Cincuenta años del Domingo Sangriento de Derry

Los soldados abandonaron las barricadas y comenzaron a disparar con fuego real sobre la multitud, que comenzó a huir por las calles de Bogside, intentando buscar refugio, catorce de ellos murieron y treinta resultados heridos por las balas, en tan solo veinte minutos.

Por Angelo Nero

Aunque, desgraciadamente, nuestra historia contemporánea esté plagada de “domingos sangrientos”, como el que, en 1905, en San Petesburgo, protagonizó la guardia imperial rusa, al masacrar a más de mil trabajadores, en el transcurso de una manifestación pacífica; o el que en 1965, marcó una línea de inflexión en la lucha por los derechos civiles en EEUU, cuando la policía y el ejército reprimieron violentamente una marcha de activistas negros, en Selma, Alabama; o incluso, en Dublín, en 1913, y también en la capital irlandesa, en 1920; en nuestra memoria colectiva no hay un “Bloody Sunday” que haya quedado tan fijado, como el que se produjo tal día como hoy, 30 de enero, pero de 1972, hace ahora cincuenta años, en la segunda ciudad de la Irlanda ocupada por los británicos, Derry.

En la tarde de aquel domingo la Northern Ireland Civil Rights Association (NICRA), una organización, creada en 1967, para luchar contra la discriminación de la población irlandesa, había convocado una manifestación pacífica contra las detenciones arbitrarias y los encarcelamientos sin juicios de los sospechosos de pertenecer o apoyar a las organizaciones republicanas que, como el Irish Republican Army (IRA), enfrentaban con las armas a la ocupación inglesa. Entonces se contaban por centenares los irlandeses que habían pasado por la cárcel, o permanecían en ella, tras redadas masivas en los seis condados del Ulster. Más de quince mil personas acudieron al llamamiento del NICRA, que había convocado la marcha en el corazón del Bogside, el barrio católico de Derry, con la intención de dirigirse, desde allí, hasta el ayuntamiento de la ciudad.

La manifestación comenzó con una tensión contenida, con las calles franqueadas por un regimiento de paracaidistas británicos, uno de los cuerpos que más se habían involucrado en la represión del movimiento republicano, y la prohibición de las autoridades de abandonar el Bogside, cuando un pequeño grupo comenzó a arrojar piedras a una de las barricadas que el ejército había puesto para impedir el avance de la marcha. Esto dio excusa para que se desatara la represión, con abundante uso de material antidisturbios, botes de humo, balas de goma y agua a presión.

Los soldados abandonaron las barricadas y comenzaron a disparar con fuego real sobre la multitud, que comenzó a huir por las calles de Bogside, intentando buscar refugio, catorce de ellos murieron y treinta resultados heridos por las balas, en tan solo veinte minutos. En esos veinte minutos el ejército británico dinamitó la vía pacífica de protesta de los republicanos irlandeses, y sumó apoyos a la causa del IRA, a la que dos años después se sumaría también el Irish National Liberation Army (INLA).

Los británicos bautizaron a este conflicto como “The Troubles​”, una auténtica guerra de liberación nacional que se extendió hasta 1998, en que se alcanzaron los Acuerdos de Viernes Santo, en los que se reconocía el principio de autodeterminación del pueblo irlandés, el desarme de los grupos paramilitares, la retirada del ejército británico, y el compromiso de utilizar medios exclusivamente pacíficos y democráticos.

Evidentemente esta represión indiscriminada, absolutamente injustificable, alimentó el respaldo popular al IRA, que, a partir de entonces, dio un salto importantísimo en el reclutamiento de jóvenes de los barrios católicos.

No hubo ningún enjuiciado por las catorce víctimas del Bloody Sunday, y no fue hasta 2010 que el gobierno británico, por boca de su primer ministro, David Cameron, reconoció: “El Gobierno es el responsable último de las Fuerzas Armadas. Y por eso, en nombre del Gobierno -y desde luego en nombre del país- estoy profundamente consternado […] ninguna de las víctimas planteaba una amenaza de causar la muerte o heridas graves o estaba haciendo algo que desde ningún punto de vista justificara que se disparara contra ellos.”

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