Colombia: lo que dejó la Consulta Anticorrupción

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El domingo 26 de agosto se llevó a cabo la Consulta Anticorrupción en Colombia. Finalmente, de los 36.421.026 millones de ciudadanos habilitados, 11.672.464[i] acudieron a votar, por lo cual no se alcanzó el tercio del censo electoral -12.140.342- que se necesitaba de mínima para su aprobación. Nadie dudaba que el ‘Sí’ superaría al ‘No’ en los siete puntos que planteaban medidas en torno a la lucha contra la corrupción[ii], por eso desde un principio se hizo hincapié en la participación a sabiendas de que sería el principal obstáculo a vencer en esta contienda, especialmente porque no contaba con el apoyo del gobierno, y porque la legislación electoral establece un umbral muy alto en comparación con los promedios de participación que suelen registrarse en el país. 

Los niveles de aprobación superaron el 99% de los votos válidos para cada una de las siete preguntas, sin embargo la diferencia entre votos necesarios (33,33%) y votos efectivos -entre 32,01% y 32,04% dependiendo la pregunta, es decir menos de 500.000 colombianos- impidió que la Consulta triunfe. Además, al desagregar se observa que las siete preguntas se impusieron en absolutamente todos los departamentos. No obstante, se dio una disparidad a nivel departamental en torno a la participación, ya que aquellos que estuvieron por encima del umbral electoral fueron solamente 12 -Bogotá, Boyacá, Caldas, Casanare, Cundinamarca, Huila, Meta, Nariño, Quindío, Risaralda, Santander y Valle del Cauca- mientras que aquellos que no lo superaron fueron amplia mayoría -Amazonas, Antioquia, Arauca, Atlántico, Bolívar, Caquetá, Cauca, Cesar, Chocó, Córdoba, Guainía, Guaviare, La Guajira, Magdalena, Norte de Santander, Putumayo, San Andrés, Sucre, Tolima, Vaupés, Vichada y los Consulados-.

Transformar preocupación en acción

No caben dudas que la corrupción es uno de los tópicos que más preocupa a los colombianos. La misma está constantemente a tope de las encuestas, situándose en los primeros lugares entre las principales preocupaciones de la ciudadanía. Tal es así que si tomamos los sondeos realizados antes de las elecciones presidenciales, ante la pregunta sobre el ‘principal problema que debe ser resuelto’ -formulado con sus distintos matices según cada firma- en marzo, abril y mayo la corrupción se ubicó siempre en primer o segundo lugar según Invamer, Opinómetro y Celag.

Adicionalmente, Opinómetro midió en agosto la intención de participar en la consulta por parte de los colombianos. Según este sondeo, el 77,9% respondió que definitivamente sí votaría, lo cual no estuvo ni cerca de ser un reflejo de lo ocurrido. La pregunta entonces es ¿por qué en una Consulta respecto a un tema que genera tanto repudio en la sociedad la participación ha sido tan baja?

Si bien las elecciones más recientes estuvieron bastante por encima del umbral necesario para esta consulta -en las legislativas de marzo sufragaron más de 17 millones de colombianos, mientras que en las presidenciales de mayo y junio superaron las 19 millones de personas en ambos casos-, operaron varios factores que explican la abismal diferencia. En primer lugar, la lógica de plebiscitos es distinta y suele registrar niveles de abstencionismo mucho mayores, confirmándose una vez más el poco entusiasmo que los mecanismos de participación ciudadana despiertan entre los colombianos. En este sentido, basta recordar que en el Plebiscito por la Paz de 2016 triunfó el ‘No’ entre otras cuestiones por haber movilizado escasos 13.066.047 de votos, tan sólo el 37,43% del padrón electoral para dirimir un conflicto de más de cinco décadas de duración, mientras que el Referendo Constitucional de 2003 promovido por Álvaro Uribe Vélez en su arribo a la presidencia no consiguió alcanzar el 25% de participación necesaria para 14 de sus 15 propuestas.

