El comensal comido: Vox está desangrando al Partido Popular

La relación del PP con Vox es autodestructiva sin solución de continuidad. Imita para ser no ser devorado pero acaba siendo devorado por imitar.

Por Lucio Martínez Pereda | 7/10/2025

La transferencia de votos del Partido Popular a Vox en 2025 es una tendencia continua. Vox capta más de un millón de votos que antes pertenecían al PP. La ultraderecha incrementa su bolsa de votos hasta situarse en torno al 15%-17 % mientras el PP cede el 14%- 18% de sus electores a Vox. El creciente número de indecisos en el PP señala que esta tendencia de desangramiento tiene potencial de crecimiento : casi 900.000 de sus ocho millones de votantes están indecisos.

Lo cierto es el que crecimiento de Vox no está dependiendo de lo que Vox diga sino de la normalización que le está dando el PP. Las encuestas nos señalan que la cooptación de sus propuestas realizada por el PP está legitimando y normalizando a la ultraderecha, haciendo que sus ideas se perciban como más aceptables en el discurso dominante. Estas ideas -antes consideradas marginales- acaban formando parte del debate político convencional y al final los votantes prefieren a los partidos ultraderechistas percibidos como más auténticos, en lugar de la derecha tradicional que acaba siendo vista como oportunista.

La relación del PP con Vox es autodestructiva sin solución de continuidad. Imita para ser no ser devorado pero acaba siendo devorado por imitar. Vox para el PP es una forma viscosa: cree poseerla pero acaba siendo poseída por ella. La relación entre el PP y Vox es una danza autodestructiva. El PP, en su afán por no ser devorado, imita a Vox, adoptando sus formas y discursos. Pero en esa mímesis, se pierde: al querer ser otro para sobrevivir, termina siendo engullido por aquello que imita. Vox, como una entidad viscosa, seduce al PP instalándolo en una ilusión irreal y mortal . El PP cree dominarla, moldearla a su antojo, pero en realidad es Vox quien lo atrapa, quien lo posee. En este banquete político, el comensal que pretendía alimentarse termina siendo el plato principal, devorado por su propia estrategia.

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