Carlos Fonseca: «Las trece rosas me parecía que era una historia tan tremenda que haberla llevado al terreno de la ficción no le habría hecho justicia»

¿Qué es un libro político? No me gustan las etiquetas. ¿Son novelas políticas «La voz dormida» de Dulce Chacón que me citadas, o «Luna de lobos», de Julio Llamazares sobre el maquis, o «Los girasoles ciegos», de Alberto Méndez, o «La forja de un rebelde», de Arturo Barea… por citar sólo algunas.

Por Anika entre libros

En el año 2004 el periodista Carlos Fonseca publicó en Temas de Hoy «Trece rosas rojas» un exhaustivo trabajo de investigación en el que empleó dos años. Para realizar su trabajo, el autor echó mano de archivos y documentos familiares (cartas personales; algunas de ellas aparecen además completas en uno de los anexos finales), militares o jurídicos (el libro incluye otro anexo en el que se incluye una copia de la sentencia en la que se condena a la pena máxima a las treces muchachas), noticias de periódicos (principalmente del ABC) etc; pero también del testimonio de personas que fueron entrevistadas personalmente por el autor, y que, en mayor o menor medida, fueron testigos o vivieron de cerca el drama de estas mujeres.

En 2007 se estrenó en nuestros cines un film basado en el libro de Fonseca dirigido por Emilio Martínez Lázaro y protagonizado, entre otras, por Pilar López de Ayala, Verónica Sánchez, Marta Etura y Nadia de Santiago. Esto ha servido como excusa para que Temas de Hoy haya decidido volver a publicar una nueva edición de «Trece Rosa Rojas» con una portada distinta a la original, sustituida por el cartel de la película (y con el subtitulo «el libro en el que se basó la película).

Carlos, no es la primera vez que la literatura o el cine se ocupan de esta historia. Anteriormente existen algunos acercamientos al tema. En 1985 se publicó una investigación histórica en la revista «Historia 16» sobre el asunto a cargo del periodista Jacobo García. De igual modo, Jesús Ferrero escribió una versión novelizada de la tragedia en Las trece rosas (Siruela, 2003). Por otro lado, la productora Delta Films realizó en el 2005 un largometraje documental sobre el tema: Que mi nombre no se borre de la historia. ¿Qué novedades crees que aporta «Trece Rosa Rojas» sobre el tema?

Sin falsa modestia, la historia de Las Trece Rosas se cuenta por primera vez en mi libro. Me explico.

Jacobo García no escribió un libro, sino un reportaje en la revista Historia 16. Un texto muy interesante, pero el autor no tuvo acceso a la causa que se instruyó contra ellas, ni a los expedientes penitenciarios ni a las cartas que escribieron estando en capilla, por ponerte algunos ejemplos.

En cuanto al documental del que me hablas, se realizó en 2005, un año después de que mi libro estuviera en las librerías (abril de 2004). La película se rodó a raíz de la publicación del libro y, de hecho, yo facilité algunos contactos a sus autores.

Finalmente, Jesús Ferrero publicó fechas antes que yo una novela que no tiene nada que ver con los hechos tal y como ocurrieron. También hay varios ensayos que recogen referencias breves sobre ellas, como «El silencio roto» o «Consejo de guerra», dentro de estudios más amplios. No me gustaría parecer pretencioso, pero a cada uno lo suyo.

¿Qué te motivó a investigar sobre esta tragedia?

Una casualidad. Un tío de mi padre que había sido militante del PCE en los años 40, por lo que pasó más de veinte en prisión, dejó a su muerte libros, cuentos escritos en la cárcel y papeles entre los que figuraba unas notas sobre el asesinato de estas chicas. La historia me interesó y comencé a indagar. Por entonces yo acababa de escribir un libro sobre dos anarquistas que intentaron matar a Franco en 1963 y había aprendido los recursos para buscar en los archivos militares. Localicé el sumario que se instruyó contra ellas, que me llevó a su vez a otras causas, y a partir de ahí comencé a armar la investigación, que concluyó con entrevistas con algunos de sus familiares y con mujeres que compartieron con ellas sus últimos días en la prisión de Ventas.

Este libro, si no me equivoco, fue publicado por primera vez en el año 2004, ¿Por qué razón se ha vuelto a reeditar? ¿Quizá por el estreno del film de Martínez Lázaro?

