El Bloody Sunday y el socialismo español

La tensión volvió a Gran Bretaña cuando ya se había casi olvidado la que se había desatado en la época del cartismo, casi medio siglo antes. El 13 de noviembre de 1887 tuvo lugar el conocido como Bloody Sunday, es decir, el Domingo Sangriento

Por Eduardo Montagut | 11/06/2026

El Bloody Sunday fue un hecho sangriento ocurrido el 13 de noviembre de 1887 en pleno centro de Londres, y que tiene que ver con una nueva conflictividad social en la etapa final de la era victoriana. Intentaremos, además de explicar sus claves, ver la visión del socialismo español ante este hecho.

La Gran Depresión iniciada en 1873 fue la primera crisis global del nuevo capitalismo, generando una evidente división en el seno del movimiento obrero británico. En principio, la bajada de precios benefició a todos los grupos sociales, como se puso de manifiesto en la alimentación. La carne, un lujo durante gran parte del siglo XIX, comenzó a aparecer en la mesa de los obreros. Hubo un evidente estímulo del comercio, surgiendo tiendas y almacenes en los barrios. También hubo un abaratamiento del transporte público, como el popular tranvía. Los salarios de los obreros cualificados, a pesar de la deflación, se mantuvieron relativamente altos gracias al poder y presión de las Trade Unions. La huelga, ya legal, era un instrumento muy eficaz y temido. Los sindicatos contaban con bolsas de resistencia para las huelgas, por lo que ya no era tan fácil romperlas. Además, tenían un enorme control sobre la formación profesional e impedían que los patronos pudieran contratar a mano de obra menos cualificada para los puestos que necesitaban una formación alta. En conclusión, los obreros más cualificados resistieron muy bien la crisis. Estaríamos hablando de una verdadera aristocracia obrera.

Pero los trabajadores no cualificados, que eran la mayoría, no disfrutaron de las mismas ventajas. Aunque no vieron bajar sustancialmente sus salarios, las pagas siguieron siendo inseguras y las jornadas laborales muy largas, como mínimo de diez horas. Pero el problema principal era el aumento vertiginoso del paro. Se calcula que en tiempos de la Gran Depresión hasta un 30% de la población de la capital londinense tenía serios problemas para subsistir.

Esta situación explosiva de gran parte de la clase obrera, no atendida por el sindicalismo clásico, motivó el surgimiento de un nuevo tipo de sindicato para los más desfavorecidos y que se centró en tres grandes objetivos. Si el sindicalismo de los trabajadores cualificados buscaba el mantenimiento y/o mejora del status de sus afiliados, el nuevo sindicato recuperó y actualizó las antiguas reivindicaciones del movimiento obrero: mejora salarial y reducción de la jornada laboral. Aunque la principal demanda sería el mantenimiento del puesto de trabajo. Era un sindicalismo mucho más radical y eso asustó a la patronal, a las autoridades y hasta la clase media, ya acostumbrada al otro sindicato, compuesto por miembros que no se encontraban tan alejados de su propia condición socioeconómica.

La tensión volvió a Gran Bretaña cuando ya se había casi olvidado la que se había desatado en la época del cartismo, casi medio siglo antes. El 13 de noviembre de 1887 tuvo lugar el conocido como Bloody Sunday, es decir, el Domingo Sangriento. Una manifestación convocada en pleno centro de Londres, en Trafalgar Square para pedir la libertad del líder nacionalista irlandés Parnell terminó con más de cien heridos y dos muertos. Dos años después, en 1889, se produjo la primera gran huelga de trabajadores sin cualificación profesional. Era la huelga de los estibadores del puerto londinense. 

No está muy claro que el socialismo español fuera consciente de esta división en el seno de la clase trabajadora y del movimiento obrero británico, pero sí de que era falsa la idea diseñada por la burguesía española, sobre el obrero inglés como “modelo de sensatez, cordura y reflexión”, que era interpretada como la defensa de un trabajador “obediente, resignado y tolerante” con los atropellos de los patronos. En el primer número de El Socialista, en marzo de 1886, se señalaba que el obrero inglés era muy combativo, como lo demostraría el primer mitin de parados, donde se había desatado la violencia, justificada por el hambre y provocada por las autoridades a la hora de reprimir el acto. El periódico informaba de la profusión de mítines al aire libre en los barrios del norte de Londres y en Manchester y donde se formuló una profunda crítica al sistema capitalista.

Los sucesos del Domingo Sangriento de noviembre del año siguiente fueron referidos en un largo artículo remitido desde Londres, por A. Bird, y que se publicó en el número 91 de El Socialista, aunque en el anterior se hacía referencia a un comunicado de la Liga Socialista que protestaba contra la actuación policial contra los manifestantes.

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