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Diez años después de su arresto, el miembro de los ‘Compañeros de El Uali’ rompe su silencio en su primera entrevista tras abandonar las prisiones marroquíes.
Por Héctor Bujari Santorum | 10/02/2026
El Bar El Kentaoui, ciudadano saharaui de 34 años, ha sido puesto en libertad tras cumplir una condena de diez años en cárceles marroquíes. Estudiante de geografía en la Universidad Cadi Ayyad de Marrakech, El Kentaoui fue detenido en 2016 y permaneció recluido junto a un grupo de doce estudiantes conocido como los «Compañeros del Mártir El Wali».
Mientras algunos miembros del grupo fueron liberados después de tres años, El Bar y otros recibieron condenas de diez años de prisión.
Naciste en 1992 y fuiste arrestado a los 24 años. ¿Qué momento te llevó a comprometerte con la actividad política del pueblo saharaui?
Empecé en el 2005, con la Intifada del 2005.
¿Cómo viviste esa Intifada?
A ver, empecé a principios de los 2000, en las manifestaciones saharauis. Eran pacíficas y, sobre todo, protestas sociales. Teniendo en cuenta la respuesta del régimen marroquí —una respuesta violenta, la represión violenta que sufrimos a partir de 2005—, empecé a tener esa conciencia de lucha contra el régimen marroquí, en lugar de tomar una posición más dialogante. Entonces empezó la represión… Esa represión y sus consecuencias influyeron mucho en mi activismo.
Vosotros, los compañeros de El Uali, fuisteis juzgados en el año 2016. ¿Cómo viviste ese proceso, desde el juicio farsa al que os sometieron ese año?
¿Te refieres a cómo viví la detención o a cómo viví todo lo previo al juicio?
Yo me refería al juicio, pero si quieres hablar de todo, está perfecto.
Yo fui detenido el 24 de enero de 2016 y estuve dos años esperando el juicio. Sufrí torturas y todo tipo de situaciones contra mi integridad física. Me obligaron a firmar una confesión falsa, una confesión que yo no había hecho, y ese documento lo presentaron en el juicio como una prueba contra mí.
Cuando llegué allí, me di cuenta de que todo estaba preparado, de que no tenía posibilidad de defenderme. Los jueces se basaron en esa confesión obtenida bajo tortura para poder juzgarme y condenarme. Incluso la ley marroquí, según algunos artículos que podían ser exculpatorios, no fue utilizada. Ellos aplicaron lo más duro de su ley en base a esa confesión, sin tener en cuenta las pruebas a mi favor que me exculpaban. Todo era un teatro para condenarme a diez años de prisión.
Sobre la tortura a la que fuiste sometido, ¿qué os hacían? ¿Fue solo durante esos dos años o también continuó después, ya en prisión?
Cuando terminó todo y entramos en la cárcel, empezamos a vivir una situación diferente de tortura, a nivel de discriminación, tanto por nuestra condición de saharauis como por nuestra condición de defensores de la causa. Empezaron las discriminaciones: nos privaron de determinadas cuestiones, como las visitas familiares, y nos enviaron a zonas de Marruecos muy alejadas de nuestras zonas de residencia para dificultar las visitas de nuestras familias.
Hicimos huelgas de hambre; algunos compañeros estuvieron al borde de la muerte durante el periodo de la huelga. La tortura física y psicológica en la cárcel fue peor después.
Durante sus huelgas de hambre, ¿cuál fue la duración más larga que alcanzó? ¿Cuál fue la reacción concreta de las autoridades penitenciarias: negociación, aislamiento o alimentación forzada?
Durante las huelgas de hambre, empezamos poco después de terminar el juicio, al poco tiempo de estar en la cárcel. Los métodos de las autoridades han sido intentar minarnos psicológicamente, intentar machacarnos para que dejáramos la huelga. Nos ponían en celdas de aislamiento durante días y días para intentar desmoralizarnos.
Nos decían que nuestras huelgas no iban a servir para nada, que solo íbamos a acabar con nuestras vidas. Rechazaban las visitas de nuestros familiares o iban a hablar con nuestras familias para intentar que intervinieran y hacer que acabáramos las huelgas de hambre. Utilizaban a nuestras familias como forma de presión para intentar que paráramos las huelgas.
¿Con qué frecuencia podías recibir visitas familiares o de abogados? ¿Os han denegado muchas veces las visitas o la atención médica?
Las visitas eran una vez a la semana, durante quince minutos, cuando lo permitían.
¿Tenías acceso a noticias del exterior o solo podías enterarte durante esos quince minutos?
Nos prohibieron los teléfonos, sobre todo en los periodos de huelga. Cuando venía la familia de visita, siempre había un policía al lado durante esos quince minutos, vigilando la conversación. Básicamente, se censuraba lo poco que era posible comunicar.
¿Pudiste enterarte en prisión del cambio de postura del Gobierno de España sobre el Sáhara Occidental?
Bueno, la postura del Gobierno de España ha envalentonado a los marroquíes. Cuando se enteraron, se creyeron que era un avance muy importante a favor de su expansionismo en el Sáhara. Yo noté una especie de alegría desmesurada por parte de las autoridades y de algunos presos; no lo entendí bien y me entristeció mucho.
¿Sintió algún cambio concreto en sus condiciones tras las campañas de organizaciones como Amnistía Internacional o después de resoluciones del Parlamento Europeo sobre su caso?
Cada vez que salía una resolución o algún informe de una organización de derechos humanos, la administración de prisiones marroquí siempre rechazaba esas acusaciones y lo presentaba como si fuese una conjura contra Marruecos, la propaganda que ya conocemos. En la práctica, eso no influía en la mejora de las condiciones, ni mucho menos.