El libro se editó en abril de 2004 y desde entonces ha funcionado muy bien. Hasta la fecha lleva diez ediciones en rústica y otras tantas de bolsillo, además de haberse vendido los derechos a RBA para dos colecciones de quiosco. Obviamente, la película de Emilio Martínez Lázaro ayudará a que el libro sea más conocido, y por eso se ha reeditado con el cartel de la película como cubierta. Cuando Pedro Costa, uno de los productores de la película, se interesó por el libro, llegamos a un acuerdo de promoción mutua.

¿Has visto la película? ¿Qué opinión te merece?

La he visto varias veces, y aunque el lenguaje cinematográfico y el literario son muy distintos, la película me ha gustado porque respeta el «espíritu», aunque suene a tópico, del libro. Me parece una muy buena película que refleja con rigor la historia de Las Trece Rosas.

¿Has intervenido en el guión? ¿Te han consultado al menos?

El guión es de Ignacio Martínez de Pisón, con el que hablé en varias ocasiones y a quien facilité la documentación de que disponía. También puse al director y al productor en contacto con algunos de los protagonistas de la historia, pero el guión es responsabilidad única de Ignacio, que es un estupendo escritor.

Centrándonos más en el libro en cuestión, para escribir «Trece Rosa Rojas» has echado mano de archivos y documentos familiares militares o jurídicos, noticias de periódicos (principalmente del ABC) etc; pero también del testimonio de personas, que fueron entrevistadas personalmente por ti, y que, en mayor o menor medida, fueron testigos o vivieron de cerca el drama de estas mujeres…

Como te he contado antes, he consultado los archivos militares y penitenciarios, los del PCE, el de la Comunidad de Madrid y la prensa de la época, pero lo más valioso ha sido el contacto con mujeres, hoy octogenarias, que vivieron aquella tragedia y que conservan un recuerdo nítido de ella.

También me han ayudado mucho algunos familiares directos que conservan cartas escritas en prisión y fotografías. El testimonio más dramático es el de Enrique García Brisac, el hijo de Blanca Brisac y Enrique García, ambos fusilados la madrugada del 5 de agosto de 1939, entonces un niño de 11 años, que guarda como un tesoro la carta que su madre le escribió horas antes de morir y que su familia le ocultó durante más de veinte años.

¿Por qué has elegido este formato y no has escrito una novela? ¿Qué ventajas tenía, en ese sentido, el ensayo sobre un posible novelización del tema?

Bueno, soy periodista y tengo una cierta deformación profesional. En cualquier caso, me parecía que era una historia tan tremenda que haberla llevado al terreno de la ficción no le habría hecho justicia. Además, disponía de suficiente documentación y testimonios para no necesitar novelar lo ocurrido. La realidad, una vez más, superaba a la ficción.

A propósito ¿Has leído «La voz dormida» de Dulce Chacón? ¿Qué opinión te merece?¿Qué puntos en común crees que tiene con tu historia?

La leí hace ya tiempo y me gustó mucho. Ella hace ficción tomando como base el testimonio recogido entre numerosas mujeres que estuvieron presas en la prisión de Ventas después de la guerra civil. El texto tiene, además, un guiño con Las Trece Rosas cuando cita a una de ellas, Julia Conesa, y recoge el último párrafo de la carta que envió a su familia: «Que mi nombre no se borre de la historia». No sé si se puede hablar de puntos en común, pero el libro de Dulce Chacón refleja a la perfección lo que fue la vida en las cárceles de Franco en la inmediata posguerra.

¿Por qué has añadido al final cartas personales (algunas de ellas aparecen además completas), en uno de los anexos finales?

Me pareció que como documentos tenían interés, y aunque en algunos casos haya fragmentos amplios en el texto, quise que el lector conociera su contenido íntegro.

¿Es éste un libro «político»? ¿De qué modo crees que has conseguido contar la historia con imparcialidad?

¿Qué es un libro político? No me gustan las etiquetas. ¿Son novelas políticas «La voz dormida» de Dulce Chacón que me citadas, o «Luna de lobos», de Julio Llamazares sobre el maquis, o «Los girasoles ciegos», de Alberto Méndez, o «La forja de un rebelde», de Arturo Barea… por citar sólo algunas.

