Con una jornada corta y bien remunerada habría amor a la vida porque ofrecía algún atractivo, el trabajo se miraba como una necesidad y se realizaba sin grandes esfuerzos.
Los socorristas destacan la precariedad absoluta en la que desempeñan su labor, con contratos temporales que no reflejan las necesidades del servicio, especialmente durante la temporada alta.
La historia nos enseña que los períodos de transformación tecnológica, como la Revolución Industrial, estuvieron marcados por intensas luchas de clases.
En lugar de confrontar el capitalismo, amplios sectores de la izquierda se han refugiado en un idealismo abstracto, priorizando debates morales y estéticos por encima de las necesidades materiales de la clase trabajadora.
El suelo quema, literalmente. Y si estás en avenidas largas sin sombra, aquello es una sartén. También hay calles estrechas sin ventilación donde el aire no corre, y ahí el calor se te pega al cuerpo. Cuando llegas a casa tienes la sensación de haber salido de un horno.
Para muchos empresarios, detener la actividad por el calor es “perder dinero”. ¿Y perder vidas? Eso no entra en su cálculo. La precariedad obliga a aceptar condiciones que matan.