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Entrevistamos al director de cine Carlos Marqués-Marcet a propósito de su última película, «Polvo serán», protagonizada por Ángela Molina y Alfredo Castro
Por Angelo Nero | 13/06/2026
Carlos Marqués-Marcet es uno de las voces más originales de nuestra cinematografía. Con su primer largometraje de ficción, estrenado en 2014, “10.000 kilómetros”, protagonizado por Natalia Tena y David Verdaguer, ya fue galardonado con el Goya al mejor director novel y con el premio Gaudí a la mejor dirección y al mejor guion. En 2017 volvió a repetir con Tena y Verdaguer en “Tierra Firme”, en la que incorporó al reparto a Oona Chaplin, y dos años más tarde completó esta trilogía, con “Los días que vendrán”, que protagoniza nuevamente David Verdaguer y María Rodríguez Soto, pareja en la vida real, sobre el embarazo de su primer hijo. En 2020 estrenó “La mort de Guillem”, sobre el asesinato del joven antifascista Guillem Agulló. También dirigió las series, “En el corredor de la muerte”, sobre el caso de Pedro Ibar, en el corredor de la muerte durante 16, hasta que su condena fue conmutada por cadena perpétua, y “La Ruta”, que recorre la vida de cinco amigos durante una década en la ruta del Bakalao.
Ahora ha vuelto a sorprendernos con una película radicalmente distinta a todo lo que había hecho hasta entonces, y me atrevo a decir que una de las películas españolas más originales de los últimos años: “Polvo serán”, protagonizada magistralmente por Ángela Molina y Alfredo Castro, que nos cuenta la historia de una actriz de éxito que, al final de su carrera, es diagnosticada con una enfermedad terminal, y decide viajar a Suiza para que le ayuden a morir, mientras su marido, un director teatral que ha permanecido a su lado durante cuatro décadas, decide acompañarla en este viaje sin retorno. Sobre esta película, hablamos con su director, Carlos Marqués-Marcet.
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Una película con este punto de partida, ya se nos antoja complicada de llevar a la gran pantalla, por la dificultad de verbalizar los sentimientos que recorren a Claudia y a Flavio, y también a su hija Violeta, interpretada por Mònica Almirall, pero, además, conviertes una película dramática en un musical, donde la danza se convierte también en protagonista. ¿Cómo surge un proyecto tan original, conmovedor y hermoso como este?
El proyecto nace cuando esta pareja de amigos, mayores, me explican que ellos son parte de una organización de muerte asistida en Suiza, y que quieren hacerlo juntos. A mi me explota la cabeza y empecé a hacer preguntas, a ellos y también a la hija: ¿pero eso es posible?, para hacer un taller de creación, para imaginarnos un poco como sería esta idea de hacerlo, para ponerlo un poco en escena. No algo que les haya pasado, como en “Los días que vendrán”, que era una película que estábamos creando sobre algo que les estaba pasando, sino que esto es una película creada con personajes de ficción, para imaginar como se iba a hacer esto en el futuro. Y eso fue un poco como se empezó a gestar, estuvimos un mes con el taller de creación, probando, entre improvisaciones, juegos y textos, y en ese proceso también una cosa que me di cuenta, formando este collage de ideas, porque no era un guión, sino un collage de escenas que iban apareciendo, de que muchas veces cuando llega la muerte se convierte en algo muy absurdo, muy extraño, de algo muy difícil de hablar, de entender, y ahí aparecía la música, como una manera de solventar ese vacío, ese hueco insoldable, o bailando o cantando, o escuchando música, y entendí que esto tenía que ser un musical, casi muy a pesar de mí, al principio. Y al final nos lanzamos.
Ángela Molina es una actriz con una filmografía inabarcable a sus espaldas, sin embargo, todavía es capaz de sorprender con una interpretación tan desbordante como esta. ¿Tenías claro desde el principio que era ella la que tenía que meterse en la piel de Claudia? Y ¿cual fue su reacción cuando le planteaste un reto tan importante como el de formar parte de las coreografías del film?