Creo que he conseguido contar la historia tal y como ocurrió, pero si he decidido contar la historia de Las Trece Rosas y no otra es porque me identifico con sus protagonistas y no con sus verdugos. Un matiz importante que no interfiere en la búsqueda de la verdad. Quería contar una historia, no justificar a nadie.

A mí me ha parecido que lo cuentas todo con bastante imparcialidad…

Si por imparcialidad sugieres equidistancia, rotundamente no. Tengo claro que Las Trece Rosas, como otros muchos, defendieron la legalidad republicana contra un golpe militar. Si por imparcialidad entiendes que aunque me identifique con las víctimas no he falseado los hechos, rotundamente sí.

Me refiero, lógicamente, a la segunda opción. Todo lo que cuentas resulta de una objetividad que agradezco como lector. Se nota además que no inventas nada: todo está perfectamente demostrado (cita la referencia, reproduce documentos, aporta bibliografía…), algo poco frecuente en los tiempos que corren.

En el libro, defiendes además la teoría de que las trece rosas fueron condenadas a muerte como respuesta al atentando contra el comandante de la guardia civil Isaac Gabaldón, en el que mueren tiroteados también su hija y el agente que conducía el coche (José Luís Díez); que todo fue como una suerte de castigo ejemplar. Sin embargo, en la sentencia no se hace referencia alguna a ese hecho.

Efectivamente en la sentencia no se alude a ello, pero los periódicos de la época, que en estas cuestiones publicaban «enviados» de obligada inserción, vinculan sin ninguna duda a Las Trece Rosas y a los 43 jóvenes que fueron fusilados en la misma «saca» con dicho asesinato. La sentencia del consejo de guerra es un estrambote sin sentido.

Algo que me resulta muy curioso es el hecho de que sean los propios familiares del guardia civil los que defiendan la teoría de que el triple asesinato de Gabaldón, su hija y su chófer pudiera haber sido orquestado en realidad por mandos de la Policía Militar. Los militantes del JSU fueron simplemente los que lo llevaron a cabo, unas simples marionetas, mientras que los verdaderos instigadores estarían dentro de los mandos de la Policía Militar.

El comandante Gabaldón había elaborado una relación de sospechosos de ser masones en la que figuraban gente relevante de Talavera, donde residía, y, lo que es más importante, del Ejército. Ten en cuenta que él había estado destinado en el Servicio de Información Millitar franquista, donde existía el convencimiento de que había «infiltrados» en sus filas. Esta circunstancia hizo que la familia sospechara que aunque fueran militantes de la JSU quienes le asesinaron, la información necesaria para ello les fue facilitada por militares. De hecho, según declararon los jóvenes de la JSU tras ser detenidos, ellos pretendían hacerse con una importante cantidad de dinero que estaban convencidos de que Gabaldón llevaba encima. Sin embargo, el botín fue escaso: apenas unas pesetas.

Consulté el sumario por el asesinato y la familia recurrió en varias ocasiones su archivo, convencida de que había una «mano negra» detrás del crimen. Pasaron más de diez años hasta que el caso se cerró definitivamente sin que se aclarase nada, aunque dejando abierta la posibilidad de que en el mismo intervinieran otras personas desconocidas. Y hasta la fecha.

Me llama la atención que se le de tanta importancia a la «caza de brujas» norteamericana de los años 40 y 50, cuando resulta que en nuestro país, durante la posguerra la delación estaba a la orden del día.

Bueno, creo que no es exactamente lo mismo. En Estados Unidos se vivió aquellos años una especie de temor reverencial a la «amenaza» comunista que se tradujo en la denuncia que cualquier persona sospechosa de actividades antiamericanas, mientras que en la España del 39 y primeros años cuarenta la delación era una especie de salvoconducto para demostrar su afinidad al nuevo Estado; la manera que algunos utilizaron para salvarse de la quema. Fíjate que en muchos casos se denunciaban familiares entre sí. Tremendo.

¿Sirvió para algo la muerte de estas mujeres…? Es decir, ¿acabó con la militancia comunista, con el JSU por ejemplo o por el contrario la potenció más?

La muerte no vale nunca para nada. Ten en cuenta que al fusilamiento de Las Trece Rosas siguió el de otros muchos opositores al régimen, y que los cuarenta años de dictadura están llenos de ejemplos de lucha, en mi opinión fundamentalmente desde las filas del PCE. Fueron, como todas las muertes, inútiles, aunque obviamente en aquel momento sirvieron al régimen para silenciar cualquier atisbo de oposición.

