Si la novela necesita cuatrocientas páginas para contar sobre la vida y la muerte, sostiene, “un poema lo dice todo”. La poesía es un rayo que te cruza y “te pregunta dónde estás parado, por qué, cómo, qué estás haciendo”.
Lo que hace especial a Seismil no es solo la dureza de la historia, sino la forma en la que está contada. La autora escribe con una sensibilidad que conmueve, sin caer en el victimismo ni buscar la compasión del lector.
Con la escritura pulida, exquisita, a la que nos tiene acostumbrados el autor, uno entra en los relatos sin saber a ciencia cierta si lo que pasa en ellos ocurrió de verdad o es puro cuento, pura ficción. Autoficción lo llaman ahora. Intuyo que ambas cosas.
Me resultó especialmente emocionante leer cómo, al recorrer aquellos lugares y conocer mejor las vidas de las personas que los habitaron, recordó a sus propias antepasadas y reflexionó sobre las mujeres de su familia que vivieron aquella época.
Fundado al albor de la Revolución de 1917, el programa de espionaje soviético tenía como objetivo infiltrar en el extranjero a hombres y mujeres dedicados en cuerpo y alma a la causa de la URSS.