Cuando la mujer que había hechos los talleres, los ensayos, -en realidad iban a actuar ellos mismos, porque había un juego casi metaficcional, que de repente se rompía la ficción y veías que era una familia de actores ensayando como se podía hacer esto en su vida real, y entrabas y salías de una doble trama, casi- ella se puso enferma y dijo que ya no podría hacerlo, y tuvimos que empezar a pensar, a reescribir todo el guión, después de casi cuatro años, como un pequeño cataclismo, y fue ella misma la que dijo: “sino puedo hacer este papel, que lo haga Ángela”. Fue muy claro y muy directo que tenía que ser ella, la única persona que podía hacer ese papel. Y respecto a las coreografías, yo sabía que ella había bailado de joven, más flamenco, la hemos visto todos bailar en muchas películas, pero a la vez sabía que quería hacerlo con esta compañía de danza de La Veronal, y no sabía como iba a conjugar eso. Y fue un trabajo muy largo de probar: “a ver como va este movimiento”, y nos dimos cuenta que, sobretodo, con la manera de mover los brazos de Ángela, las manos, podía encajar bien con todos los números musicales. Y, claro, Ángela se suma a un bombardeo, a ella le encanta.
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También Alfredo Castro tiene una carrera impresionante como actor de películas, series y telenovelas, así como actor y director de teatro. ¿Como se consigues involucrarlo en el proyecto? ¿También fue la primera opción para interpretar a Flavio?
Desde el principio del guión, el personaje estaba escrito como chileno. Lo que sucedió después, cuando la familia con la que habíamos trabajado en el taller nos dijo que no lo iba a poder hacer, teníamos co-producción con Italia, entonces teníamos muchos actores italianos, algunos eran muy buenas opciones, pero como el punto de partida era chileno, y tenía la mosca clavada detrás de la oreja, empezamos a pensar en actores chilenos, y el primero era Alfredo Castro. Entonces dijimos: “Hagámosle una entrevista, por si acaso”, y contactamos con él, que tenía también muchas ganas de trabajar en España, y fue un enamoramiento al minuto. Hicimos una videollamada y ya no pude quitármelo de la cabeza, ya me costaba imaginar al personaje con un actor italiano.
“Polvo serán” es una película sobre la muerte, pero también es una película sobre la vida, es un drama, pero también una comedia, y a la vez es un musical. ¿Como consigues dirigir la película en varias direcciones a la vez, y caminar con soltura entre géneros?
Si, de hecho, el reto más grande para mi en esta película es hacer convivir muchas cosas a la vez. Es también el intento de probar un estilo propio. Tenía ganas de que todas las cosas que había ido explorando en las tres primeras, de cuajarlas aquí de alguna manera. Algo que estaba buscando en todas las otras, y es esta cohabitación de contrarios. Tiene mucho que ver con el tono, con la interpretación de los actores, de este salto de la comedia a casi a la tragedia, no me gusta llevarlo al drama, pero si juntar varias cosas, hacer una tragicomedia, pero no para que la comedia rebaje el drama, sino para que las dos cosas se refuercen: que la comedia sea más trágica, y que el drama sea más cómico, por decirlo de alguna manera. Que sumen, más que se neutralicen. Luego hay una suma de decisiones, que van desde la estructura a la dirección, a la selección de tu equipo, de como haces la música… son muchas decisiones todo el rato con esta idea en mente. Pero, obviamente, también hay mucho que se cuenta en el montaje. El reto final es el montaje, cuando juegas con los actores, estás jugando en el set, hago pocos planos, pero si hago muchas tomas, buscando cosas, y luego hay que encontrar ese tono perfecto en el montaje. El trabajo está ahí, en ese momento final en el que todo ha de conjugar, de alguna manera.
En la misma semana que vi “Polvo serán”, por casualidad, también vi otra película en la que trataba el tema de la muerte, desde una mirada diferente, pero muy interesante, “Los destellos”, de Pilar Palomero. Es muy curioso que viendo cientos de muertes en montones de productos cinematográficos, apenas hay reflexiones sobre el significado de la muerte. ¿Es en cierto modo algo que sucede, pero que no se puede hablar de ello?
