Cultura de la violación: Agresiones sexuales. La sumisión química la última moda

En la actualidad existen diferentes protocolos a seguir en caso de que entre por urgencias médicas hospitalarias una víctima de agresión sexual pero estos protocolos varían en función de la comunidad autónoma en la que se encuentre.

Por Laura Isabel Gómez.

Desde la más tierna infancia las mujeres recibimos una disciplina basada en el miedo, en el miedo a ser violadas. Un aleccionamiento sexual del que demasiado poco se habla como tal y que YA BASTA. Ya es hora de que las mujeres hablemos de ello pues NOSOTRAS no somos las responsables y NO TENEMOS LA CULPA de que haya hombres que cometan violaciones. La disciplina, y el aleccionamiento tiene que ser para ellos. Inculcarles desde bien jovencitos que el respeto al cuerpo de la mujer es sagrado, que no se viola, no se fuerza, no se obliga a una mujer a mantener relaciones sexuales, que un “NO ES NO”, siempre, en cualquier momento o circunstancia, que las relaciones sexuales son entre iguales, basadas en el respeto mutuo y en el placer compartido. El foco hay que ponerlo donde toca, y desde luego no está en el inculcar a las mujeres que han de protegerse de la violencia sexual ejercida por machistas que campan a sus anchan en todas partes, y que si alguna vez les sucede es porque igual habían bebido demasiado, llevaban la falda muy corta o habían “tonteado” de más. Desde las más mayores hasta las más jóvenes, todas las mujeres tenemos presente cada vez que salimos a la calle, de fiesta especialmente, la frase «Vigila tu vaso, no te vayan a echar algo en la bebida”. A día de hoy esa frase ha pasado de ser algo casi mitológico a ser un peligro real y que efectivamente sí existe y se cumple en un porcentaje mayor del que jamás habíamos imaginado. 

Las mujeres tenemos el mismo derecho que los varones a divertirnos dónde y cuándo queramos; tenemos el mismo derecho a vivir en libertad; a no vivir atemorizadas, ni a salir con miedo, porque los locales de ocio, las calles y todos los espacios son también nuestros para disfrutarlos.

¿De qué hablamos cuando decimos “violencia sexual”? Normalmente, se asocia a la violación, pero en realidad, la violencia sexual es mucho más que eso pues dentro de ella hay un amplio abanico de tipologías de violencias a las que llamamos violencia sexual que no necesariamente son lo que comúnmente se conoce por violación. En el imaginario colectivo la violación se describe como una agresión en la que existe una agresión física de carácter sexual en la que se produce una penetración forzada, generalmente de un varón a una mujer, pero ésta sería solo la violencia sexual en su máxima expresión dentro de ese abanico de tipologías en el que se incluyen además de la violación: el acoso sexual en el trabajo, el acoso callejero (insinuaciones, miradas, piropos, tocamientos, roces, etc. no deseados), acoso en los transportes públicos, discotecas, en la playa, en la universidad… Obligar a tu novia/esposa a hacer alguna práctica sexual no deseada o incluso llegar a violarla, el incesto, el sexting, la violencia sexual hacia los menores (pedofilia, corrupción de menores), la explotación sexual a través de la trata y la prostitución, etc. Todos ellos actos sexuales no consentidos ni deseados por parte de la víctima. En este artículo me voy a centrar en el menos conocido pero el que sin embargo en los últimos años ha aumentado de manera exponencial, la violación mediante la sumisión química.

Violencia sexual. Tipologías. España en cifras 

Las violaciones, y la violencia sexual en general, tiene su raíz en la violencia machista sistemática que afecta y atraviesa a las mujeres por el simple hecho de serlo. Es machismo y misoginia en estado puro en una de sus máximas expresiones. Como he mencionado con anterioridad, la violencia sexual son multitud de actos no consentidos a los que las mujeres nos enfrentamos a diario en nuestras vidas. Es muy raro encontrar a una sola mujer que no haya sufrido alguna agresión de este tipo a lo largo de su vida, pero que a pesar de estar tan extendida y ser una variedad tan amplia de actos, lo escalofriante no es saber esto sino saber que lo que conocemos y lo que se denuncia es tan solo la punta del iceberg pues se estima que solo un 2% de todas las agresiones que se producen son denunciadas. Además, es importante recalcar que el violador rara vez es un extraño que aparece de la nada o un desconocido cualquiera que nos acecha. No, el hecho es que la mayoría de agresiones/abusos sexuales están cometidos por hombres cercanos, que conocemos y en quienes confiamos, y es precisamente por eso, porque aprovechan esa cercanía y confianza para agredirnos.

