![]()
Diamant Brut es una crónica honesta de como el capitalismo, a través de los sueños que vende en las redes sociales, condena a los jóvenes a una insatisfacción permanente.
Por Angelo Nero | 11/12/2025
Jean Baudrillard afirmaba que “ya no vivimos en un mundo de realidad, sino en un mundo de simulacros, donde lo real ha sido reemplazado por signos de lo real.” El filósofo francés afirmaba que vivimos en una simulación mediática, dominados por las redes sociales, los medios digitales y la tecnología, donde la realidad ha sido reemplazada por una red de representaciones que han perdido su relación con el mundo real. Por lo tanto estas representaciones no buscan imitar la realidad, sino crear una realidad alternativa, virtual, a la que llama la hiperrealidad, donde la simulación no puede distinguirse de la realidad, y la reemplaza.
La realizadora francesa Agathe Riedinger, reflexiona también sobre este tema en su tercer largometraje, Diamant Brut, poniendo el foco en una joven de extracción humilde de una pequeña población del sur de Francia, Fréjus. Liane, interpretada por la debutante Malou Khebizi, tiene 19 años, y vive con su madre desocupada y con su hermana pequeña en una casa con la constante amenaza de un desahucio. La obsesión por su imagen, por conseguir likes en sus redes sociales, y la falta de horizontes laborales, le hace poner toda su ilusión en participar en un reality show, “La isla de los milagros”, con lo que espera ser reconocida y tener su futuro asegurado, un futuro construido a través de imágenes falsas, de una hiperrealidad a la que aludía Baudrillard, en las que genera un personaje que tiene poco que ver con la persona que tiene que vivir día a día, lleno de conflictos familiares, de robos en tiendas de ropa y de una relación tóxica con todo su entorno. Vive con el sueño de convertirse en una influencer, y deja los estudios para grabar vídeos de TikTok bailando las canciones de moda, y para actualizar su cuenta de Instagram, con una imagen hipersexualizada, a la vez que está enfadada con el mundo, hasta que entra en un casting para el reality donde espera conseguir sus sueños, lo que agrava su disfunción con la realidad.
En una entrevista para Cineuropa, su directora apuntaba las principales motivaciones para hacer esta película: “Llevo mucho tiempo viendo realities. Incluso hice un cortometraje sobre el tema. Sentía la necesidad de cuestionar la idea de entretenimiento que representan, porque en realidad no tiene nada de ligero. Es un entretenimiento fabricado con mucho desprecio de clase, que transmite valores reaccionarios como la hipersexualización de las mujeres, que alimenta la cultura de la violación y el consumismo, y en el que se puede ver casi una total impunidad ante el acoso o la agresión sexual. Es un espejo de una sociedad que promueve valores cada vez más extremos. Teníamos que hablar de esta violencia. Sin embargo, cuando pensé en las motivaciones de los candidatos, me di cuenta de que para ellos, que en su mayoría proceden de entornos de clase trabajadora, también es una alternativa al desempleo y un medio para alcanzar un cierto estatus social. Es una forma de marcar las casillas en las que nos coloca la sociedad capitalista a través de los valores fabricados por el dinero. Esta ambivalencia me resultaba muy interesante.”
Diamant Brut es una crónica honesta de como el capitalismo, a través de los sueños que vende en las redes sociales, condena a los jóvenes a una insatisfacción permanente, al no poder acercarse a esa simulación de ellos mismos, pese al esfuerzo constante de promover una imagen con la que identificarse y, sobretodo, con la que lograr el reconocimiento de los demás, “cuando esté en la televisión me veréis tal y como soy”, llega a afirmar Liane en un momento de la película. Porque para el capitalismo millones de jóvenes como la protagonista de Diamant Brut son solo consumidores de sueños en los que, además, trabajan ellos mismos, obsesionados con el culto a la imagen, a reinventarse continuamente mediante selfies y filtros, y, cuando esto no es suficiente, incluso con cirugía.
“Liane se construye a sí misma a través de los ojos de los demás y de la reacción que provoca en otros. Esos comentarios en las redes sociales, con su dicotomía de odio y amor excesivos, le demuestran que vale la pena y la ayudan a sentirse fuerte, aunque estén cargados de odio. Gráficamente, quería representar estos comentarios como sellos de cartas.” Afirma Agathe Riedinger.
Baudrillard ya nos advirtió que la pérdida de la realidad tiene una consecuencias nefastas para la sociedad, porque cuando no podemos distinguir entre la simulación y lo real, quedamos cercenados de nuestro capacidad crítica, y al no cuestionar las estructuras de poder que nos disfrazan a través de las redes sociales y de los medios de comunicación, nos convertimos en meros consumidores de imágenes y signos que nos tapan los verdaderos problemas a los que nos tenemos que enfrentar como individuos y, especialmente, como sociedad.
Se el primero en comentar