El «Che», un hombre nuevo.

Por Daniel Seixo

«Porque Che reunía, en su extraordinaria personalidad, virtudes que rara vez aparecen juntas. El descolló como hombre de acción insuperable, pero Che no solo era un hombre de acción insuperable: Che era un hombre de pensamiento profundo, de inteligencia visionaria, un hombre de profunda cultura. Es decir que reunía en su persona al hombre de ideas y al hombre de acción».

Che se ha convertido en un modelo de hombre no solo para nuestro pueblo, sino para cualquier pueblo de América Latina. Che llevó a su más alta expresión el estoicismo revolucionario, el espíritu de sacrificio revolucionario, la combatividad del revolucionario, el espíritu de trabajo del revolucionario, y Che llevó las ideas del marxismo-leninismo a su expresión más fresca, más pura, más revolucionaria. ¡Ningún hombre como él en estos tiempos ha llevado a su nivel más alto el espíritu internacionalista proletario!

Fidel Castro

«Sean capaces siempre de sentir, en lo más hondo, cualquier injusticia realizada contra cualquiera, en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda del revolucionario.«

«El aspecto fundamental en el cual la juventud debe señalar el camino es precisamente en el aspecto de ser vanguardia en cada uno de los trabajos que le compete.«

Ernesto Guevara

Incluso los grandes revolucionarios tienen un origen, una familia, un contexto social y una infancia, obviamente en este aspecto Ernesto Guevara de la Serna no supone excepción alguna. Nacido el 6 de junio de 1928 – aunque exista en este punto cierto «secretismo» en torno a la figura del «Che», dado que su certificado de nacimiento señala el 14 de junio de 1928 como fecha de su nacimiento – el Che es hijo de Ernesto Guevara Lynch y Celia de la Serna. Su padre, Ernesto Guevara, formaba parte de una acomodada familia sudamericana con ascendencia en la nobleza europea, mientras que la familia materna gozaba de reminiscencias entre terratenientes y figuras políticas y militares destacadas. Poco a poco esos títulos y riquezas habían ido desapareciendo con el paso de las generaciones, dejando a la familia del que sería revolucionario cubano en una situación acomodada, pero lejana de los lujos y la cercanía a la influencia social de antaño.

En la época en que Ernesto padre y Celia se conocieron, el linaje ya no equivalía a fortuna, siendo el padre del Che un joven dinámico y emprendedor, pero sin duda alejado del poder político y económico real. Sin demasiado interés por los negocios familiares y tras haber conseguido un título como maestro mayor de obras que complementará con posteriores estudios, Ernesto Guevara Lynch inicia una relación con Celia de la Serna, una joven llena de inquietudes sociales con la que terminaría casándose y teniendo al pequeño Ernesto. El Che nacería en Rosario, siendo el primero de cinco hermanos. El padre del Che se dedicaba durante aquellos a la construcción, pero debido a la inestabilidad política y la crisis comercial en la ciudad, finalmente la familia decide emprender un negocio destinado a desarrollar una plantación de yerba mate, considerada en aquella década un auténtico «oro verde». Tras comprar una extensión de terreno, Celia y Ernesto prueban suerte como yerbateros, su vida transcurre entonces entre la plantación de Caraguatay y Buenos Aires, lo que terminará determinando la vida del futuro guerrillero, que con tres años recién cumplidos sufre una grave crisis asmática que derivará en el diagnóstico definitivo de la enfermedad que lo acompañará, con diversos episodios agudos, durante gran parte de su vida. Los padres de Ernesto comprueban como los ataques dejan al joven sin apenas ánimo y tumbado en la cama, finalmente, tras varias consultas médicas, se achaca a las condiciones climáticas el empeoramiento de la salud del joven, por lo que la familia decide trasladarse a un pueblo de la montaña de Altagracia en busca de mejores condiciones climáticas que favorezcan la salud de su hijo.