Según el estudio del Ministerio del Interior “Análisis empírico integrado y estimación cuantitativa de los comportamientos sexuales violentos (no consentidos) en España”, realizado por el Grupo de Estudios Avanzados en Violencia de la Universidad de Barcelona, con datos del 2018 y 2019, y dirigido por  el catedrático de Psicología Antonio Andrés Pueyo, se calcula que en nuestro país unos 235.000 delincuentes sexuales, (de los que solo el 5% logra ser detenido y condenado), perpetran alrededor de 350.000 agresiones sexuales al año, lo que significa que 1 de cada 45 mujeres y 1 de cada 60 menores, al año, están en peligro de ser víctimas de una agresión sexual

Según este mismo estudio se pueden extraer otras conclusiones muy relevantes como que la cifra oculta del número de agresiones sexuales, que se producen en España al año, es mucho mayor a las que sí se denuncian, se estima que entre 350.000 y 400.000 nunca llegan a denunciarse; hablamos de una tasa de denuncias por delitos sexuales de 21 denuncias por 100.000 habitantes. En España, en 2021, se registraron 1.601 violaciones con penetración (12.638 fueron agresiones sexuales sin penetración) de enero a septiembre, los delitos sexuales subieron en total un 32% respecto al 2020 (2.000 delitos sexuales más). Entre las que sí se denuncian estarían las del grado más grave, es decir, las que la agresión sexual termina con la muerte de la víctima, y los delitos sexuales en los que las agresiones se ejercen con violencia (pero sin penetración), los abusos sexuales, el acoso sexual y los referentes a la explotación sexual (trata y prostitución); seguidos de las agresiones sexuales con penetración, (que aumentaron en el primer trimestre de 2021 un 25% respecto al 2020. Unas 426 agresiones sexuales), la pornografía infantil y la corrupción de menores. Respeto a estos últimos el estudio señala que el abuso sexual afecta al 15% de los menores de edades comprendidas entre los 6 y 15 años, siendo las niñas las víctimas en mayor porcentaje.

Respecto a otros delitos sexuales diferentes a la violación, encontramos que también han aumentado. En 2021, se han conocido unos 12.000 casos de este tipo de delitos contra la libertad sexual. Por comunidades autónomas, las que registraron un mayor número de delitos sexuales en 2021 son: Cataluña con 1.548 delitos (265 violaciones); Andalucía con 1.330 delitos (141 violaciones) y Madrid con 1.118 delitos, (123 fueron violaciones).

Un dato que resulta altamente preocupante es el aumento de agresores sexuales menores de edad. El informe de 2020 de la Fiscalía que fue presentado en septiembre del pasado año alertó sobre este dato pues se observa que ha habido un incremento del 12% en menores víctimas de estos delitos, pero además señala que los abusos sexuales cometidos por menores comenzaron ya a dispararse en 2019 (1.300 casos, un 20% más que en 2018) y que la edad en la que comienzan a cometerlos es inferior a los 14 años.

Otro estudio relevante de reciente publicación, es el “Informe sobre los delitos contra la libertad y la indemnidad sexual en España 2020”, realizado por la Dirección General de Coordinación y Estudios de la Secretaría de Estado de Seguridad con datos extraídos del Sistema Estadístico de Criminalidad (SEC), datos que son aportados por Policía Nacional, Guardia Civil, Ertzaintza, Mossos d’Esquadra, Policía Foral de Navarra y las policías locales al sistema (SEC). De este informe se desprenden estas principales conclusiones:

    

(Gráfica extraída del ‘Informe sobre los delitos contra la libertad y la indemnidad sexual en España 2020‘)

En 2021, hubo 12.769 víctimas de los delitos contra la libertad e indemnidad sexual de las cuales el 85% son mujeres, el porcentaje asciende al 92% cuando se trata de casos de violaciones, de acoso sexual y de agresiones sexuales sin penetración. En cuanto a la edad de las víctimas de delitos sexuales, en 2020, el 49,1% de ellas fueron menores de edades comprendidas entre los 0 a los 17 años. Los delitos más repetidos fueron en un 50% abusos sexuales. Por otro lado, el grupo de menores de edad y el grupo de los 18 a los 30 años, son las 3/4 partes de las víctimas totales. 

