Cuando los humanos se conviertieron en máquinas

Por María Sánchez Arias

Los seres humanos, los individuos o los ciudadanos son, ante todo, algo muy distinto a una cosa, a un objeto. Al menos, si queremos que la ética y, por ende, la justicia y la igualdad se puedan tomar en serio, pues, de otra manera, no habría fundamento que sostuviera dichos valores y eso conduciría a la cara más horrible del nihilismo. Esto es, los humanos han de ser sujetos, puesto que, de ser cosas, ya no serían sujetos de derecho y de derechos. Del mismo modo, el capitalismo junto con el liberalismo intentan destruir aquella concepción kantiana que fue uno de los fundamentos de la Modernidad y la Ilustración, es decir, que los seres humanos son un fin en sí mismo y no un simple medio para la consecución de un fin. Solo asumiendo esto, aunque sea de manera cuasi dogmática, es posible establecer la dignidad, puesto que, si se es un medio, se es una cosa, un objeto, es imposible considerar al ser humano como un individuo autónomo. Ello, sumado al hecho de lo que Ortega considera moral como estructura (la obligación de elegir y, consecuentemente, la libertad) se pueden defender conceptos como la justicia y la igualdad. Pero, volvamos, muy a mi pesar, al capitalismo y, ¿por qué no?, al patriarcado.

Los recursos humanos, de la famosa teoría y gestión de la empresa, es un concepto que intenta deshumanizar al hombre, convertirlo en un simple recurso para un fin determinado, el beneficio de la empresa

El capitalismo y el patriarcado intentan y, por desgracia, consiguen convertir al hombre en mercancía y, consecuentemente, en objetos mediante la concepción actual del trabajo, el valor social o la presión estética. Estos procesos eliminan cualquier posibilidad de ser algo más que la carcasa, la forma perceptible y, de la misma manera, validan a la mujer, al hombre solo en relación con su función en una estructura empresarial, en el mercado “sexual” o en la red social de turno. Los recursos humanos, de la famosa teoría y gestión de la empresa, es un concepto que intenta deshumanizar al hombre, convertirlo en un simple recurso para un fin determinado, el beneficio de la empresa. Y no siendo suficiente esta cosificación, el marketing empresarial intenta hacernos creer que nosotros, nuestras capacidades, son parte indispensable de la empresa, si bien ser tan sumamente imprescindibles no les impide despedirnos o darnos un mísero sueldo por una jornada de ocho horas que siempre acaba siendo superior a lo estipulado en el convenio y que, si lo pensamos, tampoco permite tener vida más allá del trabajo. Añadir que no hace falta decir que los beneficios obtenidos con nuestro trabajo muy probablemente serán superiores al sueldo percibido. De igual modo, su existencia, según ellos, es necesaria y nosotros, ejerciendo una supuesta libertad, somos los que decidimos aceptar o no.

No obstante, el “morirse de hambre” es un gran condicionamiento a la hora de aceptar o no ciertas prácticas empresariales. Igualmente, la empresa es un sistema natural, pues solo mediante la naturalización de conceptos eminentemente sociales y/o culturales, se puede hacer creer que una institución que implica la alienación del hombre es inamovible y que no hay posibilidad de cambio, ya que el hombre “compite” por naturaleza, entre otras tantas cosas. Asimismo, nosotros caemos en sus dinámicas, ya sea por la obligación laboral, ya sea por conseguir likes en Facebook o hacer un match en Tinder. Ya nos avisó Gramsci de la hegemonía del poder, pero ¿qué más se puede hacer para salir de esta dinámica? Nadie puede responder totalmente a esta pregunta. No obstante, sí que podemos, en la medida de lo posible, decir que “no”. Negarnos a comerciar con nuestro cuerpo, con nuestro “yo”, negarnos a ser parte del mercado, si bien, como ya se dijo, a veces, hay que seguir existiendo y, de momento, para ello es necesario satisfacer necesidades que la biología no nos perdona.

One thought on “Cuando los humanos se conviertieron en máquinas

  • 16/02/2018 at 7:56 pm
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    Mi apoyo este articulo

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