanos cuando funciona. Sin una financiación pública adecuada y sin medidas estructurales para reducir las listas de espera, el “negocio” de la sanidad privada seguirá creciendo… a costa de la salud colectiva.
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