Al elaborar el informe se detecta que la delincuencia sexual mantiene un patrón de estacionalidad, pues queda patente que ésta aumenta de mayo a octubre (verano), en cambio disminuye en los meses de invierno. Los abusos sexuales y las agresiones sexuales (con y sin penetración) son los delitos que se dan con mayor frecuencia, un 76%. Los delitos sexuales cometidos en el interior del hogar aumentan en 2020 pasando de un 41% en 2019 a un 59% en 2020. El informe deja también claro el perfil de los agresores sexuales, que es el de un varón en el 97% de los casos, de edades comprendidas entre 18 y 40 años (el 86%), y de nacionalidad española (67 %). En las 2/3 partes de los casos investigados por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado en 2020, víctimas y victimarios no tenían relación entre ellos. Respecto al ámbito en el que se producen los delitos sexuales, en el caso de las mujeres, un 16% de ellos se cometen en el ámbito de la pareja/expareja, y un 21% en el entorno laboral, amistades, y conocidos.

Uno de los motivos que explicarían el incremento en los últimos años de las agresiones sexuales entre menores, sería el temprano acceso a la pornografía y la falta de una educación afectivo-sexuales de calidad centrada en el deseo compartido, el respeto mutuo y las relaciones basadas en la igualdad. Sobre el tema de cómo la pornografía daña gravemente las relaciones sexuales y emocionales de los jóvenes, y el por qué ello hace que se hayan incrementado los casos de violencia de género y sexual entre menores, escribí un artículo hace tiempo en este mismo medio https://nuevarevolucion.es/pornografia-la-educacion-sexual-de-la-juventud-del-s-xxi/

Por ello, la educación sexual integral es tan necesaria abordarla desde ya, porque las cifras de los informes y registros oficiales nos indican que el número de agresiones sexuales se está disparando en los últimos años de una forma alarmante y muy preocupante a edades cada vez más tempranas. La educación afectivo-sexual que reciben los jóvenes es prácticamente nula, y cuando la hay se hace de manera inadecuada y deficitaria, todo se centra en métodos anticonceptivos, profilaxis y poco más; por no hablar de que parece que los padres y madres han dejado de preocuparse por este tema y ya no lo hablan con sus hijos e hijas. Es de vital importancia que la educación sexual se aborde tanto desde el ámbito privado de las familias, como desde el ámbito de las escuelas y centros educativos desde edades tempranas, y que se haga desde el desarrollo de la empatía por la pareja, en el cuidado, en los derechos humanos, en el respeto mutuo, en la idea de que en una relación sexual debe haber deseo y que el deseo es tan importante como el consentimiento porque sin deseo no hablamos ya de relaciones sexuales, sino de violencia y sumisión, porque el sexo solo tiene sentido cuando disfrutamos ambos. Es decir, el sexo y las relaciones sexuales reales son todo lo contrario a lo que la machista industria del porno enseña, que no es otra cosa que cultura de la violación.  Pero para todo ello es necesario que existan profesionales de la enseñanza formados en educación sexual que impartan contenidos adecuados porque no podemos descansar esa responsabilidad en el/la “profe de mates” que en ratos muertos da cuatro cositas al alumnado de cómo se pone un condón. Eso no es educación afectivo-sexual. 

Al porno hay que sumarle que el uso de las nuevas tecnologías, dispositivos móviles, apps, redes sociales junto con la nefasta educación afectivo sexual de nuestros menores y la deshumanización generalizada que está impregnando las sociedades modernas, han hecho que aparezca otro tipo de violencia, la ciberdelincuencia y por ende los ciberdelitos sexuales: sexting, ciberacoso, grooming… Cuyas principales víctimas son las mujeres y menores de edad, como así queda constatado en los registros de las Fuerzas de Seguridad del Estado del año 2020, en los que 2.029 casos de ciberdelincuencia sexual, (lo que supone un 12’4% más de casos que en el 2019 y el doble que en 2014), cuyas víctimas son menores en un 80%, de los cuales el 66% son de sexo femenino y de todos ellas el 91% de nacionalidad española.

 (Gráfica extraída del ‘Informe sobre los delitos contra la libertad y la indemnidad sexual en España 2020‘)

Dentro de los ciberdelitos sexuales sobresalen especialmente los delitos de contacto con menores de 16 años a través de las tecnologías con fines sexuales como el abuso sexual, el acoso sexual, y la corrupción de menores y/o con discapacidad. En cuanto a los victimarios, el mayor número de ellos se encuentra entre los hombres españoles de 41 y 64 años.

