Carta abierta a Pedro Sánchez

Ante una derecha dopada por su propia desesperación, pero unida en su ofensiva, y una izquierda fragmentada, lo único que puede salvarle a usted es abrazar sin reservas una agenda progresista.

Por Iñaki Errazkin | 3/12/2025

En el contexto de la polarización política actual, con una derecha montaraz que pretende romper cualquier código de convivencia con tal de forzar un proceso electoral que cree favorable a sus intereses, con una crispación que ha permeado no solo el debate parlamentario, sino la vida cotidiana y la salud mental de la ciudadanía, la única vía para que usted salve su puesto como presidente del Gobierno es intensificar y profundizar en políticas genuinamente de izquierdas.

Esta tesis no la baso en un mero voluntarismo ideológico, sino en una lectura pragmática de la actual coyuntura. La derecha extrema y la extrema derecha, representadas por el PP y por VOX, han capitalizado la división social para erosionar la legitimidad del Ejecutivo que usted preside, mientras que el Gobierno de coalición progresista se resquebraja por descontento interno y por presiones externas.

Solo un giro audaz hacia medidas que refuercen el estado del bienestar, recuperen conquistas arrebatadas, combatan la desigualdad y defiendan los derechos sociales puede reconectar con la base izquierdista desmovilizada, fortalecer alianzas y generar un contrapeso narrativo que convierta la polarización en una herramienta de supervivencia política.

La tensión de la que le hablo se ha traducido en derrotas clave para su Gobierno, que ha debilitado su capacidad legislativa y expuesto la vulnerabilidad de la coalición con Sumar y algunos de sus socios progresistas como ERC y Podemos.

En este entorno hostil, intentar moderarse o buscar consensos con otras fuerzas de derechas, solo diluye su imagen y cede terreno ante la oposición reaccionaria, que lo caricaturiza pintándolo como un líder desconectado y autoritario.

Y aquí es donde radica el quid de la cuestión. La polarización no se resuelve con equidistancia, sino con claridad ideológica. Usted debe apostar por políticas de izquierdas más ambiciosas que movilicen a un electorado progresista que, aunque desencantado por concesiones pasadas, sigue viendo en su Gobierno avances sociales históricos, con sus luces y con sus sombras.

Políticas como llevar a cabo una reforma fiscal progresiva más contundente, derogar la Ley Mordaza sin más excusas, presupuestar inversiones masivas en vivienda social o regulaciones estrictas contra el odio en las redes sociales, no solo abordarían problemas reales, sino que consolidarían la base izquierdista y atraerían a millones de votantes, actualmente fragmentados por percepciones de tibieza.

Además, este enfoque fortalecería la coalición en un momento crítico. La retirada del apoyo de Junts (a su vez intimidado seriamente por Aliança Catalana) y las amenazas de bloqueo legislativo, destacan la fragilidad de las alianzas, pero un viraje a la izquierda, profundizando en los derechos humanos individuales y colectivos, realinearía a sus socios progresistas y nacionalistas democráticos alrededor de una agenda común antifascista.

Históricamente, en periodos de crisis como el actual, en el que hasta el Banco de España constata un aumento en la división política, los líderes de izquierda no sobreviven moderándose, sino polarizando el debate en términos favorables: progresismo versus conservadurismo.

El balance de legislatura que usted presentó en julio, destacando avances en paz social y colaboración, podría escalarse con medidas como la ampliación de derechos laborales o ecológicos, generando una euforia interna similar a la provocada por fallos europeos favorables que han salvado votaciones decisivas.

Por último, quiero decirle que esta estrategia no solo es defensiva, sino ofensiva. En el ya más que próximo 2026, rumbo a 2027, más políticas de izquierdas pueden permitirle reconquistar narrativas cuestionadas, si no perdidas, como la lucha contra la corrupción y la desigualdad, contrarrestando el eco social de injusticias vicarias (como la cometida en la persona del fiscal general) o escándalos fundamentados (como el de Ábalos y Cerdán), que la oposición política y mediática utilizan contra usted.

Intentar lo contrario, léase viajar hacia el centro o ignorar la polarización que impregna a la sociedad, solo agravaría la erosión. Recuerde que, cada vez que usted ha jugado a la moderación, la derecha lo ha interpretado como debilidad y ha redoblado sus ataques.

En resumen: ante una derecha dopada por su propia desesperación, pero unida en su ofensiva, y una izquierda fragmentada, lo único que puede salvarle a usted (y con usted a quienes le acompañamos en este viaje con la nariz pinzada) es abrazar sin reservas una agenda progresista que movilice, una y defienda los valores de justicia social. Cualquier otra opción le condenaría a una dimisión inevitable y a una segura derrota electoral.

Si, cuando llegue el momento, los votos desclasados le hacen caer, es preferible que le cojan de pie, con las banderas sociales desplegadas y dando la batalla ideológica que nunca dio del todo, y no languideciendo en una agonía de cesiones y tacticismo.

Ojalá no sea así, pero si tiene que suceder, no se me ocurre una forma mejor y más digna de salir de la escena política y de que la sociedad recuerde su mandato.

Con el deseo de que no ceda usted a la presión de la irracionalidad organizada, se despide,

Iñaki Errazkin

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