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Cuando Hamas nació, Israel ya llevaba casi cuatro décadas colonizando tierras palestinas, desplazando a sus habitantes y perpetuando un sistema de apartheid.
Por Oriol Sabata | 7/10/2025
Este 7 de octubre se cumplen dos años de los ataques de Hamas, un suceso que la prensa internacional y los defensores del sionismo han señalado como el desencadenante de la actual escalada de violencia en Gaza. Este discurso, ampliamente difundido, presenta la respuesta militar de Israel como una reacción ‘inevitable’ y ‘natural’ a los ataques de Hamas, intentando justificar el genocidio contra el pueblo palestino. Sin embargo, esta narrativa simplista busca desviar la atención de un análisis histórico más profundo, que revele las verdaderas raíces del conflicto: el sionismo como ideología colonialista y la Nakba de 1948, el verdadero punto de partida de la tragedia palestina.
Hamas como pretexto
Desde hace dos años, el régimen de Israel y sus aliados han insistido en que Hamas es ‘el origen del problema’, la raíz de la violencia en la región. Este discurso no solo simplifica un proceso complejo, sino que también busca imponer un falso debate moral. Se exige a los defensores de la causa palestina que condenen a Hamas, que lo califiquen como un grupo terrorista y critiquen su componente islamista. Esta estrategia tiene un propósito claro: desviar la atención de la ocupación israelí y de las décadas de violencia estructural contra los palestinos.
Hamas, fundado en 1987 durante la Primera Intifada, no es la causa del conflicto, sino una consecuencia de un proceso mucho más largo de opresión. Cuando Hamas nació, Israel ya llevaba casi cuatro décadas colonizando tierras palestinas, desplazando a sus habitantes y perpetuando un sistema de apartheid. La narrativa sionista intenta borrar este contexto histórico, ignorando que el problema no comenzó en 2023 ni en 1987, sino en 1948 con la creación del Estado de Israel y la Nakba, la catástrofe que significó la expulsión de más de 700.000 palestinos de sus hogares.
La verdadera raíz del conflicto
La Nakba no fue un evento aislado, sino el inicio de un proceso continuo de desposesión, colonización y violencia. Desde 1948, el sionismo, como ideología imperialista, ha justificado la anexión progresiva de territorios palestinos, la construcción de asentamientos ilegales y el desplazamiento forzado de comunidades enteras. Este proyecto colonial ha sido respaldado por potencias occidentales, que han proporcionado a Israel un poder militar descomunal, convirtiéndolo en uno de los ejércitos más avanzados del mundo.
En este contexto, culpar a Hamas por la violencia es una maniobra para ocultar la responsabilidad de Israel como potencia ocupante. Los ataques del 7 de octubre de 2023, aunque condenables en su impacto sobre civiles, no pueden analizarse sin considerar el trasfondo de décadas de opresión, bloqueo económico en Gaza y violaciones sistemáticas de los derechos humanos. La resistencia armada palestina, incluida la de Hamas, surge como respuesta a una ocupación que no ofrece alternativas viables para la autodeterminación.
Desproporción y falsa equidistancia
El régimen de Israel y sus defensores buscan imponer una falsa equidistancia entre las partes, equiparando las acciones de Hamas, una milicia con recursos limitados, con las de un Estado con uno de los ejércitos más poderosos del mundo. Esta comparación es absurda. Israel cuenta con tecnología militar de última generación, apoyo financiero y político internacional, y un sistema de inteligencia sofisticado. En contraste, los palestinos en Gaza viven bajo un bloqueo asfixiante que limita el acceso a alimentos, medicinas y recursos básicos. La desproporción en el uso de la fuerza es evidente.
No se puede equiparar la violencia de un Estado ocupante con la resistencia de un pueblo ocupado. Los pueblos bajo ocupación tienen derecho a resistir, incluida la resistencia armada. Esto no implica justificar acciones que afecten a civiles, pero sí exige contextualizar la lucha palestina dentro de un marco de opresión sistemática.
Justicia y autodeterminación
El foco no debería estar en debatir sobre Hamas, sino en poner fin al genocidio en Gaza y garantizar la autodeterminación del pueblo palestino. Esto requiere acuerdos de paz justos, con garantías internacionales, que reconozcan el derecho de los palestinos a un Estado soberano con fronteras definidas. La solución pasa por desmantelar el sistema de ocupación y apartheid que Israel ha impuesto durante más de siete décadas.
Hay que rechazar los falsos debates impuestos por el sionismo y sus aliados. La raíz del conflicto no está en los ataques del 7 de octubre sino en la Nakba de 1948 y en el proyecto colonial que la siguió. Mientras no se aborde esta verdad histórica, la paz seguirá siendo esquiva. El pueblo palestino tiene derecho a vivir libre en su tierra.
El explicar el origen histórico del genocidio de Palestina por el Estado de Israel, es aclarar el concepto de lucha armada de Hamás, que tiene derecho a defender al pueblo palestino y que en mi opinión no se le debe tratar de grupos terroristas, terroristas es el que invade los territorios palestinos, en este caso.
Qué gustazo leer algo con cara y ojos sobre el segundo aniversario del 7 de octubre. Una pieza con perspectiva histórica que señala realmente el origen del problema. Muy gratificante.
Exacto. Si la comunidad internacional no quiere verlo, la paz será imposible para Palestina. Israel, con el beneplácito de unos y la hipocresía de otros, continuará buscando excusas para seguir masacrando al pueblo palestino.
Muy buen artículo que da en la diana. Hay que combatir por encima de todo a la ocupación israelí, huyendo de debates trampa. Excelente escrito.