En resumen, podemos afirmar que el año 2021 pasará a la historia como el año en el que las estadísticas de criminalidad del país las encabezaron los delitos sexuales con 6 agresiones sexuales con penetración denunciadas, al día (1.601 al año).

Violación por sumisión química

La violación por sumisión química, es la agresión sexual que se produce cuando a la víctima se le ha suministrado algún tipo de droga o sustancia química que le provoca sueño o somnolencia y la deja incapacitada para poder decidir por sí misma de manera consciente y autónoma, es decir, se le anula su voluntad y capacidad para consentir nada; además no solo la dejan inconsciente, sino que también impiden que pueda recordar algo de lo sucedido, o solamente recuerde flashbacks, vagos recuerdos, alguna imagen y lagunas entre memorias inconexas. 

El perfil de las víctimas, más común, es el de mujeres jóvenes o muy jóvenes, que encontrándose en espacios de ocio y fiesta son drogadas. Aunque también se han dado casos del uso de la sumisión química para robar, y en este caso el perfil más habitual es el de personas mayores.

Hay que dejar claro a las mujeres que se hayan encontrado en esta situación o que puedan encontrarse que no duden de que han sido víctimas de una violación ya que no se pueden considerar como relaciones sexuales consentidas cualquier acto sexual ocurrido bajo los efectos de estas sustancias, de hecho es un delito que está penado por la ley aunque en la actualidad en nuestro Código Penal las agresiones sexuales mediante sumisión química están tipificados desde el 2010, año en el que se introdujo el artículo 181.2 pero no lo considera “agresión” (violación), sino que lo contempla como “abuso sexual” porque se entiende que este tipo de violación no puede ser considerada como tal ya que no se ejerce violencia ni intimidación sobre la víctima y no hay un “No” expreso por parte de la ella. Esto es lo que las feministas llamamos justicia patriarcal.

La legislación debe ser modificada por ser injusta y un insulto hacia las víctimas, de ahí que siempre hagamos hincapié en la necesidad de impartir justicia y legislar con perspectiva de género. No puede ser que si estoy incapacitada porque me han drogado para hacer conmigo lo que se quiera, eso no se vea como violación o como un acto violento ¿qué más violento que drogar a una persona para hacer con ella lo que se quiera sabiendo que no puede resistirse y que no podrá recordar nada, ni probar nada puesto la droga que se le administra en breve espacio de tiempo no deja rastro? Es demencial. En este sentido, la nueva Ley Orgánica de garantía integral de la libertad sexual (más conocida como ley del solo sí es sí) que está en trámites en el Parlamento español, recoge esto y propone que el concepto de abuso sexual desaparezca para que así todo acto que se produzca en estas circunstancias sea considerado como agresión (violación), y que las penas puedan elevarse hasta a los 15 años de prisión,  algo que ya está contemplado en tratados internacionales ratificados por España, como el Convenio de Estambul del Consejo de Europa.

A día de hoy datos oficiales no tenemos, aunque sí sabemos que es un delito sexual que va en aumento porque cada vez acuden más mujeres a los hospitales para ser atendidas por los servicios especializados tras haber sido violadas por sumisión química, por eso tanto los profesionales de la sanidad como la policía ha trasladado ya a la opinión pública la preocupante situación respecto a este tipo de violencia sexual. Tan solo tenemos los datos de algunos hospitales especializados en esta violencia como el Clinic de Barcelona que sí ha publicado sus cifras. En un informe reciente, se publicó que, del total de las víctimas de agresiones sexuales, el 30% se corresponde a la violación por sumisión química, y de ellas el 55% de las victimas tiene menos de 25 años. Datos que se corresponden totalmente con las publicadas por el Hospital La Paz de Madrid que estima que el 35% de víctimas de agresiones sexuales lo son porque la víctima sospecha que ha sido drogada. Así que no, no son casos aislados, porque además el Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses registró 2.054 agresiones sexuales en 2020, de ellas en 685 casos se realizó un análisis toxicológico a la víctima por sospecha de haber sido sometida a una sumisión química, y los resultados revelaron que en el 76% de los casos (520) la víctima efectivamente había sido drogada (1 de cada 4 violaciones). Estos datos han sido corroborados también por varios organismos internacionales que estiman que un 20% de las violaciones lo son por sumisión química.  Pero según los datos globales recopilados por el Instituto Nacional de Toxicología, en los últimos 5 años, la estimación es aún más elevada: un 33% de las agresiones sexuales lo son por sumisión química. Lo que indica que hablamos de 1 de cada 3. Por su parte, la Fiscalía de Madrid dio a conocer sus datos el pasado año en los cuales se recoge que en 2019 se registraron un 14% de denuncias de violación por sumisión química, un porcentaje que se dobla en 2021 con un porcentaje del 35%.

