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Entrevistamos a Construimos Escaleras, otra banda emergente de la escena malagueña que confirma que esta ciudad andaluza es mucho más que un destino turistico
Por Angelo Nero | 23/09/2026
Algo se está cociendo en Málaga, más allá de los pisos turísticos, la gentrificación y de la masificación de sus arenales, una escena musical alternativa, en la que se mezcla el punk con el flamenco, la psicodélica con los ritmos latinos, y que está germinando en proyectos como Orina, La Trinidad o Construimos Escaleras, que cuyo debut ha sido Fuerte, un single que ha pegado en esa escena malagueña que ignora los cantos de sirena del monocultivo turístico, que también entiende a la cultura como parte del negocio, y busca su propio espacio musical. Ellos son Iván (caja de ritmos, rototoms), Samu (bajo), Fausto (saxo alto, guitarra) Paul (sintetizador, saxo tenor), y Nilsson (voz, guitarra). Ahora presentan su primer álbum, Ecléctico y al pie, editado por Caries Records (el sello dirigido por Carlangas, de Novedades Carmiña), donde no ocultan su vocación por los ritmos más bailables, pero donde también crean atmósferas más introspectivas.
Construimos Escaleras tiene una propuesta sonora en la que parece hacer burla de las etiquetas, bebéis a morro de la psicodelia, o del post-punk, del garage o de funk más bailable. ¿A que puede parecerse vuestro sonido? ¿o tal vez os molesta que os puedan comparar con algún grupo?
Para nosotros ha sido un debate que hemos abierto muchas veces, creemos firmemente que no puedes crear sin venir de algo. A la hora de componer el álbum, estábamos muy dentro de toda la escena de Nueva York de finales de los 70s. Tanto Talking Heads, las ESG, Lizzy Mercier, Liquid Liquid y demás. Es obvio que estos grupos han tenido bastante influencia dentro del disco, igualmente la intención nunca ha sido sonar a nadie.
Nilsson defiende mucho su forma de componer, tiene sus pautas, sus limitaciones y sus ralladas. Para él crear tiene dos etapas muy importantes, retener y vomitar. En la primera puede estar consumiendo cualquier tipo de arte de forma muy activa pero no suele componer de seguido. Cuando llega la etapa de vomitar es todo lo contrario, suelta todo y consume de una forma mucho más pasiva. Y mientras compone se prohíbe revisitar sus referencias porque dice que lo que le gusta ya lo tiene dentro de su cabeza, si revisita durante este proceso se come la cabeza pensando que suena demasiado parecido a sus referencias o demasiado poco. Se le va un poco la cabeza con estas cosas, pero es un tío majo y lo queremos así.
Gritasteis Fuerte, gritasteis Basta y pusisteis en órbita a vuestro barrio de Fuente Olletas a Cortinahogar. Tres hostias como panes que anunciaban que se venía algo grande. ¿Cómo se gestó vuestro primer disco? ¿cual ha sido la aportación de Adrián L. Caminata en producción, y de Raúl Pérez en mezcla?
Este disco nació en un garaje, muy cerca del rótulo de la tienda de cortinas que da nombre a una de las canciones del álbum, Cortinahogar, en el barrio de Olletas de nuestra Málaga natal. Durante meses estuvimos trabajando las maquetas allí. Apenas cabíamos los cinco para grabar, pero supongo que precisamente esas son las cosas que le dan algo de romanticismo al asunto. Quién sabe si el disco habría salido igual de haber tenido más espacio.
Adri, amigo, productor y guitarrista de Orina, fue prácticamente un sexto miembro del grupo durante el proceso. Le dimos una vuelta a las maquetas en el estudio que tiene en casa, junto a su gato Supersol, y estuvimos un par de meses sin parar. Nos ayudó a reinterpretar algunas canciones, a probar cosas que seguramente nosotros solos no habríamos probado y, sobre todo, a quitarnos un poco la visión de túnel que a veces tienes después de llevar tanto tiempo escuchando las mismas canciones. Y por supuesto, metió unas cuantas frikadas de las suyas.
Con Raúl pasó algo parecido en la mezcla: consiguió coger todo lo que habíamos ido construyendo durante meses y darle una forma más definitiva. Creo que era importante que el disco mantuviera la suciedad y la energía con la que lo habíamos hecho, pero que al mismo tiempo todo tuviera su sitio. Raúl entendió bastante bien por dónde queríamos ir y eso se nota en el resultado.
En la emergente escena malageña, ¿que grupos y salas señalaríais como imprescindibles para que surgiera Construimos Escaleras? ¿es difícil abrirse paso en Málaga, entre tanta oferta cultural destinada al turismo, para hacer oír una propuesta musical como la vuestra?