¿Por qué razón Julia Vellisca fue condenada por el tribunal a una pena de doce años y un día de reclusión por el delito de auxilio a la rebelión militar (no de adhesión)?

En la documentación que he manejado no hay nada que justifique por qué ella fue condenada a 12 años y las 56 personas restantes encausadas en el mismo sumario a la pena de muerte. Tal vez para dejar constancia de la «caridad» del dictador. El delito de auxilio a la rebelión era una especie de cajón de sastre que se aplicaba a todos los opositores al régimen y por el que te podían caer desde 6 años, si se apreciaban atenuantes, a la pena de muerte. En definitiva, un ejemplo más de la arbitrariedad de la mal llamada justicia franquista

Lo mismo le sucedió a Antonia Torres Llera, la rosa número catorce, que en la orden de ejecución aparece debido a un error tipográfico con el nombre de ANTONIO Torres YERRA, y que ese motivo consigue librarse del fusilamiento (aunque finalmente fuera ajusticiada en febrero de 1940)…

Así fue. Cuando fueron a recoger a la prisión de Porlier a los hombres que iban a ser ajusticiados esa madrugada y leyeron el nombre de Antonio Torres Llera nadie pudo dar noticia de ese preso. Antonia debió vivir un momento tremendo cuando descubrió que no la llevaban a fusilar junto a sus compañeras. El error fue descubierto y, como dices, fue fusilada unos meses más tarde.

«Trece Rosa Rojas» debería ser, debido a su formato y a sus intenciones iniciales, más informativa que emotiva. Sin embargo, y en esto reside la principal cualidad del libro, hay momentos en los que se me ha hecho un nudo en la garganta y el libro consiguió trasmitirme sensaciones diversas: desde la indignación a la condolencia.

No estoy de acuerdo con que debería haber sido más informativa que emotiva. Mi intención no ha sido hacer un libro informativo sin más, una especie de reportaje largo, sino transmitir también sensaciones y emociones. Y puedes creer que en más de un momento mientras lo escribía me ahogaba también la emoción. ¿Por qué debería de haber sido sólo informativo? Si te ha emocionado me siento doblemente satisfecho porque es un ejemplo de que el texto está vivo.

De todos los testimonios personales que has recogido durante tu investigación, ¿cuál o cuáles te tocaron más profundamente?

El de Enrique García Brissac, que vivió la muerte de sus padres cuando tenía once años. Hablar con él ha sido revivir su tragedia. Fue muy emotivo. De hecho, hace unas semanas la productora hizo un pase especial para los familiares de las víctimas y la mayoría salió llorando de la sala de cine. Enrique me dijo que ya no estaba para estos trotes y que no la volvería a ver. Ten en cuenta que en la última secuencia aparece el rostro de su madre (en la película Pilar López de Ayala) leyendo la carta que le escribió antes de ser fusilada, que concluye diciendo «recibe el beso eterno de tu madre».

Y de las trece (quince) rosas, ¿cuál(es) te llama(n) más la atención y por qué?

Tal vez Blanca Brissac, una mujer católica y de derechas, la única casada de todas ellas, que se ve arrastrada en esta locura porque su marido era amigo de un músico comunista al que denuncia su suegra y su cuñada. Pero en fin, creo que las historias de cada una de ellas es especial.

Se me ocurre también la de Adelina, a quien su padre, guardia civil, obligó a presentarse en comisaría para que la tomaran declaración convencido de que no la iba a ocurrir nada y terminó en el paredón.

¿Crees que se ha hecho suficiente justicia con estas mujeres en la actualidad?

Creo que no se ha hecho justicia ni con estas mujeres ni con las personas que defendieron la República, y con ella las libertades, y que fueron por ello condenadas a muerte o a largos años de prisión. Tenemos una deuda pendiente con quienes perdieron la guerra que espero satisfaga la Ley de Memoria Histórica que se tramita en estos momentos en el Parlamento. Contar lo que pasó no es revanchismo, es hacer justicia, aunque a algunos les moleste.

Pues esto es todo Carlos, si deseas añadir alguna cosa más…

Agradeceros la oportunidad que me dais de llegar a vuestros lectores y animaros a todos a que leáis el libro y veáis la película en el orden que consideréis oportuno. Un abrazo a todos.

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