Devorando The Alienist

                                                                                                                                             Por José Incoherente

 

Hace unas semanas me puse manos a la obra con una serie a la que tenía muchas ganas, The Alienist. Me bastaron apenas unos minutos de metraje para saber que aquello era 100% material de mi gusto.

Basada en la novela de Caleb Carr de 1994, la serie para Netflix de The Alienist te atrapa desde muy pronto gracias a su espectacular recreación de una Nueva York de finales de siglo oscura, sucia y peligrosa, en la que conviven nuestros extraños y variopintos protagonistas.

Se decía por aquel entonces, que los enfermos mentales se alienaban, no solo de la sociedad, si no de su propia naturaleza. Por tanto, los expertos que los estudian, eran llamados “Alienistas”. Y nuestro protagonista, el famoso Doctor Laszlo Kreizler, es uno de ellos.

 

 

Si tienes una excelente ambientación y personajes con muchas posibilidades, solo necesitas un desencadenante igual de fascinante para comenzar a ganar adeptos para tu serie. Y The Alienist lo tiene.

Unos brutales asesinatos asolan Nueva York y la (corrupta) policía de la ciudad nada puede hacer por detenerlos. Las víctimas son niños (prostitutos) que trabajan en la noche y que aparecen salvajemente mutilados.

El jefe de Policía Roosevelt decide recurrir al Doctor Kreizler para tratar de poner fin a tanta muerte.

Todo iba muy bien, la verdad, hasta que uno de sus primeros capítulos, el buen doctor dijo una frase que hizo saltar todas mis alarmas, algo así como que la única forma de detener al asesino, sería metiéndose en su piel, para comprender sus motivaciones. Al oír eso, apareció un nombre en mi mente: Will Graham.

Mi querido Will Graham regresaba del olvido para, injustamente o no, juzgar todo lo que sucedería a partir de ese momento en The Alienist.

Si en estos últimos años, ha existido una serie que me haya marcado por lo retorcido de su guión, la brillantez de sus diálogos y por contar con unos personajes tan complejos como oscuros, esa serie no es otra que la maravillosa “Hannibal”.

 

 

Creada para televisión por Brian Fuller en 2013 y basada en los libros de Thomas Harris, “Hannibal” supuso una nueva visión, mucho más extensa, imaginativa y cruda, de todo lo que habíamos visto hasta ese momento del Doctor Hannibal Lecter.

La premisa de la serie era que Jack Crawford, jefe del FBI, reclutaba para su equipo de investigación a Will Graham para resolver crímenes atroces cometidos por asesinos en serie. La habilidad de Will reside en tener tal capacidad de empatía, que le permite ponerse en la piel de los asesinos para comprender los motivos que les impulsan a cometer esas barbaridades. Y para proteger a Will de tanto horror, Jack Crawford le asigna a un refutado psiquiatra para que “vele” por la estabilidad de su mente. Y claro, ese psiquiatra no es otro que el doctor Hannibal Lecter…

Y así, sin pretenderlo, a cada capítulo que pasaba de The Alienist, mi cabeza comenzaba, lentamente, a ver cada vez mas paralelismos con Hannibal, siendo, a priori, dos series muy diferentes.

 

Las comparaciones son odiosas porque siempre hay una parte que pierde en el enfrentamiento y en este caso, el eslabón más débil resultó ser The Alienist.

Los capítulos avanzaban, la trama se volvía cada vez más oscura y las relaciones de sus personajes principales se complicaban y entrelazaban cada vez más…pero me seguía faltando algo. Era como si a todo lo que mostraba en pantalla, le faltara un punto más de maldad y de oscuridad.

Sobre todo en lo referente a los personajes.

 

 

Nuestro protagonista en The Alienist se rodea de John Moore, ilustrador y vividor que sirve de contrapunto a sus ideales, y de Sara Howard, mujer de fuerte carácter que intenta hacerse valer dentro de un mundo tan cerrado y machista como el de la Policía de la época. También recibe ayuda de dos inspectores judíos (que saben hacer de casi todo) que son hermanos.

Sabes que le perteneces a una serie cuando el sufrimiento de uno de sus personajes se vuelve tuyo. En Hannibal pasaba a cada rato, ya fuera Will, Alana, Jack o cualquiera de sus excelentes personajes secundarios, quien estuviera en peligro. Si les pasaba algo horrible, tú lo pasabas mal.

Pero en The Alienist, no llegas a conectar completamente con ninguno ellos (salvo en un momento muy concreto). Y eso son más puntos perdidos.

Los personajes no llegan a explotar todas sus posibilidades, la historia no es todo lo sangrienta que (creo) merece, y su línea de investigación a veces, es demasiado “ventajista”. ¿Y quién tiene la culpa de que todo esto no me acabe de convencer? Pues Brian Fuller por hacer una serie tan brillante y tan salvajemente retorcida como la de Hannibal, que injustamente fue cancelada después de tres brillantes (y crujientes) temporadas.

Al finalizar los diez capítulos que forman la primera temporada de The Alienist, reconozco que se me quedó mal cuerpo porque, con un poco más de profundidad y quizás, maldad, hubiera sido una maravilla de historia.

Pero, al igual que sus cadáveres, la serie se me ha quedado flotando en la superficie del “correcto sin más” y solo ha conseguido recordarme lo muchísimo que echo de menos en mi vida, la serie de Hannibal.


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