Che Guevara und der Kampf für eine bessere Welt: Heute vor 50 Jahren von  CIA-Agenten ermordet — RT Deutsch

Durante estos años, en los que la enfermedad impiden al joven Ernesto desarrollar una infancia activa y normal, el futuro dirigente revolucionario descubre su pasión por el ajedrez y especialmente un amor por la lectura que lo acompañará durante toda su vida. Son numerosos los testimonios que nos dibujan al Che enfrascado en largas jornadas de lectura y formación – incluso en los escasos respiros de las jornadas en la sierra cubana – o encarando partidas simultáneas de ajedrez con sus compañeros en los breves descansos durante la preparación de sus expediciones internacionalistas. Cuentan algunos de los que se enfrentaron al dirigente cubano sobre el tablero de ajedrez, que detectaba fácilmente cualquier intento de tomar injusta ventaja por parte de sus compañeros. Aquellos jugadores que hacían estas pequeñas trampas con el objetivo precisamente de poner a prueba su memoria, se sorprendían con su capacidad para memorizar de forma simultánea la situación de diversos escenarios en contienda. Es quizás durante aquellas jornadas de quietud motivadas por su enfermedad, que el que sería comandante de la revolución cubana logra cultivar su faceta intelectual y su curiosidad por el mundo a través de los libros, pero también pronto el joven Ernesto, ya con diez años cumplidos, comienza a trepar a la sierra para poner a prueba sus músculos o a jugar al fútbol con sus amigos. De su primera etapa de escolarización se destaca en Ernesto su fluida lectura, su capacidad para comprender las lecciones y especialmente su tozudez y su capacidad para convertirse en el líder de la pandilla de amigos. Julio Verne, Cervantes, Emilio Salgari y diversos filósofos comienzan a compartir espacio con las excursiones a la sierra, las peleas con pandillas rivales y la progresiva entrada a la adolescencia.

Ernesto "Che" Guevara adolescente. - cheguevara.click

El paso de la infancia a la adolescencia del Che viene marcado por el traslado de la familia a la cercana ciudad de Córdoba, capital de la provincia. Allí, con 14 años, comenzó los estudios de secundaria en una ciudad de antiguo cuño español, tradicionalista y católica. El Colegio Nacional Deán Funes, lugar de reunión de los niños acomodados de la ciudad, es el centro escolar en el que la familia decide inscribir al mayor de los hermanos. Cursó sus estudios sin dificultades, demostrando ser un joven avispado, con rápida retención de los conocimientos cursados y palabra fácil. También se introdujo en la práctica del rugby, en la que debido a su estado físico todavía renqueante y a su delgadez, nunca llegó a destacar. Apareciendo en esta época su vena inconformista y sus continuos desafíos a las normas establecidas, Ernesto Guevara se destaca como líder de su grupo de amigos y un joven dado a diversas «travesuras».

El pensamiento político del joven Guevara comienza a despertar, algunos testimonios recuerdan su sentencia contra Churchill al que calificaba de «político de pacotilla» y su participación en el «Movimiento de Monteagudo» y Acción Democrática. La casa de la familia fue punto de firme oposición al peronismo, en la que se llegaron a dar cobijo a opositores e incluso a fabricar artefactos explosivos. La biblioteca familiar reunía por aquel entonces varios miles de volúmenes, libros de autores clásicos de la literatura universal, historia, filosofía, psicología, arte, aventuras y también obras de Marx, Engels y Lenin con las que a una edad temprana poco a poco el Che se irá familiarizando. En 1947 la familia se traslada de nuevo a Buenos Aires y Guevara ingresa ese mismo año en la facultad de medicina de la Universidad Nacional. Su pensamiento antiimperialista nace previamente a su convicción marxista, su propio padre recuerda discusiones con su hijo acerca de la ocupación norteamericana de Corea a la que el Che se oponía firmemente. Ya en este momento de su vida, sus padres vivían juntos pero de hecho estaban separados. En sus estudios universitarios el joven Ernesto demuestra especial interés en la investigación del asma – enfermedad que padecía y por la que siempre se mostró preocupado – las alergias, la lepra y también acerca de la teoría sobre la nutrición. El mismo expresó que con sus estudios quería sentirse útil para el mundo e incluso llegar a ser un famoso investigador. Empeñado en esta labor, hizo prácticas en el Instituto de Investigaciones Alérgicas y poco a poco comenzó a consagrar su vida a la cura de las mismas. La vida del Che daría un vuelco con los viajes realizados por Argentina y Latinoamérica en la década de 1950.

Ernesto "Che" Guevara (I): La infancia del mito - Archivos de la Historia |  Tu página de divulgación

En la Argentina de 1950 se había difundido el uso de las bicicletas motorizadas que durante la Segunda Guerra Mundial habían usado los ordenanzas y correos del Ejército italiano. Su uso resultaba sencillo para cualquier que tuviera unos mínimos conocimientos mecánicos y un mínimo de dinero para adquirir el pequeño motor que se tenía que acoplar al vehículo. Guevara logra instalar un pequeño moto marca «Micrón» en su transporte y tras unos iniciales recorridos por las cercanías de Buenos Aires, decide recorrer doce provincias en nueve semanas, llegando a realizar un trayecto de más de cuatro mil kilómetros. El joven aventurero entabla conversación con numerosas personas, llegando a trabajar en San Francisco de Chañar en una leprosería con su viejo amigo Alberto. En Rosario, Ernesto volvería a reencontrarse con sus antiguos compañeros de escuela y amigos, para finalmente rematar su viaje en las provincias más pobres del país. Este primer viaje marcaría la experiencia del Che y lo incitará a preparar nuevas travesías en el continente latinoamericano.

