Sobre el rol más clásico del antihéroe, Nolan vislumbra toda la historia del siglo pasado, con Oppenheimer como piedra angular; un Prometeo americano que, nada más rozar el cielo, fue rápidamente descendido, encadenado a una piedra, y acribillado a picotazos por las águilas modernas del macartismo.
Mientras los ojos del pueblo solo miran pecado, siempre con la mujer como objeto de tentación, esto es, de instrumento del diablo, la mirada de Elisabeth es pura, natural, y más cercana a esa divinidad que aprendió a amar en el convento.
Aunque es un relato entrañable, no rehúye la crueldad, la injusticia o amargura que también formaban parte del día a día en la España franquista de hace seis décadas, por lo que quien tienda a idealizar el pasado se encontrará con un desafío a su memoria.
“Francamente me movió emocionalmente. Toda la persecución que las mafias y el Estado mexicano corrupto hicieron en mi contra estaba relacionado con la censura de mi trabajo periodístico.», ha asegurado indignada en Cadena Ser. «Es la primera vez en España que nos censuran.»
La directora dibuja a un Oslo futurista sin necesidad de desplegar grandes ambientaciones ostentosas ni recurrir a los efectos especiales. A base de pocos escenarios bien escogidos y un buen aprovechamiento de la sinécdoque del plano medio, construye esta ciudad distópica fácilmente reconocible.
Se non sabes de onde ves, dificilmente podes enfocar para onde vas. É como unha árbore, se ten unha boas raíces vai a florecer mellor. Esa ollada para o pasado está en todo o meu traballo.
Nosotros y nosotras sabemos de esta fuerza destructora del capital pero seguimos viviendo para su reproducción. Nuestros anhelos son las necesidades del capital. En este sentido, nos parecemos a los zombis. Nuestras actuaciones obedecen a las lógicas del mercado y no a nuestra voluntad.