Economía | Porqué futbolistas como CR7 no pagan impuestos

Por Joan Ramon Sanchis Palacio

 

Siempre que sale a la palestra algún caso de escándalo por impago de impuestos por parte de futbolistas o famosos se abre el debate en torno al fraude fiscal y a las bondades o abusos de la tributación en España. Esta vez ha sido el jugador del Real Madrid Cristiano Ronaldo y hace unos meses fueron los futbolistas del Barça Messi y Neymar. Todos ellos alegan ignorancia de las leyes y desconocimiento de las actuaciones fraudulentas que realizan sus asesores fiscales; es como si no fuera con ellos, eludiendo así su responsabilidad, que ante la ley es clara y evidente: la ignorancia del delito no exime de su responsabilidad. Pero incluso algunos simulan sentirse ofendidos por haber cuestionado su honradez y señalan que han sido objeto de inspección por tratarse de personas destacadas del espectáculo. Alguno diría aquello de que «me tienen envidia por ser guapo, rico y buen futbolista». Se trata de personajes que cobran sueldos indecentes y, lo que es peor, que piensan que deberían recibir un trato de favor por ser quienes son. El caso de Cristiano Ronaldo es realmente lacerante: 15 millones de euros defraudados entre los años 2011 y 2014.

El fraude fiscal en España, medido por el dinero recaudado por impagos detectados según la Agencia Tributaria, supera los 10 mil millones de euros anuales desde el año 2010 y en 2016 se situó cerca de los 15 mil millones de euros. Pero existen muchos miles de millones de euros más que no son detectados por las inspecciones tributarias. De hecho, España es uno de los países de la Unión Europea que menos recursos destina a la lucha contra el fraude fiscal; lo que lo sitúa en el décimo país del mundo con mayor fraude fiscal dentro del ranking que lideran EE.UU., Bolivia y Rusia. Las estimaciones indican que el fraude fiscal en España supone el 4% del PIB, lo que equivale a unos 40 mil millones de euros, de los cuales casi la mitad corresponden a fraudes en el IRPF y la otra mitad se producen en el IVA y en el Impuesto de Sociedades. Por tanto, solo conseguimos recaudar el 20% del total del fraude fiscal.

Deportistas, artistas y famosos que cobran sueldos astronómicos carecen de cualquier tipo de sentido de la solidaridad. Esto es fruto de una cultura del fraude fuertemente implantada en España y que está ampliamente extendida en toda la población; no solo en el segmento de las grandes fortunas

Uno de los debates abiertos en torno a esta cuestión es el tema de la carga impositiva, es decir, si en España se pagan muchos o pocos impuestos o si se deberían pagar más o menos impuestos. La carga impositiva en España es del 32,6% del PIB, es decir, uno de cada tres euros recaudados por el Estado se obtiene de los impuestos. Si lo comparamos con la carga impositiva del resto de países europeos podemos afirmar sin ninguna duda que en España se pagan muy pocos impuestos. Sólo hay dos países que pagan menos impuestos que España: Irlanda con una carga del 28,3% y Suiza con una carga del 27,1%. La media de la Unión Europea se sitúa en el 38,9% (lo que nos sitúa por debajo de esta media) y casi 10 países superan la carga del 40%, entre ellos Dinamarca (46,8%), Francia (45%), Bélgica (44,6%), Finlandia (44%), Suecia (42,8%) e Italia (42,6%). Por tanto, es falso el mito según el cual en España se pagan muchos impuestos; más bien es todo lo contrario, lo que para un país con una capacidad de crecimiento tan escasa como el nuestro supone un lastre muy alto, especialmente en situación de crisis económica.

A nadie le gusta pagar impuestos; de eso no hay ninguna duda. Pero si queremos que el sistema funcione y que existan servicios públicos en cantidad suficiente y en calidad adecuada, éstos se han de financiar a través de los impuestos. Los ingresos fiscales son claves para el funcionamiento de un Estado y éstos se obtienen en gran medida a partir de la recaudación de los impuestos. Por tanto, todos los ciudadanos hemos de pagar impuestos y además hemos de hacerlo en la medida de nuestras posibilidades, es decir, en función de nuestros ingresos obtenidos de las rentas del trabajo y del capital. El Estado ha de gravar dichas rentas de una forma progresiva, de manera que se pueda producir una redistribución de las rentas en favor de quienes menos tienen. De lo contrario, las desigualdades económicas se incrementan, que es lo que está pasando durante estos últimos 10 años desde que se iniciara la crisis financiera en 2008. La palabra clave en todo este proceso es solidaridad o corresponsabilidad. Y es aquí donde se produce el problema. Deportistas, artistas y famosos que cobran sueldos astronómicos carecen de cualquier tipo de sentido de la solidaridad. Esto es fruto de una cultura del fraude fuertemente implantada en España y que está ampliamente extendida en toda la población; no solo en el segmento de las grandes fortunas. No es tanto un tema de querer ganar más dinero, como de pensar que uno no tiene por que estar obligado a sostener a quienes tienen menos. «Mi dinero es el resultado de mi esfuerzo personal y no tengo porqué compartirlo con los demás» sería el lema que explicaría este comportamiento. Sin embargo, este pensamiento es totalmente falso. El éxito que obtiene una persona o una empresa nunca es el resultado de un esfuerzo individual o personal, almenos no en su totalidad; siempre existen factores externos que condicionan (positiva o negativamente) cualquier esfuerzo. El éxito o fracaso es el resultado, en parte, de la interacción con una colectividad, de las relaciones que se mantienen con otras personas y con otros factores. Sin los demás nunca hubiéramos llegado a ser lo que somos en la actualidad. Cristiano Ronaldo o Messi consiguen ser el pichichi de la liga española de futbol porque participan de su juego con el de otras 10 personas; sin los otros, no serían capaces de marcar un gol. Y esto es así en todos los ámbitos de la vida, en lo profesional y en lo personal. Quienes piensen lo contrario es porque tienen una carencia destacada de empatía. La empatía es la capacidad necesaria para que el trabajo en grupo sea positivo. Y la empatía es el concepto que explica la necesidad de pagar impuestos, de contribuir con nuestra solidaridad a que otras personas puedan disponer de bienes y servicios básicos. Porque pagar impuestos no es un acto meramente altruista; todos nos beneficiamos de ello, incluidos los que pagan más impuestos. Las infraestructuras de un país, su cultura, su educación, su sanidad, … contribuyen a que cada uno de nosotros pueda conseguir sus objetivos; sin todo eso no seríamos capaces de alcanzar nuestros fines. Ni siquiera Cristiano Ronaldo podría.