Aunque estas cifras son muy reveladoras, éstas no recogen la dimensión real del problema al que nos enfrentamos, pues en la Macroencuesta sobre la violencia hacia las mujeres realizada por el Ministerio de Igualdad y publicada en 2020, solo el 8% de las mujeres víctimas de algún tipo de violencia sexual se atreven a denunciar, es decir que más del 80% de las agresiones sexuales permanecen ocultas.

Cabe mencionar que el estudio pormenorizado de registro de datos de este tipo de agresión sexual se ha comenzado a partir de enero del presente año, de modo que podamos obtener datos fiables y reales sobre la situación en la que nos encontramos al respecto y la magnitud del problema al que nos enfrentamos.

La fiesta de la burundanga: tipos de drogas y tipos de sumisión

Existen entre 350-400 drogas/sustancias químicas que pueden provocar la sumisión, entre todas ellas, la más famosa, la escopolamina, conocida como burundanga. Una droga que casi de manera inmediata produce somnolencia, náuseas, dificultades en la movilidad y, por último, una pérdida de conciencia. Aunque el cuerpo de la víctima reacciona y hace todo lo que pide su agresor, una vez pasado el efecto de la droga, la víctima sufre una amnesia que hace que le sea imposible recordar de manera total o parcial lo que ha sucedido la noche anterior. A la hora de denunciar una violación por sumisión química con esta sustancia resulta muy difícil poder probarlo pues una vez transcurridas unas 6 horas la droga desaparece del sistema de la víctima y no deja rastro ni en sangre ni en orina, y se acaba achacando que lo sucedido es debido a una “mala borrachera”, y si se denuncia, debido a todo esto, se desestima o entra directamente a calificarse de “denuncia falsa”.

Otra droga también muy utilizada es el medicamento psicotrópico conocido como benzodiacepina, un fármaco que tiene un efecto sedante y ansiolítico, produce relajación muscular y una disminución de la excitación neuronal. Por la mañana la víctima tiene una sensación de “resaca”, lo cual hace que cuando se da cuenta de lo sucedido la invada un sentimiento de vergüenza, ridículo y culpabilidad creyendo así que ha sido culpa suya por “beber demasiado”, cuando en realidad esto no es así, sino que ha sido drogada y violada.

También es muy común que se produzcan agresiones sexuales bajo los efectos del alcohol que en grandes cantidades puede provocar una amnesia y una disminución de la capacidad para poder consentir una relación sexual en plenitud de las facultades mentales de la víctima, algo que obviamente utiliza el agresor. De hecho, en una mayoría de los casos, 2 de cada 5 (un 39%), el test de toxicología dio positivo en alcohol. Mientras que las benzodiacepinas suelen estar presentes en el 31% de los casos, y la cocaína o el cannabis se detectó en 1 de cada 4 casos. Pero lo cierto es que en la mayoría lo que se encuentra es una mezcla de sustancias, o bien mezcla de alcohol y fármacos (32%), alcohol y drogas (38%), o los 3 juntos, drogas, alcohol y fármacos (30%). Lo curioso es que, aunque la burundanga se ha hecho muy famosa por ser la “droga de los violadores”, en España, los responsables del Instituto de Toxicología la han catalogado como “mito” porque no se ha detectado en la mayoría de los casos.  

En la actualidad existen tres tipos de métodos para detectar restos de sustancias tóxicas hasta cuatro semanas después de la agresión, y el uso de uno u otro va en función al tiempo transcurrido entre la agresión y la denuncia:  la sangre, válida para las primeras 12 o 24 horas, en función del tipo de droga, las dosis y el metabolismo de la persona; la orina, una “muestra crucial” porque permite analizar tóxicos hasta pasados cinco días de su consumo; y, por último, el pelo. Porque cada nuevo centímetro del pelo equivale a un mes de crecimiento, lo que hace posible que los forenses puedan valorar la existencia de restos de sustancias en él.