Es en este punto en el que el joven Che comienza sus viajes en motocicleta por el continente. A lomos de «Poderosa II», una motocicleta modelo Norton propiedad de su amigo Alberto Granado, con el que compartía viaje, pero también como un aventurero que busca su suerte, comienza un viaje por Sudamérica que se inicia con el paso de la cordillera de los Andes hacia Chile. Ambos compañeros partieron de la provincia de Córdoba recorriendo todo el norte argentino hasta llegar a Chile por Peulla, Petrohué, Osorno y Valdivia. Sin apenas medios económicos, se dirigen al leprosario de Rapa Nui. En todo este trayecto dependen de la amabilidad de las personas con las que se toparon por el camino para encontrar alojamiento y en ocasiones, sustento. Es en ese punto, especialmente después de su paso por la mina de cobre de Chuquicamata, en donde el Che entra en directo contacto con las difíciles condiciones de vida de los obreros e indígenas, comprobando de primera mano las perniciosas consecuencias de los intereses de Estados Unidos en el continente. En sus diarios Ernesto anota sus vivencias durante el viaje y sus reflexiones acerca de la realidad social de una América Latina duramente golpeada por la pobreza y la desigualdad. En 1952 arriban a Lima donde establecieron una estrecha relación con el médico y comunista Hugo Pesce, relación que marcaría notablemente la vida del Che. Pesce los conduce al leprosario Portada de Guía, ubicado en la periferia de Lima. Allí atienden a los pacientes del mal de Hansen y habitan por unos meses. Desde ese punto se dirigen a Pucallpa donde embarcaron hacia Iquitos para colaborar con el leprosario de San Pablo. Es en ese lugar en el que médicos y pacientes les regalaron una balsa llamada Mambo-Tango con la que ambos amigos logran remontar el Amazonas hasta la frontera peruano-colombiana para desembarcar finalmente en el pequeño puerto de Leticia.

Tras superar serios problemas a su entrada al país fruto de la dictadura de Laureano Gómez, finalmente los jóvenes aventureros llegan a Bogotá y desde allí parten a Cúcuta, en la frontera colombiano-venezolana. Ya en julio el Che y Alberto Granado llegan a Caracas, Venezuela, lugar en el que los amigos se separaron el 26 de julio. Alberto decide quedarse en el país trabajando en una leprosería y Ernesto, tras una breve estancia con amigos de su familia, regresaría a Buenos Aires para acabar con sus estudios universitarios. El viaje había durado seis meses, un trayecto a lo ancho del continente americano que marcaría definitivamente la vida de Guevara.

Antes de regresar a territorio argentino, Ernesto viaja a Estados Unidos en un avión que transportaba caballos de carreras, aprovechando la ocasión ofertada por varios amigos de realizar este viaje de forma gratuita. Sin recursos, el Che trabaja como empleado doméstico de una azafata cubana y lavaplatos, compartiendo con su amigo cordobés Jimmy Roca, al que había encontrado a su llegada, la indigencia de la vida de un estudiante en Miami. Ya a mediados de octubre regresa a Argentina, coincidiendo con el anuncio por parte del peronismo de la obligatoriedad de la asignatura de «formación ciudadana» para todos los alumnos de la promoción de 1952. Resuelto a evitar este intento de penetración ideológica en su formación académica, el Che se propone concluir rápidamente su carrera. Cumplido este propósito, Ernesto realiza estudios de especialización en alergias y publica varios trabajos en revistas especializadas. Ya con su título debajo del brazo, se prepara para un segundo viaje, esta vez en ferrocarril. Parte para ello en esta ocasión con su amigo de Córdoba «Canica» Ferrer. Su destino: Bolivia.

