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Un estudio muestra también que el 55,8% de los rumanos califica como ‘buena’ la etapa comunista al traer progreso y estabilidad económica.
Por Redacción NR | 26/07/2025
Una encuesta realizada por INSCOP Research revela que el 66% de los rumanos cree que Nicolae Ceaușescu, el líder comunista que gobernó Rumanía entre 1965 y 1989, fue un buen dirigente para el país.
Este resultado refleja una percepción positiva de su legado entre una mayoría significativa de la población, a pesar de la campaña constante de demonización que hay en los grandes medios de comunicación sobre este periodo de la historia.
Nostalgia del comunismo
El estudio también muestra que el 55,8% de los encuestados califica como «buena» la etapa comunista en Rumanía, mientras que solo el 34,5% se manifiesta en desacuerdo con esta valoración.
Estos datos sugieren una nostalgia notable hacia el período comunista, especialmente entre aquellos que asocian el gobierno de Ceaușescu con estabilidad económica y social, a pesar de las restricciones políticas y las dificultades de los últimos años de su mandato.
La encuesta, realizada por INSCOP Research, pone de relieve la polarización en la percepción del pasado comunista en Rumanía, un tema que sigue generando debate en la sociedad actual.
Los resultados podrían estar influenciados por factores como la edad de los encuestados, las condiciones socioeconómicas actuales y la memoria colectiva sobre el período anterior a la caída del comunismo en 1989.
Avances sociales bajo el comunismo
Bajo el gobierno de Ceaușescu se implementaron un conjunto de medidas que promovieron avances sociales significativos, especialmente en términos de urbanización, educación y acceso a servicios básicos.
Uno de los pilares del gobierno de Ceaușescu fue la continuación y aceleración del programa de industrialización iniciado por su predecesor, Gheorghe Gheorghiu-Dej.
Entre 1940 y 1971, la población rural disminuyó significativamente, pasando del 78% al 49%, mientras que la producción industrial se duplicó entre 1959 y 1971. Este proceso transformó a Rumania en una de las economías más industrializadas de Europa del Este en las décadas de 1960 y 1970.
La urbanización trajo consigo la construcción de viviendas, carreteras, fábricas y sistemas de alcantarillado, mejorando las condiciones de vida en las ciudades. Se crearon programas de construcción masiva de departamentos, lo que permitió a muchas familias campesinas acceder a viviendas urbanas modernas, un cambio significativo frente a las condiciones precarias de las zonas rurales, donde muchos vivían en casas con suelos de tierra. Este proceso, conocido como naveta, permitió a los rumanos combinar el trabajo industrial en las ciudades con la vida rural, preservando ciertos lazos culturales mientras accedían a nuevas oportunidades económicas.
Acceso a la educación
El régimen de Ceaușescu priorizó la educación universal gratuita como parte de su proyecto socialista. Se fundaron universidades en ciudades pequeñas, formando profesionales cualificados como ingenieros, economistas y juristas, esenciales para el desarrollo industrial del país. Este esfuerzo amplió el acceso a la educación superior, que anteriormente estaba restringida a las élites urbanas, y contribuyó a la modernización de la fuerza laboral.
La educación gratuita, combinada con un sistema de becas y apoyo estatal, permitió que un mayor número de ciudadanos, incluidos aquellos de origen campesino, accedieran a formación técnica y profesional. Esto representó un avance significativo en un país donde, antes de la Segunda Guerra Mundial, el analfabetismo y la falta de acceso a la educación eran problemas estructurales.
Salud pública y beneficios sociales
El gobierno de Ceaușescu implementó un sistema de salud pública gratuito, que incluyó acceso a atención médica y pensiones para los trabajadores. Estas medidas mejoraron la esperanza de vida y las condiciones generales de salud en comparación con la Rumania precomunista. Los salarios aumentaron significativamente en las primeras décadas de su mandato, y los bienes de consumo, como alimentos y productos agrícolas, estuvieron disponibles en abundancia durante los años de bonanza económica, especialmente en los años 60 y 70.
Por ejemplo, la producción de carne por habitante aumentó de 29,5 kg en 1950 a 100 kg en los años 80, lo que refleja una mejora en la disponibilidad de alimentos durante los primeros años del régimen. Además, se introdujeron beneficios sociales como permisos de maternidad y vacaciones pagadas, que se convirtieron en derechos adquiridos para la mayoría de los trabajadores.
Emancipación relativa de la mujer
Aunque las políticas de género de Ceaușescu son controvertidas debido al Decreto 770 de 1966, que restringió el aborto y la anticoncepción para aumentar la natalidad, el régimen también promovió la incorporación de las mujeres al mercado laboral. La industrialización y la urbanización ofrecieron oportunidades de empleo en fábricas y oficinas, lo que permitió a muchas mujeres acceder a ingresos propios y a una mayor independencia económica. Sin embargo, estas políticas se vieron empañadas por la falta de libertades reproductivas y las duras condiciones de trabajo.
Austeridad y deterioro económico en los años 80
A partir de la década de 1980, las políticas de austeridad implementadas para pagar la deuda externa llevaron a un racionamiento severo de alimentos, combustible y electricidad. Esto provocó escasez, cortes de energía y una disminución drástica en el nivel de vida, anulando muchos de los beneficios sociales de las décadas anteriores.
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