El conde de Vistalegre

 “Hay puñales en las sonrisas de los hombres; cuanto más cercanos son, más sangrientos.

William Shakespeare


“La hegemonía se mueve en la tensión entre el núcleo irradiador y la seducción de los sectores aliados laterales. Afirmación – apertura.”

Iñigo Erejón


¿Et tu Brute?, entonces caiga César

William Shakespeare 


Por: Daniel Seixo

Muchos eran los que hasta hace poco todavía pensaban que la nueva política, que representa Podemos, sabría aparcar sus diferencias tras aquel famoso y polémico congreso de Vistalegre II en el que Pablo Iglesias derrotó sin tutelas, ni tu tías, al desafío directo del errejosnismo.

Con la obtención de un 89 % de los votos, el control de la secretaría general y gran parte de la dirección del partido, la victoria de Pablo Iglesias parecía a todas luces aplastante. Pero por buenismo o mero pragmatismo, el renovado líder de la formación morada decidió dejar vivo al enemigo, confió en que todavía podría rescatar a Íñigo Errejón como compañero y como aliado, una decisión que el tiempo ha demostrado finalmente equivocada.

Ni ese primer desafío interno, ni el frustrado golpe de estado de Carolina Bescansa o las continuas puñaladas del entorno de Iñigo Errejón en la prensa, lograron que Pablo Iglesias se decidiese por dar un golpe de mano contra las evidentes conspiraciones internas. Todo hasta que esta semana el líder de Podemos ha visto transformada la capital de España en un nuevo Desembarco del Rey para su partido.

El anuncio de Íñigo Errejón de renunciar a la marca Podemos para sumarse a una candidatura a la Comunidad de Madrid, focalizada a través de una alianza con Manuela Carmena, no solo ha sido en sus formas una clara ruptura de la disciplina de partido, sino ha supuesto en su conjunto la clara escenificación del asesinato de Julio César por parte del errejonismo.

Con un partido electoralmente a la deriva y un líder cada vez más desgastado, la decisión del candidato designado por Podemos a la Comunidad de Madrid de primer la marca Más Madrid por encima del nombre de su propio partido, supone sin duda alguna una clara acusación directa ante la militancia contra el rumbo tomado por la dirección de Iglesias. Hoy ya no existe espacio para la convivencia pacífica entre los dos grandes nombres de Podemos, la paz tensa ha dado definitivamente paso a una guerra declarada en la que los votantes del partido del cambio y el conjunto de la izquierda parlamentaria del estado español tienen mucho que perder y muy poco que ganar.

La nueva política asume una vez más las cainistas disputas de la política tradicional, con la salvedad de que en este caso el errejonismo camufla su traición en una supuesta llamada a superar la lógica de partidos. Un llamamiento que más bien parece exhortar a los afiliados de Podemos a superar la ideología o el compromiso de la militancia, para simplemente confiar en un líder o una marca hueca, sin un claro proyecto alternativo que realmente justifique una ruptura como esta a escasos asaltos para el final de un combate de suma importancia para la ciudadanía madrileña.

Nos encontramos ante una traición televisada, una disputa entre amigos que ha llevado a la descomposición de un partido político tras continuadas riñas públicas en el comedor universitario ahora transformado en el parlamento y unas formas finales más cercanas al capricho que a lo que uno podría esperar de la alta política.

Pase lo que pase de aquí al enfrentamiento final en las urnas, Íñigo Errejón deberá responsabilizarse del cisma abierto en la “nueva izquierda” madrileña y estatal. Una herida que a simple vista no parece responder tanto a profundos debates ideológicos, sino al mero electoralismo y a las continuas disputas internas por el poder en Podemos.

Muchos eran los que hasta hace poco todavía pensaban que la nueva política, que representa Podemos, sabría aparcar sus diferencias tras aquel famoso y polémico congreso de Vistalegre II.

Tras cuatro años, uno debe pensar en toda la rabia e ilusión malgastada en un proceso que ha terminado con un Iñigo Errejón cercano, sino ya en camino, al PSOE y un Pablo Iglesias hasta ahora líder de un partido que bien podría ser hoy la Izquierda Unida de antaño.

Resulta complicado encontrar en todo este proceso el camino a un nuevo modelo de sociedad o un camino directo a la victoria frente al avance de la derecha más reaccionaria de los últimos tiempos. Una vez más, la división interna parece suponer la adicción más autodestructiva de la izquierda.

Tan solo el tiempo nos dirá las verdaderas razones del joven Íñigo.

 

2 thoughts on “El conde de Vistalegre

  • 22/01/2019 at 11:01 am
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    ¿Lo de Andalucía, ese desastre de resultados de la verdadera izquierda, también ha sido culpa de Iñigo? creo que no, a ver si va a ser que son varios los culpables, pero es cierto que buscar un chivo expiatorio es mas sencillo y relaja una vez lo señalamos.

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    • 22/01/2019 at 12:13 pm
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      Los postulados que defiende el partido actualmente son los de Iñigo Errejón, todo pese a su derrota en Vistalegre. No es cuestión de buscar un chivo expiatorio, sino de dirimir responsabilidades políticas. Su actuación ha sido cuanto menos desleal, su táctica política en mi humilde opinión equivocada. Ni considero a la candidatura de Andalucía algo similar a la verdadera izquierda, ni creo que Iñigo Errejón sea el único culpable en la deriva de Podemos, pero sin duda debe asumir la responsabilidad de un movimiento político cuanto menos reprochable en sus formas.

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