Corrigiendo el rumbo 1: Después de los primeros conciertos.

Por Arc

En un mes y medio hemos dado nuestros tres primeros conciertos, y ya podemos sacar un puñado de conclusiones. Creo que el balance global es positivo, pero también arroja una verdad innegable: Vamos a tener un montón de trabajo por delante, si queremos exprimir nuestro margen de mejora. Luego, tendremos tiempo de averiguar si el potencial da para mucho más o si nos daremos con el cogote contra el tope cuando se nos ocurra ponernos en pie. Ahora mismo, estoy seguro de que estamos muy por debajo de lo que podemos hacer, así que no hay excusas para no seguir tirando.

Fotografía de Álvaro Carlier en uno de nuestros primeros conciertos

Hay cierta base. Cuando tocamos, no suena un estruendo ininteligible ni nos pasamos la representación mirándonos unos a otros sin saber qué hacemos. Incluso disfrutamos y sentimos lo que tocamos. Hay cagadas, ¡por supuesto que las hay! Nos hemos cruzado un par de veces y hemos tenido que respirar hondo para retomar la senda de la canción y evitar el descarrilamiento total. Sería estupendo poder ensayar hasta eliminar toda posibilidad de error, pero no vamos a esperar a que eso sea posible para dar más pasos.

Los nervios de algunos de nosotros se han ido domesticando. Nos las vemos con públicos que, al menos por ahora, son poco numerosos y muy amigables. Eso ayuda, pero también vamos ganando en confianza poco a poco hacia los demás integrantes. En todo caso, cada pequeña experiencia da un buen empujón para ir quitando los temores escénicos. Creo que esto es solo una cuestión de acostumbrarse, en la gran mayoría de los casos.

En definitiva, hemos notado una mejora del primer concierto al segundo y de este al tercero. La puesta en escena ha sido cada vez más dinámica y coordinada, y también se fueron puliendo detalles a nivel de ejecución y sonido.

Las reflexiones más determinantes vienen de comprobar qué funciona mejor y qué peor, en el supuesto de una ejecución sin sobresaltos. Se van viendo fragmentos del setlist que son sólidos y funcionan, que enganchan a los espectadores y que nos creemos totalmente, pero también tengo la sensación de que algunas piezas son endebles o incluso difíciles de asimilar como intencionadas en el contexto de una primera escucha (no acabas de saber si es un rollo raro o es que nos hemos equivocado). Luego, están algunos arreglos excesivamente exigentes que requieren una revisión más sabia, ahora que los hemos sometido al banco de pruebas del directo.

Con todo esto en mente, se me ocurren varios puntos en los que vamos a poner el acento a partir de ahora:

  • Deberíamos modificar o reemplazar las partes del repertorio que no terminan de funcionar como esperábamos. Se trata de manejar los ritmos, como en una película, y puede que estemos comenzando y terminando algo flojos. Esos dos momentos son muy importantes, esto no es un pan de molde.
  • Tenemos que reducir la exigencia o complejidad cuando esta es excesiva o innecesaria. Es importante tocar cómodos y con un margen entre lo que podemos hacer y lo que vamos a hacer. Es preferible perseguir la eficacia que la floritura gratuita. Muchas veces “menos es más”. No se trata de batir ningún récor. Eso se lo dejamos a otros.
  • El metrónomo nos permitiría un salto enorme en solidez y seguridad. Tenemos que plantearnos cómo lo vamos a incorporar a nuestros ensayos y conciertos.
  • La charla entre temas, cuando la hay, debería estar un poco más pensada. Si me permito demasiada improvisación, termino diciendo tonterías muy estúpidas, y corriendo el riesgo de sacar al público de una teórica ambientación.
  • Dicho eso, no estaría mal empezar a plantearse algún tipo de atmósfera. Puede que no inmediatamente, pero sería lo suyo ir pensando en elementos que hagan de nuestros conciertos algo más especial.

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