![]()
La lógica del negocio se impone frente a todo lo demás, incluso ante algo tan fundamental e importante como la soberanía.
Por Oriol Sabata | 4/08/2026
Son muchas las voces que ante la avalancha migratoria organizada por el régimen de Marruecos en Ceuta denuncian la tibieza y la cobardía del gobierno de España ante una operación de Estado tan clara. La pregunta que muchos se hacen es: ¿Qué le debe Pedro Sánchez a Marruecos?
No hay que descartar el factor del chantaje por el espionaje marroquí ni que figuras relevantes del PSOE tengan intereses personales en el país vecino. Sin embargo, en la mayoría de análisis sobre este asunto, se deja fuera de la ecuación una cuestión muy importante: España es el primer socio comercial de Marruecos. El reino alauí es el primer destino del gran capital español en África.
Por ejemplo, en el sector del agua, la energía y las infraestructuras, la empresa Acciona participa al 50% en la megadesaladora de Casablanca. El mismo grupo ya estuvo en el complejo termosolar de Ouarzazate. CAF tiene un contrato de cientos de millones para trenes de la ONCF, de cara al Mundial 2030. Ineco trabaja en estudios ferroviarios y aeroportuarios. Endesa participó en la central de Tahaddart. Hay proyectos de Abengoa en agua y termosolar.
En el ámbito de la automoción, Gestamp, Antolín, CIE Automotive y Ficosa se han instalado en el ecosistema que alimenta las plantas de Renault y Stellantis. Marruecos exporta coches; España absorbe una parte relevante de esa cadena.
En el textil, Inditex tiene decenas de tiendas y un clúster de proveedores. Marruecos es eslabón con el que Zara produce hacia el mercado europeo.
Los hoteles son otra mina de oro. Barceló, Riu, Iberostar y Meliá suman una veintena de establecimientos. El turismo marroquí crece y las cadenas españolas quieren su parte del pastel.
La banca también tiene su mira puesta en Marruecos. Santander mantiene una participación en Attijariwafa, el primer banco del país. CaixaBank y Sabadell tienen presencia directa.
La agroindustria es otro ámbito muy lucrativo. Ebro Foods produce arroz en Larache. Borges participa en envasado de aceitunas.
La lista es larga: ALSA en transporte urbano, Roca en sanitarios, Indra en tecnología, Garrigues en asesoría jurídica, El Corte Inglés con oficina técnica.
Existe un tejido de intereses del gran capital español indudable. Ahí está la clave. La lógica del negocio se impone frente a todo lo demás. Incluso ante algo tan fundamental e importante como la soberanía y la integridad territorial de un país.
Estamos ante un gobierno cobarde que en un contexto de ataque y de crisis brutal opta por priorizar la cartera de grandes empresas españolas, actuando como un comité de defensa de los intereses del Ibex35.
Y es que el gran capital no tiene patria. Se instala allá donde encuentra mano de obra barata y oportunidad de negocio. Quien sí tiene patria —porque vive en ella, la trabaja y no puede deslocalizar su vida— es el pueblo trabajador. Por eso, en momentos críticos como este, la defensa de la soberanía termina recayendo en el pueblo y no en la clase dominante que se encuentra instalada en el gobierno y en los consejos de administración.
Decía Antonio Machado que en los trances duros, los señoritos invocan la patria y la venden, mientras que el pueblo no la nombra, pero la compra con su sangre. Cuánta razón tenía. En momentos como estos tenemos muy claro quiénes son los vendepatrias.
Se el primero en comentar