Economía con la vida en el centro

Por Mª Ángeles Castellanos Valverde

Si partimos de supuestos equivocados lleguemos a conclusiones o adoptemos medidas equivocadas. De igual manera, si se falla en el diagnóstico se fallará en las políticas que se implementen.

Existen infinidad de premisas y de supuestos que damos por buenos, por inamovibles o por sentados, que realmente no lo son y ante situaciones complejas o que parecen problemas irresolubles, puede que cambiando las premisas de las que partimos lleguemos a soluciones o salidas más satisfactorias.

Hay parámetros muy asentados en nuestras vidas, formas de pensar, de actuar, de desplazarnos, de gestionar nuestro tiempo o nuestros recursos que se hacen de forma muy automatizada y poco reflexiva. Actuaciones  dentro de un orden, de las que las personas más “clásicas” dirán que se hacen como se han hecho toda la vida o incluso habrá quien lo tome como un mandato divino.

Este automatismo aparente también se da en la economía. En la parte más teórica y formativa lo vemos cuando se impone una corriente principal que parece la única forma de entender y analizar la economía y la única corriente en la que se forman economistas en la actualidad. Y en la parte más de gestión empresarial o de políticas económicas se manifiesta cuando el crecimiento o la maximización de los beneficios monetarios parecen los únicos objetivos de progreso.

Pero estos parámetros que determinan en gran medida nuestras vidas son elecciones, acuerdos entre partes, imposiciones de quienes ostentan el poder, convenciones con las que se ha decidido ordenar las vidas y los recursos.

No se trata, por tanto, de leyes naturales ni de imposiciones divinas, ni de la única opción ni de la más positiva; solo hay que ver que estas decisiones han generado pobreza, desigualdad y están poniendo en riesgo el futuro del planeta.

Lo cierto es que partimos de recursos que muchas veces son escasos con los que hay que satisfacer necesidades infinitas, algunas más vitales que otras, y hay que decidir cómo se satisfacen las necesidades y qué se hace con los recursos, y estas decisiones no son neutrales.

Si los fines que guían la economía son los principios del capitalismo más extractivista que se apoya en el machismo que impone roles de género para, entre otras cosas, no asumir el coste de los cuidados, se tomarán unas decisiones sobre el uso de los recursos muy distintas a las que se tomarán si los fines que guían la economía persiguen  combatir la pobreza, terminar con las desigualdades y garantizar la sostenibilidad medioambiental.

Si pretendemos poner en el centro la vida humana y no humana hay que cambiar el pensamiento económico dominante.

En este sentido, desde Economistas sin fronteras han puesto en marcha un proyecto que pretende hacer un diagnóstico sobre la enseñanza de la economía en la universidad y además indagar sobre cómo transversalizar contenidos, dentro del currículo educativo, sobre temas relacionados con la Agenda 2030.

Iniciativas como estas son muy interesantes ya que trabajan contra la imposición de una única corriente principal dominante que ya hemos visto que genera pobreza y desigualdad y nos encamina al colapso medioambiental.

La iniciativa de Economistas sin fronteras responde a “La preocupación por la entidad en la enseñanza de la economía y su creciente falta de diversidad intelectual, aislamiento de otras ciencias sociales y de referencias históricas, así como por el predominio de los métodos matemáticos”. Esta preocupación también existe en el ámbito internacional, y lo podemos comprobar en el Llamamiento internacional de estudiantes de económicas a favor de una enseñanza pluralista, una carta abierta de más de 70 asociaciones de estudiantes de más de 30 países.

En esta carta señalan que “Lo que se enseña en la universidad moldea la mentalidad de las próximas generaciones de políticos y, por tanto, da forma a la sociedad en que vivimos”

Puede que otro de los automatismos que nos rodean sea que desde fuera del ámbito de la propia universidad no se cuestiona demasiado cómo condicionan nuestras vidas lo que se enseña y la forma de enseñar en el ámbito educativo, por eso, iniciativas como las de Economistas sin frontera son de gran importancia.

Cuando las teorías económicas dominantes salen de la universidad y llegan a las empresas, la maximización de los beneficios monetarios aparece como un objetivo aparentemente indiscutible.

Recientemente hemos conocido una sentencia de la que informa eldiario.es  en la que se declara que un un despido no es procedente porque un bot sea más barato. En esta sentencia, tal y como señala el abogado de la trabajadora despedida “el magistrado conecta el derecho al empleo y las normas del despido objetivo con el derecho del empresario a maximizar sus beneficios, que es algo que admitimos todos”

Los resultados serán muy diferentes si se pone en el centro a las personas y sus derechos como trabajadoras, o si, por el contrario, lo que prima es la maximización de los  beneficios empresariales a costa de las personas o del medio ambiente.

Poner en el centro a las personas no supone una hecatombe económica, es un reparto de la riqueza más justo y un uso de los recursos más equilibrado, pero para hacer economía de otra forma hay que incorporar perspectivas diferentes a las corrientes dominantes, hay que integrar por supuesto la perspectiva feminista y la ecología, hay que abrir las universidades a otras corrientes y fomentar el debate, la investigación y el pensamiento crítico.

Los cambios también han de llegar a las políticas económicas, estas políticas tienen que buscar mejoras globales y no solo para las élites, han de favorecer el reparto justo de la riqueza, la asignación y el uso equilibrado de los recursos y la defensa de quienes se encuentran en una posición más vulnerable.

Y por supuesto los resultados de estas políticas han de evaluarse para continuar con ellas si es necesario, o corregirlas, si los efectos no son los deseados.

En la actualidad disponemos de mucha información y de tecnología suficiente para hacer predicciones y análisis de resultados con los que ajustar mejor estas políticas, como decía al principio, si se falla en el diagnóstico se fallará en las políticas que se implementen.


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