Catalunya 13, Rue del Percebe

Por Daniel Seijo

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. Ninguno de los sesudos análisis políticos que sin duda nos encontraremos en los próximos horas, podría describir lo sucedido este 21 de diciembre en Catalunya mejor que el famoso microrelato del escritor de origen hondureño Augusto Monterroso. Pese a las amenazas de la patronal en forma de lento pero continuo traslado de sedes sociales fuera de Catalunya, pese  a la intensa campaña mediática desarrollada en España en aras del unionismo, pese a la impunidad de la extrema derecha o el imperio del 155, hoy igual que el 1 de octubre, los catalanes y catalanas han vuelto a lanzar un claro mensaje al gobierno de España. Un mensaje de dignidad, pero también de hartazgo.

La ciudadanía catalana ha optado por condenar al ostracismo al partido que decidió hacer unilateralmente de Catalunya un arma electoral con un recurso al statut que sin duda hoy podemos situar  como el punto cero del procés independentista. Sin poseer ya derecho a réplica, los resultados electorales del partido del gobierno en España lo han expulsado del tablero político catalán en uno de los momentos más tensos para ese territorio. Sin duda confirmando con ello la ruptura total entre dos concepciones de estado aparentemente irreconciliables. Las porras, el orgullo ante decisiones judiciales escasamente democráticas o la continua amenaza a la población con el caos económico, han terminado llevando al gobierno de Mariano Rajoy a una situación en donde un adelanto de las elecciones generales parece dibujarse hoy como la única salida honorable. Una iniciativa sin embargo arriesgada que  no debiéramos esperarnos de un presidente cuya máxima virtud suele consistir precisamente en no hacer nada, tendría para ello que comprender Mariano Rajoy que en esta ocasión el tiempo juega en su contra. El posible regreso de Carles Puigdemont acompañado seguramente por los focos políticos y mediáticos de gran parte de Europa, el enquistamiento del desapego con el estado español en Catalunya o la inestabilidad económica, no parecen la mejor de las situaciones para jugarse el futuro dominio de la derecha con el partido de Albert Rivera.

Si excesivas sorpresas la formación naranja ha conseguido ganar las elecciones en Catalunya pese a su distópica campaña, pese al continuo desprecio a la lengua, la peligrosa cercanía con esos extremos siempre presentes en la derecha o la incapacidad para recordar un dato tan básico como la cifra del paro en Catalunya. Inés Arrimadas y Albert Rivera han basado desde un primer momento su campaña en el marketing vacío, en el continuo miedo al abismo. Amparados en una política de pasiones insertada en el más despreciable de los populismos, los más fieles representantes del neoliberalismo español han irrumpido en el escenario catalán con un victoria pírrica que sin embargo otorga a la derecha -sea independentista o no- un amplio margen de maniobra para seguir socavando derechos a los trabajadores catalanes a la espera de que se decida finalmente con que bandera se coronan las continuas políticas de recortes en Catalunya. La derrota de la clase trabajadora catalana parece una de las consecuencias más obvias tras estas elecciones, nada queda ya de aquel falso mito de una Catalunya de izquierda enfrentada a una España de derechas.

En el supuesto bando de la izquierda, las tímidas concesiones que en Ferraz han tenido durante la campaña con el discurso del PSC no han logrado evitar un nuevo fracaso sonado. Pese al desastre electoral del Partido Popular y a las inmensas posibilidades a explorar en la vía federalista para Catalunya, una vez más los socialistas se han mostrado incapaces de recuperar parte de la iniciativa política ante una derecha en la que ya no solo el Partido Popular, sino también Ciudadanos, parecen lograr socavar nichos electorales tradicionales para el partido de Pedro Sánchez.

La derrota de la clase trabajadora catalana parece una de las consecuencias más obvias tras estas elecciones, nada queda ya de aquel falso mito de una Catalunya de izquierda enfrentada a una España de derechas

Y sí claramente el “Icetaton” ha resultado ser un mero placebo, el sonado derrumbe de los Comunes pone una vez más de manifiesto para el entorno de Pablo Iglesias y Alberto Garzón que en su búsqueda del voto de centro hasta ahora tan solo han conseguido que el votante de derecha los siga considerando una especie de perroflautas comunistas bolivarianos, mientras que el votante de izquierda -cansado ya de tantas medias tintas y tanto buenismo- comienza peligrosamente a sondear cualquier alternativa que le proporcione una mínima posibilidad de ruptura con un sistema que lo ahoga. Harían bien en Unidos Podemos en repetir aquel pacto del botellín, pero esta vez si es preciso bebiendo hasta emborracharse para de una vez por todas dejar claras las líneas que los definen. Con ellas deberían morir de pie, con ellas -si son las adecuadas- muchos sin duda estarían dispuestos a morir en una izquierda hoy huérfana todavía.

A todo esto, los políticos siguen presos, aquellos policías del “a por ellos” han conseguido su aumento y yo me pregunto por qué coño a nadie se le ocurre convocar un referéndum legal y poner fin a todo este circo. ¿Acaso es tanto es el temor que producen las consultas populares en España?

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