En Málaga hemos aprendido a autogestionarnos y ayudarnos entre los que estamos. Para nosotros es muy importante tener espacios como el CSA Las Vegas, que tienen propuestas realmente alternativas y que buscan beneficiar a los artistas. Nos sentimos muy cómodos con su forma de trabajar y con el espacio tan bonito que han creado. También son muy necesarios los bares como El Muro o el Drunkorama, al final allí es donde nos juntamos.
También siempre echan un cable con la promoción y también actúan como promotores organizando conciertos en la ciudad donde traen a grupos que no hubieran pasado por aquí de no ser por ellos. Gracias a Dani del Drunko pudimos conocer a Ale y Eva de Dear Joanne, nuestras compis en Caries Records.
Más allá de la escena musical de vuestra ciudad, ¿cómo veis el panorama musical alternativo, en Andalucía? ¿Hay un circuito de salas y conciertos donde poder mostrar vuestros proyectos y conocer a otras bandas con las que sintonizar?
Andalucía se mantiene principalmente gracias a la autogestión. Estamos bastante limitados en ese aspecto porque, exceptuando Sevilla, donde sí hay más infraestructura de salas y es más fácil que se genere un circuito, el resto de ciudades apenas tienen espacios donde tocar. Esto hace que a los grupos andaluces les resulte complicado arrancar y, al mismo tiempo, que sea difícil que bandas de fuera bajen a tocar. Al final, se genera poca cultura de concierto y de música en directo.
La parte buena es que, dentro de todas estas limitaciones, hemos conocido a personas increíbles que dedican su tiempo libre a montar espacios autogestionados y a luchar por hacerle un hueco a la cultura en ciudades que cada vez están más volcadas hacia el turismo y el extranjero. Y creemos que ahí es donde realmente se está construyendo una escena.
Nosotros como músicos nos damos cuenta cuando tocamos fuera. Hay otras comunidades autónomas donde tienen más facilidades y donde las condiciones mejoran notoriamente en comparación al sur, y es una pena porque nos encanta nuestra tierra. Hay que seguir luchando.
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En cuanto a los directos de Construimos Escaleras, que imagino es vuestra razón de ser, ¿cómo está siendo la respuesta del público?
El directo es probablemente donde más sentido tiene todo esto. El disco lo hicimos sin llegar a ensayar ni una vez y luego hubo que descubrir cómo llevar aquello a un escenario, las canciones han ido cambiando bastante desde que las grabamos. El disco en principio está pensado para que fuese solo una guitarra, si no me equivoco solo hay un momento en el que suenan dos a la vez. El coleguilla Fausto en un principio tocaba un teclado, su saxo y ya, pero por cosas de la vida dejó las teclas y se fue a la guitarra. Decisiones de este palo se han ido tomando desde la primera vez que ensayamos y a día de hoy seguimos cambiando cosas, en parte es de lo que más nos gusta de este proyecto, lo sentimos como un organismo muy vivo y que lo mismo un día le da por la caja de ritmos, sintes y otro día por la batería y todo muy orgánico.
La respuesta está siendo muy bonita. Sobre todo, porque hay gente que viene a los conciertos sin conocernos demasiado y acaba entrando en el juego. Al final hacemos bastante ruido para ser cinco personas y tenemos la suerte de que la gente se deja llevar.
¿Que conciertos recordáis con más emoción o cual fue el más extraño, quizás el Minicaries?
Por emoción capaz esté entre Minicaries y Monkey Weekend. Porque el Minicaries era subir a que conociéramos en persona a Carlos y a Natalia, estar con ellos, darle unos toques al balón, echarnos unas cerves y fue muy bonito. Además, la primera vez que tocaron juntos Fausto, Nilsson y Paul fue en la sala Sol así que era nostálgico y todo. Si a esto le sumas que fue tocar para niños fue super divertido, salimos con cascos de escalera diciendo que veníamos del planeta escalera y los niños estaban con unas caras de asombro que era súper divertido. En cambio, el Monkey fue la primera vez que tocamos en un festi, en un sitio tan chulo como es el Puerto de Santa María y además coincidimos con un montón de amigos que conocíamos por ahí, también nos hicimos coleguillas de muchos otros súper majos, entonces está ahí, ahí.
Por extraño sin duda Minicaries, tocar para niños es una cosa muy bonita pero muy rara, cuando tocas para gente normalmente les miras las caras y sabes si lo que haces le está entrando o no. Leer la cara de un niño es misión imposible, cuando terminamos no teníamos ni idea de si les había gustado o no, luego muchos padres nos escribieron que los hijos les habían dicho que querían aprender a tocar el saxo después de vernos y nos alegramos mucho, una niña nos robó hasta el setlist jajaja esa chiquilla llegará lejos. También es muy rara la sensación de tocar por la mañana, salir de la sala Sol y ver que es de día.
Nos guardamos un recuerdo súper especial de este concierto.
