Cuentos del arañero

Por Daniel Seixo

«Váyanse al carajo yanquis de mierda que aquí hay un pueblo digno, aquí hay un pueblo digno, yanquis de mierda, váyanse al carajo 100 veces, aquí estamos los hijos de (Simón) Bolívar, de Guaicapuro (líder indígena local) y de Tupac Amarú. Nosotros estamos resueltos a ser libres«.

Hugo Chávez

«Es claro, público, notorio y conocido que Venezuela es centro de una guerra mundial del imperialismo norteamericano y sus satélites, pero nos queda fuerza para muchos años«.

Nicolás Maduro

«Todos los pueblos del mundo que han lidiado por la libertad han exterminado al fin a sus tiranos».

Simón Bolívar

27 de junio de 2017, un grupo de miembros de la policía venezolana, liderados por el terrorista Óscar Pérez, lanzan varias granadas desde un helicóptero policial contra el edificio del Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela. Óscar Pérez y su célula terrorista terminarían siendo abatidos el 15 de enero de 2018 en el transcurso de la Operación Gedeón.

El 4 de agosto de 2018, durante el acto por la conmemoración por los 81 años de la creación de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) se producen varias explosiones mientras Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, daba un discurso en la Avenida Bolívar en Caracas. La seguridad presidencial reacciona rápido y escuda al mandatario con chalecos de kevlar, siete cadetes de la GNB resultan heridos, mientras que Nicolás Maduro y su gabinete salen ilesos del ataque con drones. La Operación Yunque-Martillo resulta un fracaso, el intento de magnicidio es condenado tímidamente por diversos países occidentales, mientras tanto sus medios de comunicación apenas dan cobertura al ataque terrorista.

23 de febrero de 2019, el autroproclamado Juan Guaidó con el respaldo político de Colombia, Estados Unidos y la Unión Europea, intenta atravesar la frontera entre Colombia y Venezuela con un supuesto cargamento de ayuda humanitaria que únicamente ha estado coordinado por el multimillonario británico Richard Branson, al tiempo que un macroconcierto se celebra del lado colombiano de la frontera, las autoridades venezolanas se ven obligadas a rechazar a grupos de guarimberos violentos que terminan por prender fuego a los camiones con alimentos. Durante estos hechos, un número indeterminado de los miembros de las fuerzas de seguridad venezolanas deciden desertar de sus obligaciones cruzando la frontera a Colombia. Actualmente sobreviven en las calles colombianas sin respaldo alguno de las autoridades de aquel país o decepcionados con el sueño de las democracias otanistas han regresado a Venezuela. “Washington traditoribus non praemiat”

30 de abril de 2019, una insurrección de líderes opositores y tropas militares se levanta con la intención de derrocar al gobierno de Nicolás Maduro. En medio de la crisis política que vive el país y tras meses continuados de violencia callejera, se desarrollan focos golpistas en varias ciudades. El levantamiento es dirigido por Juan Guaidó y a sus órdenes se encuentran contados efectivos militares y policiales que logran liberar a Leopoldo López, tras la “sorpresa” inicial del levantamiento, las fuerzas opositoras comprenden el claro fracaso del mismo y tanto Guaidó como López huyen buscando refugio en el entorno OTAN. Quizás en este punto  Mike Pompeo y las autoridades estadounidenses se percatan de que han apoyado al sector más inepto de la oposición venezolana, el mayor favor a Nicolás Maduro se llama Juan Guaidó.

10 de mayo de 2020, el gobierno venezolano incauta varias lanchas militares pertenecientes a un intento de invasión del país desde Colombia. Durante los siguientes se producen enfrentamientos y se especula con la posibilidad de la llegada de tropas enemigas a territorio venezolano. Finalmente nada de eso sucede, las autoridades y el pueblo de Venezuela continúan su proyecto social bajo el embargo de activos, los boicots, los sabotajes, la presión mediática y política internacional, las sanciones y la violencia callejera alimentada por la oposición. La economía sufre varapalos cada semana, escasean productos y geopolíticamente las cosas se complican con la ola reaccionaria que vive el continente, pese a ello la cobertura social sigue presente en el país, las autoridades maniobran para hacer frente a la guerra económica de cara a garantizar el sustento del día a día de sus ciudadanos y misiones como la Gran Misión Vivienda Venezuela (GMVV) sobrepasan los 3 millones de hogares construidos y entregados con todo su equipamiento a los sectores más desfavorecidos del país. Tampoco la actual pandemia golpea a Venezuela como sí lo hace con Brasil, Colombia, Ecuador o incluso Estados Unidos, la Revolución Bolivariana utiliza su experiencia con la eterna crisis impuesta que padece el país para organizar a la ciudadanía y atender rápidamente cualquier amenaza fruto del virus. Mientras tanto, en el campo internacional colabora con países como Cuba, China o Rusia, demostrando que existe vida más allá de un occidente capitalista que sufre en sus propias carnes la peor cara del coronavirus.

