El capital amoroso

La campana de este sistema depredador, que una vez sonó para nosotros con promesas de plenitud, ahora nos sume en un desasosiego palpable, una pérdida de interés que nos despoja de nuestra identidad, arrastrándonos inexorablemente hacia el vacío y el abandono.

«Pero después, cuando estoy en sus brazos, como ahora mismo, es como si estuviera atrapado en un torno. Tengo ganas de levantarme y salir a dar una vuelta. «Qué impaciente eres, Mark», me dice ella. «¿Por qué no te relajas nunca?» «Es que me apetece dar un paseíto.» «Pero si fuera hace un frío que pela.» «Aun así. Igual compro algo para hacer un revuelto luego.» «Pues vete tú», dice ella, medio soñando; afloja el abrazo, da media vuelta y procura volver a conciliar el sueño. Y yo me visto y salgo por la puerta. ¿Cómo le explicas a alguien a quien quieres que, a pesar de todo, necesitas más? ¿Cómo? Se supone que el amor contiene todas las respuestas, y que nos lo da todo. All you need is love. Pero eso es una puta mentira: yo necesito algo, pero no es amor.»

Irvine Welsh

«Cualquier cosa que puedas adquirir será otra cosa que acabarás perdiendo.»

Chuck Palahniuk

Por Dani Seixo | 4/04/2024

En el líquido y sumamente individualista panorama del sistema capitalista, el amor se convierte irremediablemente en otro territorio de disputa, minado de complejidades y contradicciones. Y es en este escenario que sobrevivimos y buscamos el afecto como seres alienados, seres que arrastran demasiadas insatisfacciones a la hora de sobrellevar sus necesidades más básicas, como amar y ser amados. Avanzamos hacia el abismo de la máxima ganancia, incluso en el terreno de la afectividad, nos encontramos presos de la exigencia diaria impuesta por un sistema en el que, por fortuna o por desgracia, nos ha tocado existir.

Nos hemos convertido en criaturas caprichosas, moldeadas por recompensas y estímulos que nos conducen hacia un perpetuo deseo insatisfecho. La campana de este sistema depredador, que una vez sonó para nosotros con promesas de plenitud, ahora nos sume en un desasosiego palpable, una pérdida de interés que nos despoja de nuestra identidad, arrastrándonos inexorablemente hacia el vacío y el abandono.

En un mundo donde el amor es vilipendiado como un ideal ingenuo, nuestra sociedad, marcada por el individualismo capitalista, se erige como un amante despechado, cínico y despectivo hacia el sentimiento más puro. Mientras la imaginación se llena de una versión romántica y falsa del amor, transmitida por las ficciones populares, la realidad nos muestra un panorama desolador donde el amor es considerado estúpido, inútil o aburrido. Nos sumergimos en una fantasía de amor idealizado, mientras que en la vida real, el amor es relegado a un segundo plano, etiquetado como un recurso para los débiles o un lujo para unos pocos afortunados.

Seguramente al escribir «La riqueza de las naciones», su autor, Adam Smith, no tuviese en mente el amor como una de sus principales fuentes de inspiración. Su obra, más bien, se erige como un monumento al egoísmo y la necedad, embellecido con el resplandor artificial del consumismo y los cantos de sirena que nos llaman hacia la adquisición constante de productos superfluos.

El presente ensayo de Jennifer Guerra, brillantemente articulado y oportunamente publicado por la Editorial Akal, nos invita a redefinir nuestra concepción del amor como un movimiento colectivo. Desafía los estereotipos y los cánones establecidos, ofreciendo una mirada fresca y perspicaz sobre un tema tan universal como complejo. Es un llamado a la acción, una voz valiente en un mundo que a menudo prefiere ignorar los desafíos emocionales y sociales que enfrentamos.

En la actualidad, después de una larga jornada laboral, la mayoría de nosotros nos arrastramos a casa para sumergirnos en la apatía frente a programas de televisión vacuos. Reflexionar sobre el amor puede parecer, en este contexto, un acto extravagante e innecesario. En una sociedad saturada de sexualidad y entretenimiento, las relaciones interpersonales parecen haber perdido su misterio y su valor, reducidas a simples transacciones efímeras.

Vivimos en una era de inmediatez, donde las relaciones amorosas y sexuales se desdibujan entre la vorágine de estímulos y la búsqueda constante de novedad. Nos relacionamos bajo el influjo del sistema capitalista, donde el amor se concibe como un contrato de pertenencia y la fidelidad se mide en términos de cumplimiento de expectativas sociales.

El amor romántico, arraigado en una estructura de posesión y dependencia, ha pervivido a pesar de nuestros esfuerzos por desmitificarlo. Nos aferramos a modelos obsoletos de amor, mientras nos sumergimos en una cultura obsesionada con la variedad y el consumo desenfrenado.

En este contexto, este trabajo adquiere un significado especial. Es una oportunidad para materializar el amor y validar nuestra valía como seres capaces de amar y ser amados. En una sociedad puramente materialista, el consumo se convierte en la expresión máxima de nuestro amor, relegando el sentimiento genuino a un segundo plano, pero todavía existe esperanza para recobrar el poder transformador de un sentimiento tan necesario para el ser humano como el propio aire que respiramos.

Este trabajo ofrece una reflexión necesaria sobre el amor en nuestros tiempos turbulentos. Desafía las normas establecidas y nos anima a reimaginar el amor como una fuerza transformadora y unificadora en una sociedad cada vez más fragmentada. Es un recordatorio de la importancia de cultivar relaciones auténticas y profundas en un mundo que a menudo nos empuja hacia el aislamiento y la desconexión emocional.

«El revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad.»

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