Si, es cierto. Pero a mi lo que me pasaba es que quería hacer una película que no fuese sobre la muerte del otro. “Los destellos” o otras películas que se hacen hablan sobre como confrontar la despedida, el duelo por alguien que se va, como te relacionas con eso. Pero, para mi, era el punto de vista de la persona que está, por eso me atraía este marco de la muerte voluntaria, asistida. El hecho de tomar una decisión como esta, te confronta, te obliga a mirar en ese hueco. Hay películas que hablan sobre el significado de la muerte, pero la muerte, para el que se muere, no tiene un significado, lo tiene para los que se quedan. Cuando piensas en tu propia muerte no tiene un significado, precisamente es el límite del significado, en todo caso sería un significante sin significado. Para mí tiene un poco ese matiz, como intentar acercarme a eso. Es un lenguaje como un hueco en el que sabemos que no puedes cubrir, pero que podemos acercarnos desde diferentes ámbitos para rodear ese vacío y, de alguna manera, marcar los límites. No puedes ver lo que hay en un agujero negro, pero ves sus límites, que es la primera luz que consigue escaparse el agujero negro. Con la muerte pasa un poco esto, no puedes ver dentro, pero puedes dibujar sus contornos, y esa es un poco la intención de la película. Y es cierto que no se hace tanto, porque es muy difícil hablar de eso, provoca sentimientos, porque es de las cosas más abstractas que hay. Nosotros, cuando empezamos a trabajar, era la sensación que teníamos, pensando en eso.
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Hay un personaje que se hace preguntas durante toda la película, que intenta comprender, que es el interpretado -también de forma magnífica- por Mònica Almirall, primero partiendo de la negación, pero, poco a poco entendiendo la decisión de sus padres. ¿Dirías que su papel es central para sostener la línea argumental de la película?
Si, obviamente, el personaje de Mònica Almirall es clave, sobretodo porque es el punto de acceso del espectador. Son unos personajes que toman unas decisiones tan radicales que era muy difícil que el espectador se pudiera colocar ahí y me parecía muy interesante poner a la hija, que es la persona que se cuestiona, que plantea como va a recibir todo eso, porque ellos se van a ir, pero ella es la que va a tener consecuencias. De alguna manera sentía que era en el papel de los hijos, donde nos íbamos a colocar como espectadores, y por eso me parecía muy importante, sobretodo en la segunda parte de la película, que tiene que ver con la mirada de los otros. Para mi había dos ejes en la película uno que tiene que ver con la condición de la muerte y otro con la condicionalidad del amor, esa relación entre el amor y la muerte, ¿hay amores incondicionales? Porque pensamos en el amor entre padres e hijos como incondicional, pero yo pienso que hay condiciones y quería explorarlas. Aquí es una pareja que, a veces, interponen ellos a sus hijos, que eso es algo raro de ver en la vida y en el cine, pero que sucede, y me interesaba mucho explorar ese tipo de pareja.
En el guión también han participado Clara Roquet y Coral Cruz, que ya han colaborado en otras películas tuyas, ¿que método de trabajo tenéis para escribir entre los tres un guión como este, no le añade complejidad el sumar tres miradas a la historia?
Empecé con todos los materiales que tenía del taller de creación que habíamos hecho, tenía como setenta páginas de todo lo que había salido de allí, también tenía cerca de cien páginas de transcripciones de improvisación, y con esto hice una especie de collage, pero también con investigación, con imágenes, un collage de escenas que se me ocurrían, y nos juntamos con Clara, e hizo un poco las variaciones suizas, que le llamaba, era como abrir todas las formas posibles que esta historia podía tener, cuando cada uno tomaba una decisión distinta, como reaccionaba todos los miembros de esta familia. Clara hizo un documento de cien páginas abriendo diferentes posibilidades de como podía ser esta historia, y con todos estos documentos nos pusimos a hacer una escaleta, y trabajamos mucho tiempo en hacer este guión, que tuvo muchas versiones, que ya estaba listo para rodar cuando la familia original nos dijo que no podría hacerlo, así que hubo que hacer una reestructura total del guión, porque estaba pensado todo desde ese ángulo. Y ahí fue donde entró Coral, porque Clara no podía y yo estaba totalmente agotado, e hizo su magia y nos reescribió el guión para poder convertirlo en la ficción que es en su versión final. Hubo una conjunción de colaboraciones.
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Es obligado hablar de la fantástica banda sonora de Maria Arnal, que es una parte fundamental de la película, y también de la coreografía de Marcos Morau y de su compañía La Veronal. ¿Como fue el trabajo tanto en la parte musical como en la coreografía, para que encajaran perfectamente en la dramaturgia de “Polvo serán”?
