De Catalunya a los complejos izquierdistas

Por Francisco Gallego

Desde la izquierda española no se está de verdad con el derecho a decidir, con el derecho de autodeterminación. Cuando se invoca a que Catalunya tiene derecho a elegir como es su encaje dentro del estado español se actúa desde el sentimiento españolista, desde la defensa última de la unidad de España como país imperialista, y no se está a favor de que el pueblo catalán pueda decidir libremente cual es su estatus, incluida la posibilidad de no formar parte del estado español, de ser una nación libre y soberana sin necesidad de engarce alguno con la sagrada madre patria. La necesidad de cierta izquierda de poner apellido al libre ejercicio de la autodeterminación por el que se dice luchar, véase plurinacionalidad, véase país de países, es situarse en defensa del régimen del 78, ese que dicen con tanta insistencia que quieren derrocar. Esto no es más que un mensaje contaminado por la derecha liberal, que reconoce la identidad de las naciones sin estado de la periferia siempre que a su vez estas no cuestionen quien manda, es decir, reconocimiento del poder centralista. Es cobardía política y actuar con el freno puesto por temor a no contentar a cierto sector progresista de la población que jamás se ha cuestionado el modelo del estado, ese que se contenta con las migajas de la socialdemocracia, que habla de republicanismo pero defiende su derecho a usar la palabra ESPAÑA y portar con orgullo la rojigualda, una contradicción rampante. En lugar de ir a combatir esa idea implantada en la conciencia colectiva de tanta gente, en lugar de convencer a la población del resto del estado de que luchar por el derecho de autodeterminación es deshacerse del egoísmo del nacionalismo español y la herida imperialista, que implica mostrar solidaridad por nuestros hermanos catalanes, se adapta el mensaje  para no espantarlos. Actuando de esta manera se entorpece el proceso de cambio iniciado por el desafío del pueblo catalán al régimen fascista y corrupto del 78, que ha evidenciado una grave descomposición recurriendo al autoritarismo, la violencia extrema, la represión y la persecución de ideas, atentados contra lo derechos humanos que Europa y el mundo entero han presenciado.

Esto demuestra el grave problema de complejos del izquierdismo español, como la derecha tiene el poder hegemónico de decidir lo que es bueno y malo, evidencia la construcción de un mensaje político para contrarrestar ese poder cuando la izquierda se debe preocupar del contexto histórico y de procurar hacer un acertado análisis del tipo de sociedad existente tanto en Catalunya, como en España. Así se ha caído en errores como el paternalismo y la prepotencia al creer que un grupo de burgueses capitalistas eran los que dirigían el proceso catalán y manejaban a millones de personas como borregos, lo que viene a negar un verdadero y legítimo deseo de independencia. Ha sido precisamente la derecha catalana la que se ha visto abocada a participar, aún en contra de destacados miembros de la misma, si no quería desparecer en Catalunya. ¿Acaso no tenemos a ERC y la CUP formando parte de todo el proceso? Creo que no son nada sospechosos de ser de derechas. Creerse el artífice de que en el conjunto del estado se apoye hoy en mayor medida el derecho de autodeterminación tampoco ayuda, pues niega el mérito a la lucha del pueblo catalán, vasco, gallego, valenciano y canario durante siglos y largo tiempo en el estado español.

Son solo algunos ejemplo de como la izquierda se ve obligada a adaptarse al escenario que fabrica la derecha, pero no podemos olvidarnos del último, el de la injerencia Rusa. El gobierno español ha denunciado incluso ante la UE que desde Rusia se ha interferido en el desarrollo del proceso catalán para desestabilizar al país, por supuesto sin dar una explicación convincente ni ofrecer prueba alguna. Las respuesta de Rusia no se hizo esperar y el gobierno de Rajoy se ha visto obligado a rectificar y negar ahora la injerencia de los rusos. El ridículo internacional es tremendo, pero es un coste asumible para quien lanza esas acusaciones. Porque de lo que se trata es de alimentar a los tuyos e infundir miedo a los ignorantes. Al nombrar a Rusia en pleno conflicto territorial con Catalunya, problema englobado en la podredumbre del conjunto del estado, se desvía la atención hacia el enemigo exterior, y no a cualquiera. Mentar a Rusia retrotrae al nacionalismo español a la lucha contra el bolchevismo por Franco en la Guerra Civil y al ignorante le hace recordar los miedos infundidos contra la Unión Soviética. ¡a por ellos! ¡a por los rojos! Poco cambia la cosa. 

Mentar a Rusia retrotrae al nacionalismo español a la lucha contra el bolchevismo por Franco en la Guerra Civil

Identificar la imagen de un independentista o de alguien a favor del derecho de autodeterminación con un bolchevique revolucionario que quiere destruir el estado, alusiones a la Unión Soviética etc… son argumentos utilizables por la derecha por culpa de los acomplejados, por no poner en valor los logros de la revolución rusa, por permitir que se utilice la palabra comunista de forma peyorativa, por renunciar a hablar de marxismo, leninismo y materialismo dialéctico, armas indispensables de los socialistas, dejando campo abierto al fascismo. Y al final los rancios seremos los que hagamos o compartamos este análisis y no los que meten a Rusia por medio en un asunto que ni le va ni le viene. Tremenda derrota.

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