Su viaje comienza en julio de 1953, desde Buenos Aires y tomando dirección a Bolivia, los amigos permanecerán varias semanas en La Paz. En esa época, en la capital boliviana están teniendo lugar los primeros meses del gobierno revolucionario de Paz Estenssoro. El año anterior, mediante una violenta revolución, el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) ha conseguido que Estenssoro recupere el poder que había ganado en las urnas y con ello dar por derrotada a la dictadura de Mamerto Urriolagoitia. El movimiento revolucionario se basa en la reforma agraria y la nacionalización de las minas. Las calles plagadas de indios armados con fusiles impactan al Che, pero junto a Calica decide seguir rumbo a Puno, Cuzco y Machu Picchu, para finalmente dirigirse a Lima, lugar en el que Ernesto se reencontrará con el doctor Pesce y conocería a otros jóvenes argentinos de distintas ideologías que en gran medida formaban parte de los exiliados políticos que habían tenido que huir del país por la frontera occidental. Finalmente los amigos deciden separarse, Calica se dirige a Venezuela y el Che toma rumbo a Guatemala, país en el que el coronel Arbenz había comenzado una política de reforma agraria en el marco de un gobierno alejado de la sumisión a los intereses extranjeros.

Las decisiones del dirigente guatemalteco habían dañado seriamente los intereses de la empresa estadounidense United Fruit que lo acusa de iniciar una revolución comunista en el país. El 18 de junio de 1954, con apoyo de la CIA, se inicia el golpe de estado con el bombardeo de la capital por parte de aviones militares. Entre el 18 y el 27 de junio del gobierno de Jacobo Arbenz se desmorona pese a los intentos de algunos sindicatos con fuerte influencia comunista por resistir llegando a pedir sin éxito al presidente que armase al pueblo. El Che intenta organizar batallones de obreros y llama a la resistencia, pero todos los intentos resultan infructuosos. Tras negarse repetidamente, finalmente sus amistades logran convencer a Ernesto para que se refugie en la embajada Argentina. Desde Guatemala parte solo hacia la frontera mexicana, realiza el camino a Tapachula y desde ahí a Chiapas para posteriormente dirigirse a ciudad de México. En este último viaje el pensamiento de Guevara evoluciona, su compromiso político se acentúa y claramente encara un fuerte pensamiento marxista. Una carta enviada a su tía el 10 de diciembre de 1953, así lo atestigua:

«En el paso tuve la oportunidad de pasar por los dominios de la United Fruit, convenciéndome una vez más de lo terrible que son estos pulpos. He jurado ante una estampa del viejo y llorado camarada Stalin no descansar hasta ver aniquilados estos pulpos capitalistas. En Guatemala me perfeccionaré y lograré lo que me falta para ser un revolucionario auténtico. […] Tu sobrino, el de la salud de hierro, el estómago vacío y la luciente fe en el porvenir socialista. Chau. Chancho.«

El Che en Guatemala: génesis de una leyenda – Prensa Libre

El México de 1954 era una especie de santuario para los represaliados políticos de todo el mundo. Allí el Che se encuentra con sus viejas amistades cubanas, quienes finalmente le presentarán a los hermanos Castro. A su llegada, el revolucionario argentino sobrevive como puede desempeñando la tarea de fotógrafo clandestino en los parques mexicanos. Sus jornadas laborales transcurren intentando convencer a los clientes del valor de aquellos retratos, el Che recorre la ciudad de un extremo a otro conversando y conviviendo con la sociedad mexicana, ellos son los que le transmiten el puso de aquel país. Pronto se reencontrará con Hilda Gadea, con la que finalmente se casará y tendrá una hija en febrero de 1956, Hildita, a la que Ernesto llamaba cariñosamente Pequeña Mao. Durante ese periodo Guevara retoma las largas jornadas de lectura y profundiza en los clásicos del marxismo. Tras un fortuito encuentro con Ñico López, comienza a acudir a las reuniones del grupo de cubanos moncadistas que se reunían coordinados por María Antonia González en un departamento céntrico ubicado en Emparán 49, allí conoce a Raúl Castro con quién entabla una duradera y profunda amistad basada en su común pensamiento marxista-leninista. En 1955, Raúl llega a ser el padrino de boda del casamiento legal del Che con Hilda. El menor de los Castro se encontraba en México preparando la llegada de su hermano Fidel, que se encontraba cumpliendo condena por haber dirigido el asalto al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953. Con su alegato de defensa «La Historia me absolverá», Fidel Castro se había convertido ya en un claro dirigente de la resistencia frente a la dictadura de Batista, llamando de forma clara y concisa a una revolución que pusiese fin a su gobierno.