Este 6 de diciembre en Venezuela el pueblo vuelve a elegir su destino, no lo harán las armas como en Bolivia, ni los tribunales o las traiciones partidistas como en Brasil o Ecuador, lo harán millones de venezolanas y venezolanas acostumbrados a resistir todas las presiones imaginables para seguir apoyando un proceso político iniciado hace décadas, conducido valerosamente por Hugo Chávez y heredado de forma valiente y precisa por Nicolás Maduro. Pocas presidencias son más duras en este planeta que la de Venezuela, resulta incluso cómico llegar a pensar que un inepto o un iletrado puede llegar a doblegar en tantas ocasiones el pulso homicida lanzado por Washington y Bruselas. Maduro no es la caricatura que en Occidente estamos acostumbrados a encontrarnos en nuestros informativos, sino más bien todo lo contrario, esa imagen del líder venezolano en la supuesta prensa seria de España, es la clara caricatura de nuestro propio país. Nos estamos acostumbrados a los proyectos transformadores, ni tampoco somos muy dados a analizar realidades distintas a las nuestras poniendo nuestros pies en las huellas de otros pueblos. Simplemente nos tragamos la propaganda que nos lanzan, situamos a esos indios en el parte perversa y execrable del western que nos han contado y sancionamos y aplaudimos las dificultades de un pueblo y un gobierno que reúne más dignidad en un segundo de su sola existencia que toda la izquierda europea en las últimas cuatro décadas.

Resulta sencillo por estas latitudes encontrar reproches contra la revolución bolivariana, unos la acusan de dictadura castrochavista, mientras que otros resaltan su supuesto abandono al capitalismo y su poco rigor revolucionario, unos y otros hablan de Venezuela sin entenderla, ni pretendiendo hacerlo. Nada sabes ellos de los millones de venezolanos que hasta la llegada de Hugo Chávez ni tan siquiera eran considerados como tal. La conquista de la identidad en la Venezuela chavista consistió en convertir en ciudadanos a millones de hombres y mujeres que hasta ese momento vivían al margen de su propio estado. Su identidad se forjó entonces con el acceso a la sanidad, la educación, las prestaciones sociales y a la democracia, no se traba de luchar por ser más diversos, sino de una lucha por la igualdad en medio de la diversidad humana. El acceso a las universidades, el agua corriente, la dignidad de los indígenas, las razas, los sexos, ese era el horizonte de la revolución en Venezuela y lo sigue siendo a día de hoy: una revolución ilustrada y basada en el amor. No nos equivoquemos, hoy como ayer el pueblo venezolano está preparado para repeler cualquier invasión, pero es el amor a una causa justa lo que hace hasta hoy irreductible el espíritu bolivariano. Pero harían bien sus enemigos en recordar que la amenaza de un nuevo Vietnam jamás dejará de estar presente, vive junto al recuerdo de Chávez en cada palma del terreno de la patria de Bolívar.

A Venezuela nunca le van a poder perdonar ser la revolución de los desheredados, la tierra que dignificó la figura del libertador Simón Bolívar y plantó cara al proyecto del imperialismo estadounidense en América Latina, para abrir la puerta a la posibilidad de un continente libre. Nunca le perdonarán a la revolución de Chávez el lograr transformar la vida de los trabajadores y trabajadoras venezolanos y demostrar con ello que los proyectos de transformación al margen del capitalismo son posibles, por ello y no por otra cosa nunca cesarán en sus ataques a este pueblo tal y como hemos visto en el inicio de estas mismas páginas. Pero olvidan que por esa misma razón, nunca el pueblo venezolano dará su brazo a torcer. Nunca abandonará a una revolución que es la suya propia, construida con sus lágrimas y su sangre. No sé lo que sucederá durante el día de hoy en las urnas, aunque confío en una victoria del pueblo de Venezuela, una nueva victoria chavista, una victoria de la revolución bolivariana. No lo oculto. Pero suceda lo que suceda, sé que no cesarán los ataques imperialistas, como también sé que se redoblará la fuerza revolucionaria de un pueblo digno y valiente. Hoy en Venezuela se sigue luchando por un mundo mejor, por un horizonte más allá de la imposición capitalista. Por una revolución llamada a transformar la realidad de un pueblo.

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