Ahora que has salido de la prisión, ¿tu excarcelación fue condicional o completa? ¿Hay restricciones específicas —como prohibición de viajar o la obligación de firmar periódicamente— que debas cumplir?
Desde que salí de la cárcel, una de las cosas que sucedieron desde el recibimiento que me hicieron fue que las autoridades marroquíes empezaron una campaña de presión contra mi familia. Militarizaron mi casa y la rodearon; estuvieron varios días vigilando y hablando con las personas que aparecían en los vídeos recibiéndome, que mayormente eran familiares. Dijeron que no estaban de acuerdo con ese recibimiento y amenazaron a quienes salían en esos vídeos.
Además de eso, ahora mismo no tengo documentación: no tengo documento de identidad ni pasaporte. He hecho una solicitud para obtenerlos y, por el momento, no me han contestado. Probablemente me van a poner dificultades para conseguir el DNI y el pasaporte. Creo que todo eso va a ser muy complicado en el futuro; me van a poner trabas para tener un pasaporte y legalizar mi situación. Hasta ahora no me han respondido.
¿Cómo era la solidaridad entre los presos políticos saharauis y cómo os habéis podido apoyar mutuamente a pesar de la distancia?
Sí, había esa solidaridad y compañerismo entre nosotros. Tanto el grupo de El Uali como el grupo de Gdeim Izik, dentro del poco margen que teníamos, intentamos ayudarnos a nivel moral para mantener la moral alta. Tratamos de mantenernos en contacto entre nosotros y apoyarnos unos a otros dentro de nuestras posibilidades.
Más allá de los guardias, ¿había otros presos utilizados para vigilaros o presionaros? ¿Y también si os sentíais muy vigilados durante la estancia en la prisión?
Sí, eso era el pan de cada día. Utilizaban a otros presos marroquíes para intentar desmoralizarnos, faltarnos al respeto e intimidarnos con lenguaje ofensivo. También los usaban para espiarnos: cuando teníamos algún examen o si teníamos que escribir algo, querían saber quién escribía y qué escribíamos.
También durante las visitas familiares siempre eran los mismos presos a los que utilizaban para vigilarnos y amenazarnos. A mí, uno de ellos incluso llegó a amenazarme directamente.
¿Cómo te encuentras de salud después de estos diez años?
Como consecuencia de las huelgas de hambre que he tenido que hacer, tengo dolores en los riñones y en el estómago, así como dolencias respiratorias. A día de hoy sigo sufriendo estas secuelas como consecuencia de esas huelgas de hambre.
Después de diez años aislado, ¿cómo ves la situación actual de la lucha del pueblo saharaui?
La situación en la que estamos ahora es una situación clave para la lucha, después de todos los cambios geopolíticos que ha habido. Pero creo que todo esto no va a repercutir en la lucha del pueblo saharaui. Yo, a nivel personal, he salido de la cárcel con las convicciones todavía más reforzadas, y creo que la lucha va a continuar. A pesar de cualquier cuestión política o de factores que puedan pensarse que repercutan contra la causa, la causa lleva muchos años y es una lucha de generaciones.
O sea, ¿volverías a hacer el mismo activismo, sabiendo lo que pasó después y la condena que has cumplido?
Sí, sí. No ha cambiado nada.
¿Tienes algún mensaje que quieras trasladar al pueblo saharaui?
Las mejores horas de la noche son las previas al amanecer. Al amanecer todo se verá. Mi mensaje al pueblo es un mensaje de lucha y de perseverancia. El mejor activo del pueblo saharaui ha sido su paciencia. Esa paciencia no va a acabarse mientras exista esa idea de luchar por nuestra causa, por la justicia y por lo que es nuestro.
Tenemos que confiar en nuestro ejército y en nuestras posibilidades. Aunque parezca que el mundo está en contra de nosotros, la solución a la causa saharaui no está en manos de nadie ajeno a la causa; está en manos del pueblo saharaui y de nuestra perseverancia.
¿Tienes planes de continuar con el activismo después de esta liberación?
Sí. De momento, como acabo de salir, estoy pensando en muchas cosas, pero por supuesto que tengo planes de seguir en la lucha, como antes de estar en la cárcel. Ahora estoy en una situación de “resetearme”.
¿Cómo han sido estos días desde la liberación?
Bueno, después de diez años me he encontrado muchos cambios: niños que han crecido, gente que ya no está… Ha habido cambios a nivel familiar. Ahora mismo quiero tiempo para poder adaptarme a esos cambios familiares; diez años no son fáciles. Estoy intentando adaptarme y, sobre todo, creerme que ya estoy fuera.
¿Puedes dar un mensaje para los presos políticos que permanecen en las cárceles marroquíes? ¿Qué palabras les podrías dirigir?
Lo primero que tengo en la cabeza es la situación en la que están esos presos. Pido a las asociaciones de derechos humanos que intervengan, si no para liberarlos —que sería lo justo—, al menos para mejorar su situación dentro de las cárceles y para que no sigan sufriendo esas presiones y esas torturas, ese racismo que sufren los saharauis en las cárceles marroquíes. Aliviar ese sufrimiento.
Para terminar, te dejo un espacio, El Kentaoui, para que hagas alguna reflexión o envíes un mensaje a quienes nos escuchan.
Mi mensaje es de gratitud para todos los que han hecho algo por los presos políticos saharauis: quienes han trabajado a nivel de derechos humanos, a nivel de periodismo, cualquier persona que se haya dedicado a difundir y visibilizar la causa de los presos políticos.
A quienes estuvieron conmigo desde el momento de la detención y han hecho algo, por mínimo que sea, por la causa y por la causa de los presos en general, quiero darles las gracias. Que sigan con ese activismo y ese trabajo por los presos, por aquellos que siguen en las cárceles. Para mí es muy importante, porque yo he vivido todo eso.
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