Tipos de sumisión química: 

– La sumisión oportunista. Es la más frecuente. Se produce cuando el agresor aprovechando que la víctima se haya bajo los efectos del alcohol y/o las drogas, que la impiden consentir en plenitud de sus facultades mentales, éste comete la violación.

– La sumisión premeditada o proactiva. En estos casos el agresor es quien administra (casi siempre en la bebida) alguna sustancia a la víctima sin que ella se dé cuenta.

– La sumisión química mixta. Es cuando se mezcla la ingesta voluntaria de sustancias y/o alcohol por parte de la víctima y además el agresor administra sin el consentimiento de la víctima otras sustancias.

Procedimiento judicial, y tratamiento a las víctimas

¿Por qué utilizar la sumisión química para perpetrar una violación? Pues la respuesta es sencillamente porque el violador se aprovecha de los huecos y puntos flacos que sabe que se producirán en caso de que haya un juicio, porque lo cierto es que según la legislación vigente violar mediante la sumisión química protege al agresor y no a la víctima, y esto quiero remarcarlo, porque esta protección al agresor no se produce en cualquier otro caso en el que haya sumisión química mediante, como es por ejemplo en el caso de un robo.  Según nuestro Código Penal, una persona víctima de un robo bajo los efectos de la sumisión química se cataloga inmediatamente como robo con violencia, no como hurto. En este supuesto la sumisión química, sí se considera que es un agravante y por eso pasa a ser robo con violencia. Pero paradójicamente, cuando hablamos de violencia sexual, una violación bajo sumisión química no es considerada como agresión (violación), sino como abuso, porque se considera que no ha habido ni intimidación ni violencia por parte del agresor a la víctima ya que ésta no se ha resistido ni ha dicho “no” expresamente. Así que, es un atenuante y ello hace que el caso se juzgue como abuso sexual. ¿Qué es la justicia patriarcal? Pues es esto. 

Por otro lado, el agresor sabe que la víctima sufrirá una amnesia que la impedirá poder recordar lo sucedido y si decide interponer una denuncia no podrá hace un relato coherente, conciso y claro de la agresión, de modo que se pierde la principal herramienta de enjuiciamiento, el testimonio de la víctima. Por no mencionar que casi en la totalidad de las violaciones no hay testigos y cuando los hay suelen ser porque estamos ante una violación múltiple y ningún agresor va a delatar a otro. 

A parte de estos dos poderosos motivos para usar la sumisión química como modus operandi, otro es porque la víctima al estar drogada e incapacitada física y mentalmente no puede oponer resistencia por lo tanto no hay forcejeos, arañazos, golpes, heridas que puedan ser utilizadas a la hora de presentar un parte de lesiones que se corresponda con las típicas de una agresión sexual. Aunque sí pueden encontrarse heridas, y lesiones en el interior de la vagina de la víctima, pero para ello es necesario que el examen sea realizado por un médico forense, y lamentablemente en la mayoría de los casos este examen no se realiza en el tiempo y forma adecuados. ¿Y por qué no lo son en tiempo y forma adecuados? Pues porque no existe un procedimiento médico y policial especifico y claro para este tipo de agresiones, así que cuando se interpone la denuncia en comisaría dicho examen se hace a posteriori cuando las lesiones ya están en proceso de curación, y en estos casos la intervención de la policía es determinante porque de ello dependerá la decisión del juez. Es por ello que es tan necesario que se creen ya protocolos de actuación específicos y muy concisos, para coordinar a policías, sanitarios y personal de la judicatura, que permitan tratar a las víctimas garantizando todos los pasos y evitando errores fatales que pueden llevar a la desestimación del caso, a penas injustas o a la absolución del agresor.

En cuanto al tratamiento a las víctimas la desprotección es prácticamente total, la falta de atención y credibilidad que sufren las mujeres violadas por el método de la sumisión química además del estado del shock en el que se encuentran, hace que muchas mujeres, tarden en interponer la denunciar, algo que, en estos casos, es fundamental para probar que ha habido una violación. A ello hay que sumarle que las mujeres saben que una vez denunciada la agresión se comienza un camino doloroso y revictimizante que contribuye aún más a su destrucción mental pues han de contar la historia un sinfín de veces y esto es fatal para la salud mental de las víctimas pues con cada relato se revive todo otra vez para luego en muchos casos no ser creídas o ser maltratadas por el sistema que debería protegerlas y velar por no dañarlas más, pues no existe “el manual de la perfecta víctima de violación”. A estas víctimas se les exige que no tengan lagunas, que no incurran en contradicciones, que no haya incongruencias ni confusiones en el relato, ni en los detalles, cuando eso es imposible por el puro proceso de estrés postraumático que produce a raíz del trauma de la violación, es por eso también que es muy importante que los Cuerpos de Seguridad del Estado, personal sanitario y de la judicatura sea formado en género, en violencias machistas, y específicamente en este tipo de violencia sexual.