Si lo comparamos con la carga impositiva del resto de países europeos podemos afirmar sin ninguna duda que en España se pagan muy pocos impuestos. Sólo hay dos países que pagan menos impuestos que España: Irlanda con una carga del 28,3% y Suiza con una carga del 27,1%

Existe toda una ingeniería en favor del fraude fiscal y de lo que se ha venido en llamar la elusión fiscal. Esta última no es estrictamente ilegal pero el primero sí. La elusión fiscal consiste en utilizar diferentes mecanismos legales para pagar los menores impuestos posibles. El problema es que la línea de separación entre la elusión y el fraude es muy delgada, por lo que hay veces en las que la primera acaba convirtiéndose en el segundo. Existen entidades financieras y profesionales del mundo de la fiscalidad y del derecho especializados en estos temas, que suelen ser a quienes contratan estos famosos deportistas y artistas que se niegan a que parte de sus ingresos se redistribuyan entre la sociedad. Existe, por tanto, todo un entramado de estructuras jurídicas y empresariales en favor de la elusión fiscal e incluso del fraude fiscal, que nos podría llevar a hablar también de los paraísos fiscales, la evasión de capitales y otras prácticas relacionadas con el fraude fiscal.

Otro elemento importante a tener en cuenta es el hecho de que las bolsas de fraude fiscal se concentran en las grandes fortunas y las grandes empresas. Las estimaciones indican que estos sectores acumulan el 70% del total del fraude fiscal. Lo que nos puede dar una idea sobre dónde hay que actuar para incrementar la recaudación impositiva. Las grandes empresas y las multinacionales practican como nadie la elusión fiscal a través de mecanismos como las operaciones vinculadas, los cánones por intangibles y otros instrumentos, además de los beneficios y ventajas fiscales que obtienen de las Administraciones Públicas. De esta manera, consiguen rebajar su tipo de gravamen del Impuesto sobre Sociedades hasta el 7% (el denominado tipo efectivo), pagando incluso menos de lo que pagan las PYMES (14%). Sin ninguna duda, quienes más pagamos somos los asalariados, con el 21% de retención del IRPF sobre nuestras nóminas. Por su parte, las grandes fortunas colocan sus rentas de capitales en instrumentos financieros como las SICAV (Sociedades de Inversión de Capital Variable), que tributan sólo al 1%. Actualmente existen cerca de 3 mil SICAVs en España con un patrimonio superior a los 30 mil millones de euros y cerca de 500 mil accionistas.

A nadie le gusta pagar impuestos; de eso no hay ninguna duda. Pero si queremos que el sistema funcione y que existan servicios públicos en cantidad suficiente y en calidad adecuada, éstos se han de financiar a través de los impuestos

De todo lo anterior se deduce que se hace extremadamente necesario adoptar medidas dirigidas al incremento de la recaudación por fraude fiscal. La crisis económica ha supuesto una merma considerable de los bienes y servicios públicos (sanidad, educación y servicios sociales) y la única forma de poder recuperarlo es incrementando los ingresos, entre ellos los ingresos fiscales. Una política efectiva contra el fraude fiscal, principalmente el procedente de las grandes fortunas y empresas, incrementaría considerablemente la recaudación impositiva del Estado. Actualmente, la recaudación por fraude fiscal se sitúa en el 20%, por lo que existe un margen considerable de maniobra. También se podría incrementar la carga impositiva, aunque es una medida impopular; pero estamos casi 6 puntos por debajo de la media europea y muy lejos del 40% que practican los países nórdicos. Sin embargo, las medidas adoptadas hasta el momento han sido un auténtico fracaso, especialmente las amnistías fiscales, que han sido utilizadas por todos los gobiernos democráticos que hemos tenido desde la caída del Franquismo, sin resultados claros. Además, las amnistías fiscales producen un efecto llamada al fraude fiscal, pues los presuntos defraudadores seguiran cometiendo el delito con la esperanza de poder acogerse a una futura aministía fiscal. Sin ninguna duda, la mejor medida para enfrentarse al fraude fiscal es la dotación de recursos sufucientes y modernos (materiales y humanos) a los sistemas de inspección de la Agencia Tributaria, lo que permitíra tanto prevenir el fraude (evitar que se produzca) y detectarlo con mayor facilidad una vez se haya producido. Al mismo tiempo, habría que crear una cultura contra el fraude y a favor del pago de impuestos, como existe en los países nórdicos, sensibilizando a la población y sobre todo introduciendo conocimientos transversales en los planes de estudio de los centros educativos para inculcar esta cultura de la solidaridad desde la infancia. En ello nos va nuestro futuro como país y como civilización.

 

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