También el arte gráfico y lo audiovisual es una parte destacada de vuestro proyecto ¿que importancia le dais a esto y quien está detrás de vuestra parte más visual?
Para nosotros forma parte del mismo proyecto. Nunca hemos entendido demasiado bien eso de hacer primero las canciones y después ponerles una portada y ya está. Si vamos a hacer el tonto, preferimos hacerlo en todos los formatos posibles.
Intentamos que haya una especie de lenguaje común entre la música, las portadas, los vídeos, los conciertos y hasta las pequeñas cosas que hacemos alrededor del grupo. No necesariamente que todo tenga que parecer igual, sino que todo parezca que viene del mismo sitio.
En la parte visual hemos tenido la suerte de rodearnos de gente que entiende bastante bien lo que hacemos y que además nos permite hacer cosas que nosotros solos probablemente no haríamos. Carmen, por ejemplo, si hemos dicho antes que Adri es la sexta escalera Carmen sería la séptima. Se ha involucrado de una forma brutal, dando una cantidad de ideas loca, siempre nos ha entendido super bien, y ella parece que se lo pasa muy bien aportando. El videoclip de Corre por ejemplo lo hizo Carmen con amigos suyos sin decirnos nada, pero encaja tan bien con nuestra vibra que entraba solo.
También nos gusta bastante trabajar desde la idea de «vamos a probar esto y ya veremos». Algunas cosas salen bien y otras son una mierda, pero forma parte del proceso. Supongo que tenemos un poco esa filosofía también con las canciones.
Vuestras letras tienen un aire divertido y gamberro, pero no esconde una ácida crítica social, ¿se puede criticar a la vez que reírse de este sistema, y además rescatar aquello de “si no puedo bailar, no es mi revolución” que decía Emma Goldman? ¿Qué papel debería desempeñar la cultura frente a problemas como la precariedad, la desigualdad o la pérdida de derechos?
Nos cuesta bastante separar una cosa de la otra. Si estamos hablando de cosas que nos afectan o que vemos alrededor, tampoco queremos hacerlo desde una solemnidad que no tenemos. Muchas veces nos hace más gracia señalar algo absurdo que explicarlo durante tres minutos.
También creemos que el humor no tiene por qué quitarle importancia a una cosa. Puedes estar hablando de algo bastante jodido y al mismo tiempo hacer una canción que te apetezca bailar. De hecho, probablemente sea una de las contradicciones que más nos gustan.
No creemos que una canción tenga que solucionar nada ni que una banda tenga que venir con un manual de instrucciones sobre cómo vivir. Pero sí nos mola que la cultura sea un espacio donde puedan aparecer esas cosas: hablar de lo que está pasando, exagerarlo, reírse de ello, transformarlo o simplemente compartir una experiencia.
Vemos la cultura como un espejo del mundo, si quieres saber cómo se comporta una sociedad, como son sus necesidades o cualquier cosa; simplemente fíjate en la música que se escucha en ese lugar. Es algo que se repite, la llamada movida madrileña es una respuesta a los años que se vivieron anteriormente en el país, los inicios del punk lo mismo. Por eso cada vez aparecen más grupos de urgencia en los últimos años.
Y luego está bailar. El cuerpo transmite cosas a las que las palabras no llegan. Nosotros estamos bastante a favor de bailar, independientemente de que eso resuelva o no los problemas del mundo.
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Una última pregunta: ¿qué escalera estáis construyendo ahora mismo y hacia dónde queréis que os lleve?
Ahora mismo estamos construyendo una escalera bastante rara.
Tenemos bastantes canciones nuevas y, por primera vez, muchas están saliendo directamente de tocar los cinco juntos. Eso está siendo bastante divertido y bastante caótico. Grabamos casi todo lo que hacemos en los ensayos porque muchas veces aparece una cosa buena entre veinte minutos de hacer el loco y, si no la grabas, desaparece.
Luego nos toca escuchar todo aquello y decidir qué merece la pena. Ahí estamos intentando ser un poco más ordenados: coger las ideas que salen entre todos, hacer maquetas, ponerles límites y descubrir qué es cada canción antes de vestirla demasiado.
También estamos probando nuevas formas de hacer las canciones, como dijimos antes nos gusta fluctuar en este aspecto que todo se sienta vivo, no acostumbrarnos a nada. Lo que estamos haciendo ahora, por ejemplo, hay más batería, es todo más orgánico y las canciones están naciendo de una forma bastante más colectiva. Pero seguimos teniendo las mismas ganas de hacer canciones que nos apetezca tocar.
¿Hacia dónde queremos que nos lleve? Pues de momento a tocar mucho. A sitios donde no hayamos tocado, a conocer gente, a hacer el segundo disco y a ver qué pasa cuando dejemos de intentar construir la escalera y nos demos cuenta de que ya estamos bastante arriba.
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