Cuba antes de la Revolución: El casino y prostíbulo de Estados Unidos

La Habana. Richard Nixon (izquierda) junto al dictador Fulgencio Batista (derecha) en una cena en el palacio presidencial cubano. 8 de febrero de 1955

Mientras una minoría privilegiada vivía en la opulencia más absoluta, el pueblo cubano sufría una de las mayores desigualdades sociales de América Latina.

Por Ricardo Guerrero | 23/05/2026

Antes del triunfo de la Revolución en 1959, Cuba era una neocolonia sometida a los intereses de Estados Unidos. Bajo la dictadura de Fulgencio Batista, el país se caracterizaba por una corrupción extrema y una subordinación total al capital extranjero. La Habana se transformó en el principal casino y prostíbulo del Caribe: hoteles de lujo, cabarets y casinos controlados por la mafia estadounidense, donde miles de mujeres cubanas eran explotadas para entretener a turistas yanquis.

La mafia mandaba en La Habana. Meyer Lansky, uno de los principales jefes de la mafia judía estadounidense, actuaba prácticamente como “ministro del juego” de Batista. Recibía un salario anual de 25.000 dólares y supervisaba personalmente las operaciones de juego.

El dictador Fulgencio Batista (izquierda), junto al capo de la mafia estadounidense Meyer Lanksy y su mujer.

Junto a figuras como Santo Trafficante Jr. (dueño del casino del Hotel Sans Souci), Lucky Luciano y otros capos, la mafia invirtió cientos de millones de dólares en establecimientos como el Hotel Nacional, el Riviera, el Tropicana y el Capri. Batista recibía jugosas comisiones de cada casino, y su gobierno igualaba dólar por dólar las inversiones hoteleras superiores al millón de dólares a cambio de licencias de juego. La corrupción era tan descarada que la mafia operaba con total impunidad, convirtiendo a Cuba en su paraíso de lavado de dinero, prostitución y juego ilegal.

Mientras una minoría privilegiada —latifundistas, empresarios corruptos y altos funcionarios— vivía en la opulencia más absoluta, el pueblo cubano sufría una de las mayores desigualdades sociales de América Latina. El coeficiente de Gini en 1959 rondaba el 0,55-0,57, lo que reflejaba una distribución extremadamente desigual de la riqueza.

Familia cubana guajira (campesina) en los años 50.

En el campo, donde vivía cerca del 43% de la población, la situación era dramática. Solo el 0,5% de las fincas controlaban más del 36% de la tierra cultivable. Más de 147.000 familias campesinas apenas sobrevivían con ingresos mensuales promedio de menos de 70 pesos. El desempleo y subempleo afectaba a cientos de miles de guajiros, especialmente durante la época de “tiempo muerto” de la zafra azucarera, cuando solo trabajaban 3-4 meses al año. El analfabetismo rural alcanzaba el 41,8%, frente al 11,6% urbano. Malnutrición, falta de atención médica y vivienda precaria (bohíos) eran la norma en las zonas rurales.

Años 50. Un niño sentado en una aldea conformada por precarias chozas en la Sierra Maestra, en el este de Cuba. Foto de Elizabeth Frey | Three Lions | Getty Images

En las ciudades, especialmente en La Habana, brillaba el lujo para unos pocos, mientras barrios enteros vivían en la miseria. Esta brutal brecha entre una élite que disfrutaba de mansiones, autos importados y fiestas en casinos, y un pueblo sumido en la pobreza, el desempleo y la humillación, generó un descontento profundo.

La represión de Batista fue feroz. Su policía y militares torturaban, asesinaban y desaparecían opositores. La miseria material, la desigualdad extrema, la corrupción con la mafia y la pérdida de dignidad nacional fueron la chispa que encendió la Revolución. El pueblo cubano, harto de ser tratado como una finca más de Washington, encontró en Fidel Castro, el Che Guevara y los barbudos del Movimiento 26 de Julio la esperanza de justicia social y soberanía.

Hoy, el imperialismo busca restaurar su casino. Más de seis décadas después, Estados Unidos sigue empeñado en recuperar lo que perdió en 1959. Con el bloqueo económico, la subversión y el apoyo a la contrarrevolución, busca debilitar la Revolución para volver a convertir a Cuba en su casino, su prostíbulo y su fuente de ganancias.

Washington busca arrebatar la soberanía cubana, privatizar los recursos del pueblo y devolver a los cubanos a la condición de siervos de la mafia y los grandes capitales yanquis. La Revolución Cubana, pese a sus dificultades y errores, devolvió la dignidad a un pueblo que se negó a seguir siendo el burdel del imperio.

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