Una nueva chispa ha prendido en Asia Central, entre dos países pertenecientes a la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC), Kirguistán y Tayikistán, a la que también pertenecen Rusia y Armenia.
Los cacareados derechos humanos que utiliza la Unión Europea para suministrar armamento a Ucrania son ignorados con respecto a la dictadura azerí, como sucede también con la monarquía saudí.
Azerbaiyán también ha confirmado medio centenar de bajas en sus filas, 42 de ellos militares del ejército azerí que participaban en la ofensiva y 8 más miembros del Servicio Estatal de Fronteras.
El partido euroescéptico liderado por Jimmie Åkesson, ha experimentado un crecimiento imparable desde 2010, poniendo a la inmigración como centro de todos los debates.
El gobierno de Azerbaiyán está convencido de que la comunidad internacional callará una vez más ante sus planes de reeditar el genocidio armenio, gracias al incremento del gas azerí hacia Europa.
Esto habla de la capacidad de organización y del arma (como elemento de movilización) que fue la solidaridad, porque básicamente la Huelga General de Septiembre de 1972 es una huelga de solidaridad.