Tanto a Maria como a Marcos ya los tenía en mente, además ellos se conocían, ya habían trabajado juntos. A Maria la conozco hace muchos años, de antes de que sacara su primer disco, y su música ya está en “Los días que vendrán”, y entonces me dijo: “a ver si para la próxima hacemos algo original”, porque en esta estaba utilizando material suyo, así que le propuse esto y después de mucho hablar, de mucho trabajar, porque había que hacer las canciones antes de rodar, y estuvimos mucho tiempo en su estudio, fue un proceso increíble, trabajar con ella mano a mano. Y con Marcos que es el hombre más ocupado en las artes escénicas en España, quedé con él en 2021, y me dijo: “en febrero de 2023 tengo un rato”, y al final, con el cambio en el rodaje, conseguimos cuadrarlo, y fue con conversaciones muy intensas y muy productivas con él, y me dijo que podíamos montarlo en dos semanas. ¿Eso es posible? Con la gente que trabaja él se conocen perfectamente y fue espectacular como se fue montando todo. Y luego le propuse a Marcos planos, con la canción en la cabeza. Normalmente las veces que he visto La Veronal en vídeo no llegaban a la sensación que tienes cuando ves su directo, no tiene nada que ver, y yo quería que la película tuviera la emoción de cuando ves sus directos, y eso pasaba por realmente que el poder de las imágenes fuera lo suficientemente fuerte como para enseñar eso que está pasando. Y ahí fue una combinación de planos, de las coreografías de Marcos, e íbamos encontrando para trabajar, siempre pensando en la cámara: que hace la cámara con ellos y como se está portando en cada uno de los números musicales y como los está acompañando, para que no fuera simplemente una coreografía filmada desde muchos ángulos o todo lo contrario, así que había que buscar el punto medio entre un extremo y el otro.
Parte del rodaje se realizó en Suiza, uno de los países más avanzados del mundo en materia de muerte asistida, ¿como fue el rodaje en las instalaciones de una de las asociaciones que ayudan a la gente a morir? ¿te ayudó a comprender el viaje final de los personajes de la película?
Yo conocí a la asociación Dignitas, que fueron los que nos cedieron las instalaciones, en el primero de los viajes que hice a Suiza para documentarme y trabajar en el guión, al principio cuando les propusimos rodar ahí nos dijeron que no, pero luego pensaron que la película podía ayudar a expandir la conversación, y fue increíble la experiencia. A todo el equipo nos cambio, percepciones y cosas que habíamos pensado y, de hecho, cuando hicimos la primera visita, el encuentro con una de las mujeres que acompañaba a la gente a morir, fue algo muy especial. Incluso el espacio mismo, donde mucha gente se va a despedir con amor, tenía una energía de paz, te das cuenta de que mucha gente iba allí a descansar, después de mucho sufrimiento, y con sus seres queridos. Y aunque el espacio no era lo más atractivo visualmente, nos servía como elemento dramático en la película, la energía allí era muy bonita. A la mujer que estaba en el centro le propuse actuar en la película y es una de las mujeres que acompaña a ellos. Fue lo último que rodamos, en esa casa, después de todo el viaje, y la escena final no la tuve, prácticamente, ni que dirigir, yo estaba allí, prácticamente viendo que las cosas pasaran.
La película ha tenido una muy buena acogida por parte del público y de la crítica, ha ganado en el Festival de Toronto, en la Seminci, en los Premios Gaudí, y ahora puede verse en varias plataformas. ¿Que significa este reconocimiento para ti? ¿Es un espaldarazo para acometer nuevos proyectos?
La verdad es que mentiría si dijera que moralmente no ayuda, porque cuando has hecho una película que no ha visto casi nadie, cuesta más arrancar la siguiente. También, por otro lado, te das cuenta de que tampoco es ese el sentido, es una relación compleja, en el fondo a mi me vale la pena si noto que eso ha llegado a alguien de manera profunda, y por suerte con esta película nos ha pasado. Prefiero una persona que le ha conmovido, que le haya tocado de una manera profunda, que cien que les haya parecido muy bonita. Y bueno, si la película tiene un espacio, va a ser más fácil hacer la siguiente. No es un momento fácil para según que tipo de películas, y todo este apoyo siempre es muy importante.
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