Recomendaciones a víctimas

Vergonzosamente, todavía no hay información accesible para la ciudadanía en forma de guías, folletos, dípticos, trípticos, campañas de información específicas a nivel autonómico o estatal, etc. para difundir toda la información pertinente en relación a la sumisión química con fines de violencia sexual, cuales son los centros de referencia hospitalario en este tipo de agresiones para poder acudir a ellos, y de cómo se ha de proceder en caso de ser víctima de ella. Algo que es muy importante saber, porque sin saber cómo proceder es muy probable que tu agresor nunca sea enjuiciado, y que tu denuncia sea desestimada. En 2018, Amnistía Internacional publicó un informe, “Es hora de que me creas. Un sistema que cuestiona y desprotege a las víctimas”, en el que denuncia todas las trabas con las que se encuentran las víctimas a la hora de denunciar, la falta de apoyo y credibilidad que se les da a lo largo de todo el proceso, lo que supone para las víctimas que se las una y otra vez sin pudor alguno y sin que obtengan justicia.

Recientemente, el Ministerio de Igualdad ha creado los centros de crisis contra las violencias sexuales. Se prevé que haya uno en cada provincia para atender de forma integral a las victimas sin necesidad de que hayan interpuesto una denuncia. Sin embargo, no estarán en marcha hasta el 2023 ¿y mientras qué? Toda esta desinformación hace que las víctimas empiecen un periplo por diversas instituciones, centros de salud y comisarias que acaban en nada porque el itinerario a seguir es desconocido por eso aquí he resumido los pasos más importantes a seguir y una serie de recomendaciones que pueden ser útiles a las mujeres. 

Si existe la certeza de haber sufrido una agresión, lo ideal es acudir, lo más rápido posible, a una farmacia para someterse a un test de drogas. Esta prueba permitirá determinar si hay tóxicos en el organismo. Hacerlo es clave para poder interponer una denuncia, además de abrir la vía a realizar otras pruebas que permitan comprobar si ha existido una violación. Es importante que el test se haga rápido, ya que, según expertos en toxicología consultados, estas drogas desaparecen del organismo de una forma muy rápida.

Lo segundo es ir a un juzgado de guardia, en vez de ir a una comisaria; acudir con la misma ropa, sin haberse duchado ni lavado y a ser posible sin haber orinado. Ya que en estos casos las pruebas son cruciales porque la mayor y mejor prueba en una agresión sexual es la mujer en sí misma y su cuerpo, que puede estar plagado de pruebas que demuestren que ciertamente ha sido agredida y así poder incriminar al agresor. Además, siguiendo estos pasos es la forma de que la víctima pueda ser examinada por un forense y no por un médico de atención primaria que no esté especializado/familiarizado con la manera correcta de examinar a víctimas de agresiones sexuales, ya que un médico forense sí está formado para extraer pruebas clave, elaborar un informe pericial y poder garantizar la cadena de custodia de las mismas para presentarlas en el juicio ulterior. Otra vía para ello es que la víctima denuncie o que diga que quiere hacerlo cuando acude al centro sanitario porque sin denuncia o manifiesto expreso de querer hacerlo, el juez no activará el procedimiento forense. Y esto es muy importante porque cuantos más análisis, pruebas y exploraciones se realicen cuanto antes mejor garantizará que el proceso de enjuiciamiento acabe bien porque sin estas pruebas todo queda en manos del testimonio de la víctima que como pasa en estos casos siempre suele ser vago y difuso lo cual hace que la denuncia no prospere. 

Protocolos

En la actualidad existen diferentes protocolos a seguir en caso de que entre por urgencias médicas hospitalarias una víctima de agresión sexual pero estos protocolos varían en función de la comunidad autónoma en la que se encuentre. Por ejemplo, desde 2018 Madrid y Barcelona, tienen hospitales de referencia, La Paz y el Clinic, respectivamente. Aunque lo son solo para víctimas mayores de 16 años. Otras comunidades autónomas con protocolos son Cantabria desde 2017, y Andalucía desde 2020.

