El cine español se vuelca con Palestina en la gala inaugural del Festival de San Sebastián

Directores y actores denunciaron el genocidio contra el pueblo palestino perpetrado por el régimen israelí, y calificaron los asesinatos de población civil como algo terrible e inadmisible.

Por Ana Redondo | 20/09/2025

En una noche que combinó el brillo de la alfombra roja con el peso de la conciencia colectiva, la 73ª edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián abrió sus puertas con un mensaje inequívoco: el mundo del cine español no puede ignorar el genocidio del pueblo palestino. Fuera del Kursaal, epicentro de la ceremonia, unas 2.000 personas se congregaron en una manifestación bajo el lema «Palestina libre», ondeando banderas palestinas y coreando consignas como «Israel boicot, Palestina askatuak» o «No es una guerra, es un genocidio».

Dentro del auditorio, directores y actores elevaron sus voces y tuvieron gestos de solidaridad, convirtiendo la gala en un acto de denuncia del mundo de la cultura contra la masacre perpetrada por el régimen israelí en Gaza. La concentración exterior, convocada por organizaciones como Donostia Palestina, Gernika Palestina y Artistas por Palestina, partió desde Sagüés y llegó al Kursaal justo antes de las 20:30 horas, cuando comenzaba la ceremonia. Portando pancartas que clamaban «Netanyahu asesino» y exigiendo el fin de la violencia, los manifestantes –muchos de ellos del mundo audiovisual vasco y español– recordaron que el Zinemaldi, como primer festival de clase A en posicionarse públicamente, condena explícitamente el uso de la hambruna como arma, los ataques a civiles, periodistas y personal humanitario, y los traslados forzosos de población. El director del festival, José Luis Rebordinos, lució una chapa de apoyo a Gaza en la solapa de su traje, mostrando su respeto y comprensión ante la protesta, que transcurrió sin incidentes pese al amplio dispositivo policial.

Un desfile de solidaridad en la alfombra roja

La llegada de las celebridades al Kursaal se transformó en un desfile de gestos simbólicos. Casi todos los cineastas posaron con banderas palestinas o keffiyehs, fusionando el glamour con la urgencia política. Pedro Almodóvar y su hermano Agustín, precursores de la noche al presentar el Premio Donostia a la productora Esther García, lucían pegatinas con el lema «Stop Genocidio» sobre una sandía abierta –el icono universal de Palestina–. Pedro, visiblemente emocionado al recordar a la recientemente fallecida Marisa Paredes (protagonista del cartel del festival y definida por él como «la diosa que ilumina nuestros corazones»), cerró su discurso con un rotundo «¡Viva Palestina libre!», dedicando el galardón a la lucha por la justicia.

Javier Bardem, galardonado con el Premio Donostia por su trayectoria, elevó el tono al recibir el reconocimiento. «Recibo este premio con muchísima alegría, pero no tengo el cuerpo para celebraciones», declaró el actor, cuya voz tembló al evocar la «barbarie en Gaza». «Lo que está sucediendo es inadmisible, terrible y deshumanizante. El gobierno de Israel está cometiendo crímenes contra la humanidad: no se puede hacer una guerra sobre la población matándola de hambre, sed y sin medicamentos. Alemania, EE.UU. y Reino Unido deben cambiar su postura de apoyo incondicional». Sus palabras, pronunciadas ante un auditorio en pie, resonaron como un llamado ético, recordando que «hay una manera de sentir frente a lo que está pasando» y que el silencio no es una opción.

Las presentadoras de la gala, Silvia Abril y Toni Acosta –acompañadas por Itziar Ituño–, no solo dirigieron la ceremonia con humor y crítica social, sino que la abrieron con una denuncia frontal. «Lo más importante es mostrar nuestro apoyo al pueblo palestino y denunciar el genocidio que se está cometiendo en Gaza», proclamaron, arrancando un aplauso unánime del público. Ituño, conocida por su rol en La casa de papel, reiteró el mensaje en euskera: «Genozidioa gelditu», un eco directo a las masacres que han cobrado miles de vidas civiles desde octubre de 2023.

Desde el escenario, la actriz francesa Juliette Binoche, invitada para presentar su debut como directora con In-I In Motion, se unió al coro de solidaridad. Tras homenajear a Marisa Paredes como «defensora de los derechos humanos», Binoche invocó «sueños fuertes y sinceros de transformación». «Me uno a quienes sueñan con poner fin a las masacres en Palestina, con terminar el dolor y la crueldad», afirmó, pidiendo también la liberación de los rehenes israelíes en manos de Hamás, pero centrando su llamado en la paz inmediata. «Somos más que simples creadores», concluyó, subrayando el rol del arte en la lucha por los derechos humanos.

Otras figuras como Cayetana Guillén-Cuervo, presidenta de la Academia de las Artes Escénicas, tejieron el recuerdo a Paredes con la causa palestina, en un discurso emotivo que vinculó la libertad creativa con la libertad colectiva.

Un festival que mira al futuro con memoria

La gala, que incluyó la proyección inaugural de la argentina 27 noches de Daniel Hendler, no fue un aislado estallido de indignación. El Zinemaldi ha programado una concentración de apoyo al pueblo palestino el miércoles, tras la exhibición de La voz de Hind –el conmovedor drama sobre una niña palestina de seis años asesinada por el ejército israelí, que impactó en Venecia–. Invitados como Saja Kilani y Motaz Malhees, intérpretes de la cinta, asistirán para compartir testimonios reales. En un año marcado por la ausencia de Paredes y el eco de Gaza, el cine español demostró que su compromiso va más allá de las pantallas. Como Bardem resumió: «No podemos olvidar». La 73ª edición del Festival de San Sebastián no solo celebra el arte, sino que lo arma como herramienta contra la indiferencia, recordándonos que el silencio ante el genocidio es complicidad. Palestina no está sola.

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