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Los organizadores destacaron que la protesta expresa un rechazo legítimo y necesario al orden capitalista, que profundiza la desigualdad social.
Por Ernesto Vílchez | 14/06/2026
Miles de manifestantes se congregaron este domingo en las calles de Ginebra para protestar contra la Cumbre del G7, que comienza este 15 de junio en la cercana localidad francesa de Évian-les-Bains. La marcha, iniciada bajo el lema “No G7”, visibilizó el profundo rechazo al capitalismo como sistema que concentra la riqueza en manos de unos pocos mientras genera pobreza y desigualdad estructural a escala global.
La Cumbre del G7 reúne a los líderes de Estados Unidos, Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón y Reino Unido, con invitados como el presidente ucraniano Volodímir Zelenski. Aunque se celebra en territorio francés, Ginebra se convirtió en el epicentro de las movilizaciones por su cercanía y su simbolismo internacional. Organizada por la coalición “No G7”, que agrupa a más de 60 asociaciones, sindicatos y organizaciones anticapitalistas, la manifestación reunió a unas 20.000 personas.
Los manifestantes denunciaron las políticas del G7 que perpetúan el comercio global desigual, la explotación de recursos y los conflictos armados, todos ellos motores de una pobreza estructural que afecta a miles de millones de trabajadores en el mundo.
La marcha avanzó inicialmente por la orilla derecha del lago Lemán. Grupos de manifestantes se dirigieron luego hacia las inmediaciones de la sede de la ONU, donde se produjeron enfrentamientos con las fuerzas policiales. Algunos manifestantes lanzaron piedras, botellas y otros objetos, mientras la policía respondió con gas lacrimógeno, cañones de agua y cargas.
Entre las acciones destacaron la quema de un coche Tesla, la rotura de ventanas de un banco y de una agencia de la ONU, y diversos intentos de acceder a comercios. Estas expresiones de rabia reflejan la frustración acumulada ante un sistema económico que prioriza el beneficio de las élites por encima de las necesidades del pueblo trabajador.
La policía suiza había desplegado un fuerte dispositivo de seguridad con miles de efectivos, en coordinación con Francia, anticipando la magnitud de la protesta y recordando episodios similares en cumbres anteriores.
En los días anteriores, Ginebra se preparó para la movilización: comercios y bancos protegieron sus fachadas, se limitó el tráfico y se reforzaron los controles fronterizos. Las autoridades invirtieron millones de francos suizos en seguridad, evidenciando el contraste entre el gasto en protección de la élite capitalista y la falta de inversión y políticas orientadas a mejorar las condiciones materiales de la clase trabajadora.
El recorrido de la manifestación generó tensiones, ya que los organizadores buscaban cruzar el emblemático Puente de Montblanc para dar mayor visibilidad a sus demandas, pero las autoridades lo impidieron para resguardar zonas sensibles.
Los organizadores destacaron que la protesta expresa un rechazo legítimo y necesario al orden capitalista del G7, que profundiza la brecha entre ricos y pobres y condena a amplios sectores de la población a la precariedad. Las autoridades suizas y francesas, por su parte, defendieron el despliegue policial de cara a los próximos días, cuando los líderes —incluido Donald Trump— transiten por la región.
Estos disturbios ponen de manifiesto las profundas contradicciones del sistema capitalista y reviven el espíritu de las protestas antiglobalización que durante décadas han denunciado cómo las cumbres de los países más ricos del mundo siguen sin abordar la pobreza estructural ni la desigualdad que ellos mismos contribuyen a generar.
La Cumbre del G7 en Évian continuará hasta el 17 de junio bajo estrictas medidas de seguridad, mientras en Ginebra se esperan más movilizaciones que sigan exigiendo un cambio real frente al modelo económico dominante.
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