El amor sesga al mundo y se pone a convivir solo con las imágenes repetidas de lo amado.
Por Lucio Martínez Pereda | 16/10/2024
El mural político es un arte efímero complejo en el que se integran capacidad estética, denuncia de las injusticias e ingenio para producir reflexión sobre realidades complejas. Este de Cintia Vidal es uno de los mejores ejemplos de la última década. El mural -como es obvio- muraliza la causa de su propia destrucción: no existe libertad de expresión para denunciar la falta de libertad de expresión.Pero claro, hablar sobre el ingenio y el valor estético de un mural que denuncia una situación de injusticia sin hacerlo sobre la injusticia denunciada sería pervertir el sentido de esta obra, reduciéndola a un producto artístico del tipo Arte por el Arte.
Julián Assange está en libertad, el periodista Pablo Gonzalez también, pero Pablo Hasél es un ciudadano del estado español que aún continúa encerrado en una prisión del estado español. Hombres y mujeres como Pablo Hasél son los que tienen el valor necesario para asumir graves daños personales por denunciar abusos e injusticias que después servirán para mejorar la calidad democrática del sistema. No decirlo ni recordarlo así sería injusto con esos hombres y mujeres que tanto bien hacen por sus conciudadanos.
El mural que motivó el “enamoramiento” del trabajo de Cinta Vidal es este. El amor nos vuelve obsesivos y repetitivos: nuestra atención se queda retenida sólo en el objeto amado y el resto de las cosas empiezan a desfallecerse. El amor sesga al mundo y se pone a convivir solo con las imágenes repetidas de lo amado.
![]()
El amor se pliega sobre sí mismo y empieza a dar vuelvas como un derviche lento que sobre sí mismo gira y gira y gira.
![]()
Pues si, como decía el gilipollas de Ortega y Gasset: el amor es una enfermedad de la atención.
![]()
Se el primero en comentar