El 7 de julio de 1955, Fidel Castro aterriza en México tras ser amnistiado por la dictadura de Batista, apenas unas semanas después se produce el primer contacto con el Che Guevara y la relación entre ambos se estrecha de tal modo que ya el 26 de julio Fidel le ofrece al Che sumarse a la todavía naciente revolución cubana. Sin dudarlo, el Che acepta. Por aquel entonces aquella era una revolución sin armas y sin tropa, pero Ernesto Guevara pasaba pese a ello a integrar la lista de los primeros que se embarcarían en el Granma. El grupo de guerrilleros se traslada a una finca a las afueras de México D.F y comienza su entrenamiento bajo la dirección del teniente coronel Alberto Bayo, ex miembro del Ejército republicano español. El Che tuvo a su cargo la organización sanitaria del contingente, las lecciones de tiro, las largas caminatas y el ejercicio físico variado supuso la primera disciplina que forjaría a los rebeldes de Sierra Maestra en los rigores del combate. Entre el 20 y el 24 de junio de 1956, los hermanos Castro, el propio Che Guevara y la mayor parte del Movimiento 26 de Julio fueron arrestados por la policía mexicana. En todo momento el Che asume ante las autoridades su militancia comunista, sus planes para iniciar una revolución en Cuba y la intención de comenzar una lucha armada revolucionaria en toda América Latina. Esto provoca que la liberación del argentino resulte especialmente complicada. En esas fechas el Che escribe su poema «Canto a Fidel», evidenciando la influencia que había alcanzado el líder cubano sobre la figura del Ernesto Guevara.

che-guevara-and-fidel-castro – Kaos en la red

En una embarcación con capacidad para unas treinta personas, 82 hombres al mando de Fidel Castro, parten el 25 de noviembre de 1956 desde el puerto mexicano de Tuxpán y llegan a la Playa de las Coloradas en el sur de Cuba, al poco de llegar la aviación de Batista descubre sus posiciones e inicia un ataque que termina con la vida de varios guerrilleros, hiere a otros tantos y logra dispersar al grupo, el resto es bien conocido por la historia. Ernesto Guevara de la Serna se convierte en el icónico Che Guevara, un mito, una leyenda, un símbolo, aunque tal y como el propio guerrillero cubano argentino recuerda al militar que iba a asesinarlo, ante todo el Che era un hombre. Un joven argentino que en sus viajes fue capaz de encontrar aquello que lo unía con los desheredados de su continente y del mundo. No era un oprimido, ni tan siquiera un muchacho excepcional por su contexto o un líder revolucionario nato, Ernesto Guevara era «simplemente» un hombre íntegro, un militante comunista, un revolucionario. En tiempos en los que la historia se reinventa sin sentido y el capitalismo ahoga todo recuerdo o lucha, el Che supone hoy poco más que un complemento identitario para muchos, pero es en su figura más humana, en su propia historia en la que tenemos que encontrar el claro ejemplo que se dibuja tras su vida y obra.

Resulta difícil para nosotros imaginar una revelación como la sufrida por el Che en Bolivia o Nicaragua, pocos lograremos sentir en nuestros acomodados y económicos viajes la sensación de pertenencia que Guevara logró adquirir en sus rutas por América Latina. No se trata de emular sus caminos, ni de emprender largos viajes en motocicleta o en ferrocarril, ni tampoco de leer sus diarios en busca de claves ocultas, se trata simplemente de adoptar la mirada que nos muestre el mundo que todo joven debería ver. Una mirada curiosa, valiente y osada, capaz de cuestionarse todo y regresar sobre sus creencias para descubrir nuevas afinidades con aquellos que sufren o necesitan apoyo. No necesitamos recorrer otro continente, ni buscar grandes aventuras, cualquiera de nosotros ha recorrido Europa sin ser capaz por ello de encontrar la precariedad, la incerteza y el miedo en los ojos de otros que como nosotros hoy se sienten solos en diversos países con los que compartimos un sistema, un modelo político e incluso una moneda común. Estamos más vinculados que nunca en nuestra explotación, pero sin embargo nos mostramos incapaces de reconocernos como sujetos revolucionarios. Ese es el legado del Che y su historia, esa es la lección de sus viajes: la crónica de un muchacho que no se rendía ante las adversidades del camino, ni renunciaba nunca a ir un poco más lejos. Un hombre capaz de empatizar y hacer propio el sufrimiento ajeno. 53 años después de su asesinato, quizás esa sea la enseñanza más importante que nos puede legar Ernesto Guevara de la Serna, un hombre capaz de luchar por un proyecto común, por una causa justa, por un imposible. Un rebelde, un guerrillero, un revolucionario, pero ante todo: un hombre nuevo.


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