La unificación de protocolos es tan importante porque permite unificar criterios y procedimientos que garanticen eficazmente todo el proceso de recogida de muestras, interrogatorio a la víctima y el tratamiento de las pruebas, así como el personal que ha de encargarse de cada cosa.  Un protocolo único en el que estén establecidas debidamente las preguntas a formular a la víctima que permitan reconocer las situaciones en las que se ha dado la agresión y los síntomas que se presentan para poder así determinar que ha de realizarse un test de drogas por sospechas de estar ante una sumisión química. Por ejemplo, si la víctima tiene amnesia parcial/total, si perdió el conocimiento, si sufrió parálisis, si habla raro, si presenta alteración en la visión, somnolencia, confusión, etc. 

Entre las pruebas habituales están los análisis de sangre y de orina, aunque en la mayoría de casos de poco o nada sirven pues pasadas unas horas estas sustancias desaparecen. Solo una muestra del cabello puede probar que sí ha habido sumisión química, pues el tóxico sí permanece en él transcurrido el tiempo. El problema es que esta prueba no suele estar contemplada en los protocolos porque se precisa de la solicitud de un juez para que un forense la realice y para ello antes la víctima ha de interponer denuncia. Algo que no debería ser así. Con o sin denuncia se debería poder realizar esta prueba porque muchas víctimas no denuncian o acuden a los centros de referencia de manera inmediata y la prueba del cabello, por ejemplo, es buena para cuando ha transcurrido mucho tiempo ya que para realizarla con resultados fiables deben haber pasado de dos o tres meses (y que la víctima no se haya cortado el pelo) porque al estudiar el pelo desde la raíz se observa donde existe la acumulación del tóxico y así determinar que se corresponde con el momento de la agresión.  Sin embargo, la realidad es que el análisis del pelo muchos jueces y juezas deniegan la recogida de estas muestras por considerar que las víctimas llegan tarde (pasadas ya 72 horas), pero no debería ser así porque tomar esta decisión es resultado de la ignorancia científica en cuanto a la prueba del cabello se refiere, por no mencionar como operan en el imaginario colectivo los estereotipos de en cuanto como una víctima debe ser y debe actuar cuando realmente no existe ese tal estereotipo porque cada víctima reacciona de diferente manera. Unas denuncian inmediatamente, otras a los días, otras al mes siguiente…

La ministra de Justicia en unas declaraciones recientes anunció que se está trabajando en un protocolo único para toda España que permitirá recoger muestras del delito sin que la víctima denuncie previamente. Las muestras estarán bajo custodia hasta que el delito prescriba con el fin de que las víctimas puedan denunciar cuando se sientan preparadas, aunque esta medida todavía no ha sido presentada formalmente. Lo que sí ha hecho la ministra en una entrevista reciente al periódico El País, es decir que había pedido expresamente que se incluyan recomendaciones para las mujeres en futuras campañas. Cita literal: “He pedido que se elaboren consejos para las mujeres, para que sepan que no deben coger nunca una copa que le traiga un extraño, por ejemplo”. Una vergüenza pues una vez más se pone el foco en las mujeres y no en los hombres que son quienes comenten estas agresiones. Las campañas deben ir dirigidas a los hombres para que se enteren de una vez por todas que no se droga a las mujeres para abusar de ellas. Las leyes, son también muy importantes, y en este punto gracias a las movilizaciones feministas, desde 2016 con el caso de “la manada” de Pamplona, se ha conseguido que en el proyecto de Ley Orgánica de Garantía integral de la Libertad Sexual que se aprobó el pasado mes de julio en el Consejo de Ministros se introduzca expresamente como forma de agresión sexual la «sumisión química«. Además, se introdujo el agravante de género en estos delitos como estipula el Convenio de Estambul. 

                                                                     El patriarcado es un juez

que nos juzga por nacer,

y nuestro castigo

es la violencia que no ves.

El patriarcado es un juez

que nos juzga por nacer,

y nuestro castigo

es la violencia que ya ves.

Es feminicidio.

Impunidad para mi asesino.

Es la desaparición.

Es la violación.

Y la culpa no era mía, ni dónde estaba ni cómo vestía…

(“Un violador en tu camino”, Las Tesis)

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