Desigualdad de género: algunas cuestiones de actualidad

Por Susana Gómez Nuño

Es innegable que existe una confluencia entre el capitalismo y el patriarcado propios del mundo occidental, relacionada con el hecho de que lo femenino no tenga el mismo reconocimiento social que lo masculino, es decir, relacionada con la opresión de la mujer y la desigualdad de esta frente al hombre. Los hombres y mujeres son a menudo presentados mediante divisiones dicotómicas que se utilizan para situarlos en la jerarquía social correspondiente y dotarles de contenido, roles y características diferenciales, lo que favorece la reproducción de las desigualdades e injusticias sociales.

Por otra parte, la esfera pública y la productiva, tradicionalmente masculinas, que abarcan la producción del trabajo asalariado y reconocido socialmente, contrastan con la esfera doméstica y la reproductiva, ambas reservadas para mujeres, que incluyen el cuidado de los niños y el trabajo doméstico no reconocidos socialmente. También es cierto que estos espacios están adquiriendo una mayor heterogeneidad en la actualidad, debido a los cambios en las estructuras familiares provocados por el acceso de la mujer a estudios superiores y al mercado laboral. Sin embargo, los nuevos modelos de familia monoparentales pueden proporcionar condiciones desfavorables para la mujer al presentarse dificultades para compaginar trabajo y cuidado de los hijos, además de la injusta brecha salarial existente entre hombres y mujeres, posible origen de la feminización de la pobreza.

Las posiciones dicotómicas naturaleza-cultura, doméstico-público y reproducción-producción son la base estructural de las relaciones entre hombres y mujeres, y se erigen como un esquema universal que pone en evidencia la desigualdad entre los sexos. Tradicionalmente, los estudios sobre el cuerpo formaban parte de la dicotomía naturaleza-cultura. Sin embargo, en la actualidad, el cuerpo, al igual que el género y el sexo, se considera una construcción social, inacabada, inestable, con significación social y productor de identidad, alteridad y género.

La existencia de múltiples masculinidades, tales como la hegemónica y la subalterna, evidencian que los hombres también están inmersos en tramas de relaciones de poder variables, que pueden originar situaciones de desigualdad.

Respecto a las masculinidades, algunos autores que abordan el estudio de este tema, como Gilmore, consideran que “la masculinidad es la forma aceptada de ser un varón adulto en una sociedad concreta”, es decir, los hombres se definen más por lo que no son que por lo que son. Establecen la necesidad de situar y probar la masculinidad en el binomio naturaleza-cultura, dado su carácter construido y artificial, contrario al natural otorgado a la feminidad. Esta forma de concebir la masculinidad conlleva que esta siempre sea cuestionada. Se requiere, pues, estudiar las diferentes interpretaciones de forma holística y desde un punto de vista crítico. Por otro lado, la existencia de múltiples masculinidades, tales como la hegemónica y la subalterna, evidencian que los hombres también están inmersos en tramas de relaciones de poder variables, que pueden originar situaciones de desigualdad.

Las sexualidades desde la perspectiva del género nos proporcionan un discurso de reflexión sobre la fluidez de las identidades sexuales y la disidencia respecto de la norma heterosexual. Judith Butler no solo postula que el género es performativo, sino que afirma que las identidades son ideales normativos, ficciones regulatorias producto de la naturalización del sexo, el género y la sexualidad, establecidos como estrategias de control y dominación social. La filósofa estadounidense apuesta por la fluidez identitaria diluyendo las líneas entre sexo, género y sexualidad, y abogando por la inexistencia de una ontología de género.

Otra cuestión de actualidad a tener en cuenta es si la emergencia de las nuevas tecnologías, como internet o la interacción por medio de las redes sociales, cuestiona y rompe con la inmanencia presupuesta del género. Aunque en un principio se pensó que internet iba a facilitar la desaparición del cuerpo, el género e incluso la identidad, lo cierto, es que esta libertad que supuestamente nos proporcionan las relaciones virtuales tiene al cuerpo y al género muy presentes y no hace más que reproducir los estereotipos de género y las formas de relación tradicionalmente establecidas.

En la sociedad actual, el carácter cultural de los roles de género no deja de ser un instrumento de control social que aplican instituciones históricamente patriarcales que velan por el cumplimiento de las normas establecidas mediante procedimientos de normalización.

La cuestión de la descolonización del género es también de suma importancia en la actualidad, en tanto se hace necesario conseguir un cambio en las formas tradicionales de concebir las cuestiones de género. Para ello, debemos abogar por un conocimiento que nos permita entender de forma compleja cómo operan los sistemas de género, mediante los esfuerzos conjuntos de formadores y activistas.

En conclusión,  en la sociedad actual, el carácter cultural de los roles de género no deja de ser un instrumento de control social que aplican instituciones históricamente patriarcales que velan por el cumplimiento de las normas establecidas mediante procedimientos de normalización. Así pues, se hace preciso someter a los géneros a exhaustivos procesos de desreificación, de forma que ese control invisible, tan interiorizado y naturalizado, que nos mantiene disciplinados dentro del sistema social y económico, a fin de que sigamos funcionando dócilmente según los engranajes de la máquina del poder, salga a la luz y se favorezca, así, la aceptación y la normalización del pluralismo de géneros y la diversidad sexual.

One thought on “Desigualdad de género: algunas cuestiones de actualidad

  • 24/02/2018 at 12:05 pm
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    Qué tontería, no se te ha ocurrido pensar que tal vez los roles de género son implantados muchas veces por el deseo propio de los individuos, aún si esto implicara luchar contra las instituciones. Que le hace pensar a las feministas que el ciudadano común desea rechazar el patriarcado, cuando tal vez lo adore.

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