La biología está lejos de ser una sentencia inapelable. Las neuronas son tuyas. Agítalas, menéalas, muévelas, sácales partido. Para eso es imprescindible contar con una bien pertrechada mochila intelectual, que no hay que confundir con los años académicos cursados.
Como tantas obras del pintor, refleja el desasosiego causado por la visión pesimista de la humanidad que le imponen los acontecimientos que observa cada día. Por añadidura, Goya sabía de sobra que, en las guerras, no solo las armas matan.
Menos mal que ese reino distópico no se parece a ninguno que conozcamos. Allí nada queda a salvo de la infección del Auténtico Poder. Donde no llegan sus pseudópodos disemina sus toxinas.
La ideología posmocapitalista abomina de la Modernidad, lo cual explica su empeño en achacarle todos los males habidos y por haber, reales o imaginarios. Pero lo que les molesta de ella se resume en tres palabras: libertad, igualdad, fraternidad.
La humanidad en general, y la de los países prósperos en particular, vive por encima de sus posibilidades ecológicas, dirigiéndose con paso apresurado hacia el abismo.
Los métodos de explotación masiva y continuada de productores y consumidores inaugurados durante los consulados de Reagan y Thatcher se nos antojan jurásicos.
La verdad raramente coincide con los efectos de superficie que se nos presentan como tal. Hay que reflexionar seriamente y poner en duda las ideas recibidas para vislumbrar su resplandor. Ella es la auténtica luz al final del túnel.