Entrevistamos al periodista Pablo González tras cumplirse el primer año de su liberación después de pasar casi dos años y medio en una cárcel de máxima seguridad de Polonia.
Las acusaciones que me lanzan no tienen nada que ver con espionaje, sino con el simple ejercicio del periodismo, en especial del periodismo de investigación.
Después de los dos años y medio de silencio judicial, Polonia tomó la sorprendente decisión, justo cuando acababa de canjear a su preso político por medio del intercambio de la OTAN, de procesarlo (!!!).
Lo peor de todo es hasta donde se ha llegado con la construcción del relato inquisitorial contra Pablo González, condenado como culpable por los mass media desde el primer día de su detención, y quien no ha tenido la posibilidad de la presunción de inocencia.
Desde el mismísimo día 1 de agosto, mientras unos celebrábamos la libertad de Pablo, otros pusieron la máquina de fango de la comunicación a trabajar para seguir acusando a Pablo de peligroso espía ruso.