Cine | El desastre de afrontarlo todo

Por Puertos33

Uno, que está algo relacionado con lo oculto, con la constante voz en off que nos acompaña. Se ve obligado a hablar de ello ¿Qué mejor manera de hacerlo que a través del cine? hoy quería hablar de una película que vi hace tiempo (recomendada por un amigo que también se veía ahí, tal vez mejor que yo) y  que volví a ver hace menos tiempo. Probablemente, la película no tiene gran trascendencia para nuestros días; acaso ¿algo lo tiene? pero es de necesario acercamiento, al menos si se quiere sobrevivir.

Una mala traducción de este film juvenil se presenta en nuestras carteleras con el título de “El arte de pasar de todo” (en inglés, “el arte de ir tirando”). Quizá en busca de atraer a cierto público se decidió la utilización de dicho título, pero en ese “ir tirando” y ese “pasar de todo” hay un ocultamiento. Ir tirando es afrontar y superar, de una manera u otra, lo calamitoso de vivir. Pasar de todo es, cuando menos, una huida de los acontecimientos. Pasar de todo permite que aceptemos la negación de nuestra actuación social, que compremos las mentiras de la voluntad en nuestro microcosmos particular.

Desde el título, que ya es provocativo, hasta algunas escenas de dudosa moralidad emocional (en el contexto en el que no-todo está permitido) la película promete. Aunque nunca llega, siempre se queda a las puertas: ¿puede entrar en ese mundo algo hecho para jóvenes? No evoca nada nuevo, un ambiente de instituto (digno de 13 razones) y un anonimato de quien conoce todo tipo de límites. De quien, únicamente, el director de la escuela conoce… porque si eres un chico callado, preocupado por la existencia, por tu significado en el circo diario al que estas condenado, eres el “densito” con el que nadie quiere hablar. El bicho raro que arrinconan, que expulsan… aunque tal vez, sea él quien se ha expulsado.

Nos plantea la relación del conocimiento  -esa falsa lucidez de oscuridad- con lo bohemio. El chico, aunque evidentemente jovial, es, o quiere ser, de otra época. El problema de la película es que presenta ese fantasma que nos recorre en nuestra Europa interna, como una crisis de existencia que todos hemos pasado. Tal vez sea mi buen recuerdo, pero ese no-estar no puede ser común. Es cierto que en todos los lugares hay sombras, pero no todas de tanta intensidad.

La familia que solo exige, que protege… el joven que descubre su circunstancia (una pelea más que dramática, que no tiene igual de relevancia en este artículo que en la película), se ve obligado a la acción. Extrapolado a nuestros días, a nuestros paseos por parques amarillentos y aceras, la necesidad de un rival tangible para respirar. Los de mi generación, ya no tan jóvenes, hemos venido a superar cualquier limite, pero ¿dónde están para que los superemos? Nuestros “rivales” nos obvian; nosotros no queremos enfrentarnos a nada.

El tiempo, la importancia está en el tiempo. El tiempo, el tiempo es lo relevante. Cambia de velocidad, de acciones. Cuando todo acaba, cuando todo se descubre. Los últimos 20-30 minutos son otra película aparte, una película, particularmente americana, donde la acción nos muestra la capacidad de superación que hay en todos ¿la hay? Antes todo era lento, como los pasos de los días, como el transcurrir de los momentos.

Aparece entonces la chica, ella también va por libre, una chica no convencional (fuma en el colegio)… la belleza de lo rebelde, de lo rompedor. Ella va por libre, no le interesa nada, a él tampoco pero sólo el chico es capaz de superar las reglas impuestas. Hay una diferencia fundamental, ella busca la rivalidad externa, enfrentarse al colegio, a la madre, a todo lo que pueda. Él busca sobrevivir de sí mismo, ambos al margen de las reglas. Una extraña, aunque manida, alianza ¿no inspira la fuerza con la que lucha? Él quiere pasar el tiempo, ella quiere vivir la intensidad del momento.

Un artista mayor de edad, viejo y descolocado estudiante, inspirador… el arte siempre inspira (se da la casualidad de que el protagonista también pinta). Se hacen amigos, la amistad con el maestro, aunque no oficial, con el ejemplo a seguir ¿Qué ejemplo es quién no sabe cómo ser? El enredo que mueve todo, el detonante que arranca la velocidad, el abandono de quien nunca dice nada ¿por qué? ¿El silencio no habla por nosotros? ¿No lo hacen los ojos? Es una lástima que la película ocurra en esta edad, porque todo parece existencialismo juvenil. Sin embargo, admiramos “El lado bueno de las cosas” por intensa…

No es tan malo como la idea que vi en una obra de teatro de querer representar la depresión sentando a los actores en una esquina (perdón por este ataque de rabia) ¿no está mejor representada cuando se confunde con cualquier otra cosa? ¿No la evitamos reconocer constantemente en nuestros amigos? Miramos alrededor y solo sabemos decir, “piensa en positivo”… “no seas un triste” ¡o mejor! “solo ves las cosas malas, fíjate en el resto”… Creo que en el contexto estético, donde la forma es mejor que el fondo, esta película representa el vacío desolador que en todos aflora mejor que en las pretenciosas cintas de Hollywood. Pero el final es el final, y en el cine rara vece se pierde.

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