Cuidado con el Nuevo Normal

Por Luis Díaz Allegue | Ilustración de ElKoko

Lo que hace un mes sería un escándalo ahora es lo “nuevo normal”. Se están produciendo ciertos cambios en la sociedad que se están convirtiendo en normales bajo la connivencia del gobierno y los medios de comunicación, y son realmente preocupantes. Enrich Fromme en su libro “La patología de la normalidad” realiza un estudio sobre que es lo normal y socialmente adaptado, relacionándolo con el contexto social y económico y como la sociedad puede acabar interiorizando ciertas conductas si el cambio es gradual.

Una metáfora utilizada normalmente es la del pastor y el puente. Un pastor utiliza un puente para cruzar el río todos los días. Si un día el puente desaparece el pastor se dará cuenta, sin embargo si cada día le van quitando uno a uno los tornillos del puente, el pastor no se dará cuenta pero el resultado será el mismo.

Mucha gente analiza lo que está pasando en Cataluña bajo los parámetros de la “Doctrina del shock” de Naomi Klein, y puede que tengan parte de razón, pero creo que no es del todo adecuado. Estos cambios vienen sucediendo desde hace varios años. Es un continuo derribo de los derechos adquiridos tras muchos años de lucha. El gobierno del partido popular lleva desde el 2011 sistemáticamente desmantelando los derechos de los trabajadores con su reforma laboral, el derecho a una sanidad y educación pública con recortes y privatizaciones e incluso el derecho a la manifestación con la ley mordaza. Por ejemplo, estas últimas semanas en las manifestaciones de la plaza del Sol por el derecho de Cataluña a decidir democráticamente su futuro, los policías pedían el DNI a las personas que se manifestaban, inculcando el miedo de que meses después les pueda llegar una multa porque la manifestación no estaba “debidamente convocada”, y utilizando ese miedo como forma de control social. Y ya lo vemos normal.

El movimiento nacionalista Catalán, nada tiene que ver con el nacionalismo de extrema derecha que vemos en casi todas partes de Europa

Sin embargo a esas mismas manifestaciones acuden grupos fascistas, de extrema derecha que amedrentan e insultan al resto de personas, con la absoluta connivencia de los policías presentes. A ellos no les piden el DNI. Se multiplican los ejemplos: manifestación por la “unidad de España” donde aparecen banderas con el aguilucho, saludos nazis y cánticos fascistas. Insultos, intimidación e incluso golpes a cualquiera que pase por su lado y no piense igual que ellos. El líder de la Falange dando un discurso en Zaragoza, nazis golpeando a manifestantes el 1 de Octubre en Valencia, y sucede mientras el gobierno no condena estos actos, más bien al contrario: el portavoz del PP en el congreso, Pablo Casado dijo que quizá Puigdemont podría acabar como Companys. Fuera amenaza o ignorancia es irrelevante: es inadmisible. Y se ha convertido en el nuevo normal.

Aunque estemos en completo desacuerdo con el movimiento independentista, aunque seamos internacionalistas, aunque denostemos a la élite y al Parlament que ha actuado saltándose normas establecidas y aboguemos por la redistribución de riqueza que la independencia rechaza, tenemos que dejar algo claro: El movimiento nacionalista Catalán, nada tiene que ver con el nacionalismo de extrema derecha que vemos en casi todas partes de Europa. No tiene ningún gurú o líder fuerte, sino que tiene algo de casi todas las ideologías que se podrían nombrar. Es un movimiento sin violencia alguna y  transversal. Un movimiento desde abajo que ha hecho unirse a un grupo de jóvenes anarquistas, un partido conservador liberal y un partido de izquierda comprometido en cambio, a mejorar el estado de bienestar.

Y esta transversalidad es su mayor fortaleza y a la vez su mayor debilidad. Porque es fácil que se divida y desintegre si se discute algo más allá que el objetivo último de la independencia en sí mismo.

Algo parecido le pasa al nacionalismo español, al que solo lo une una cosa: la unidad de España. No en vano, el golpe franquista se llamó Alzamiento Nacional, la Guerra Civil que desató se bautizó como Cruzada Nacional, y el régimen dictatorial de partido único, Movimiento Nacional.

Este nacionalismo español, siempre latente, se esta viendo autorizado por el repliegue que han hecho todos los poderes fácticos, entre ellos el Rey Felipe VI, arropado por el bloque monárquico. Este repliegue ha llevado a la aplicación de artículo 155 de la Constitución. Mariano Rajoy se va a convertir en el presidente número 131 de la Generalitat de Catalunya. Si, ese mismo Mariano Rajoy que ha tenido que declarar delante de un juez por el caso Gürtel, caso del cual no estamos enterando de sus novedades, por muy importantes que sean, como que el propio fiscal confirme que “era una actividad duradera para delinquir y apropiarse de fondos públicos”.

Cabe la posibilidad de que cuando se aplique el 155 las empresas retornen sus domicilios sociales y Montoro abra la mano con una fuerte inversión en Cataluña, para intentar crear el relato de que se está mejor bajo control estatal

Y en esta oleada se llevan el control de TV3 y la educación catalana, y es que el repliegue esta siendo contundente. Si al final se convocan elecciones en 6 meses, no se permitirá un resultado que deje una situación similar a la actual. Ya se están lanzando globos sonda como que se pueden ilegalizar los partidos independentistas por la ley de partidos, como insinuó Xavier García Albiol. O que el 155 se puede aplicar en otras comunidades como ha dicho recientemente el delegado del gobierno en Castilla La Mancha si el acuerdo PSOE-Podemos no convence en Génova trece, o más recientemente la presidenta del PP de Navarra, Ana Beltrán, que ha dicho: “La actuación del Govern en Catalunya se puede extrapolar a Navarra”.

Y estas declaraciones que ahora mismo parecen una locura, dentro de unos meses pueden pasar a formar parte del nuevo normal. Cabe la posibilidad de que cuando se aplique el 155 las empresas retornen sus domicilios sociales y Montoro abra la mano con una fuerte inversión en Cataluña, para intentar crear el relato de que se está mejor bajo control estatal, y que no es necesario el autogobierno. No será más que un truco para engañar.

Porque por muy fuerte que esté siendo este repliegue y la contundencia con la que se aplique dicho artículo, seguirán quedando más de 2 millones de catalanes que necesitan una salida política, por mucho que quieran negarlo desde el gobierno. España es plurinacional y deben de aceptarlo. Se necesita una solución dialogada que pasa inevitablemente por un referéndum pactado, que es la única forma de conocer con claridad que piensan los catalanes. Y se debe abrir un debate sincero sobre la Constitución, para que se adapte a la sociedad moderna española.

Debemos exigirlo. Y debemos de hacerlo para proteger la democracia y para ser nosotros los dueños de nuestro futuro y que el bloque monárquico no nos imponga su visión, convirtiéndolo en el nuevo normal.

Para que no nos despertemos un día y el puente ya no esté allí.

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