Los resultados electorales parecen claros; lo que sí sufre una marcada inseguridad es el propio país, que se enfrenta a crecientes tensiones y amenazas a la seguridad interna y externa, con temores de una escalada en Tigray.
Lo que estamos presenciando recuerda trágicamente a escenas que ya hemos visto: en 2021, cuando el mandato de Somalia expiró sin que se convocaran nuevas elecciones. Pero algunos juran que esta vez la violencia es de una magnitud mucho mayor, y temen una mayor fragmentación de la sociedad.
La ausencia de elecciones en Tigray confirma el fracaso parcial de los acuerdos de Pretoria posteriores a 2020 entre el gobierno federal y el Frente de Liberación Popular de Tigray (FPPT).
Tigray lleva sin combustible desde el 28 de enero, una situación que ha paralizado por completo la cadena de suministro humanitario y ha bloqueado la distribución a miles de desplazados internos, campamentos de desplazados y a las personas más vulnerables a las que es difícil llegar.
Las sobrevivientes de la violencia de RSF denunciaron haber sido violadas deliberadamente delante de sus familiares, y que el abuso y la violencia sexual a menudo iban seguidos de violencia física, mutilación y agresión.