En segundo lugar se puede hablar del factor hartazgo, es decir una suerte de cansancio por parte de los ciudadanos que han sido convocados a votar por cuarta vez desde marzo a la fecha -siendo que además los colombianos tienen uno de los porcentajes de abstención más altos de la región-. Tal vez haya sido un error/acierto estratégico, según el lado desde el cual se mire, por parte de los impulsores de la consulta. Y por último, entre los elementos que explican la baja participación podemos ubicar la falta de apoyo por parte del gobierno, e incluso ir más allá y decir que más bien se trató de una suerte de boicot para que la Consulta fracasase.

El gobierno y su doble juego

El partido oficialista, Centro Democrático, se manejó de forma muy ambigua en torno a la Consulta. Si bien votó en forma unánime a favor de la misma en junio, durante la anterior legislatura y en plena campaña electoral, su postura cambió con posterioridad al triunfo de Iván Duque, manifestándose en contra de ésta por resultar ‘redundante’ con el paquete de reformas contra la corrupción que envió al Congreso el propio Duque. De este modo, el Centro Democrático viró en contra de la Consulta, erigiéndose como la cabeza de los sectores que la rechazaron.

Por su parte, Duque apoyó la Consulta en todo momento -al menos públicamente-, tanto en campaña como una vez electo. Claro está que el presidente tenía un compromiso formal con la Consulta puesto que se comprometió a apoyarla, más no se encargó de promoverla tal cual se había comprometido.

Quien mejor expresa la ambivalencia en la que cayó el Centro Democrático es ni más ni menos que Álvaro Uribe, la figura más importante entre aquellos que se opusieron. Y es que muchos de sus copartidarios invirtieron sus posturas iniciales una vez que el patriarca se negó a acompañar la Consulta, amparado en su preferencia de apoyo hacia los proyectos legislativos impulsados por el gobierno de Duque. Sin embargo, Uribe había apoyado la Consulta el 5 de junio, fecha en que votó a favor de ella en el Senado. Tal vez no sea un dato menor que en aquel momento su ‘ungido’ se encontrase aún en campaña, ya que coincidentemente el 8 de agosto y con Duque recién asumido, el ex presidente cambió de parecer.

Duque en su laberinto

Los promotores de la Consulta Anticorrupción fueron, esencialmente, los opositores al nuevo gobierno de Iván Duque. La lucha contra la corrupción fue uno de los grandes ejes de campaña de Gustavo Petro, quien incluso afirmó el mismo 17 de junio en su discurso post electoral: “Iniciemos la nueva campaña: la de la consulta contra la corrupción”[iii]. Asimismo, fue el corazón de Coalición Colombia y lo que aglutinó a los verdes con el Polo Democrático y Compromiso Ciudadano, además de ser Claudia López -ex candidata a vicepresidenta de Fajardo- y Angélica Lozano las impulsoras del proyecto. Destacó en su campaña comunicacional la fuerte apelación a los sectores juveniles, un segmento del electorado proclive al cambio que viene ganando importancia en las últimas citas electorales. Y en el último tiempo se sumó a la causa Humberto de la Calle (excandidato presidencial del Partido Liberal), quien declaró que la Consulta era muy positiva y por ello acompañaría desde su espacio.

Queda claro entonces que aquellos que apoyaron la Consulta son la oposición al nuevo gobierno, mientras que los uribistas, que acompañaron en un primer momento, se han desmarcado y opuesto a la misma, en línea con Uribe. En ese complejo escenario está Duque, corriendo el riesgo de no quedar del todo bien con los ajenos al tiempo que desencantando a los propios, no habiéndose alineado con las bases uribistas cuando recién acaba de asumir y pudiendo reavivar de este modo las acusaciones de santista que recibió en los inicios de su campaña. La oposición sabe a lo que juega y más allá de la derrota lo ha demostrado, haciendo frente común por un reclamo popular. Uribe y su tropa también han demostrado tener sus lineamientos claros boicoteando la Consulta una vez pasadas las elecciones presidenciales. ¿Sabrá Duque qué camino tomar a futuro o seguirá buscando quedar bien con Dios y con el Diablo?

 

Porcentajes de votación en Cosulta Anticorrupción Colombia.

 

 

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