Carlos Fonseca “La Transición seguirá siendo una etapa vedada al conocimiento público”

«Los sectores más inmovilistas del régimen consideraban que el presidente Suárez estaba llevando demasiado lejos el proceso de reforma democrática y le señalaron como el objetivo a batir».

Por Angelo Nero

Después de más de 40 años has podido acceder al sumario del 23F, que permanecía secreto, y esto te ha permitido abrir nuevas líneas de investigación sobre la trama golpista, ¿cuáles fueron las sorpresas que has encontrado en el sumario?

Muchas. Cuando a finales de 2019 solicité autorización al Tribunal Supremo (TS) para consultar la causa no pensé que fuese a descubrir grandes novedades. Pensé que si el proceso eran la base de la sentencia, según la cual el golpe fue obra de un grupo reducido de militares nostálgicos del franquismo que fracasó por la lealtad mayoritaria del Ejército a la Constitución y la actuación decidida del rey, el contenido se limitaría corroborar el fallo, pero me equivoqué. La investigación ignoró pistas, descartó indicios y ocultó pruebas para no ahondar en todas las complicidades de la asonada y condenar al menor número posible de implicados. Fue una farsa.

Durante todos estos años se ha mantenido la versión oficial de que el golpe de estado lo habían dado un puñado de militares nostálgicos del antiguo régimen, y que fue el rey el que salvó la democracia, ¿este relato se puede sostener a día de hoy?

No, en absoluto. Como te he comentado, la investigación no buscó conocer toda la verdad de lo ocurrido. Se limitó a procesar, juzgar y condenar a los protagonistas televisivos del golpe de Estado. Al teniente coronel Antonio Tejero Molina, que entró en el Congreso a punta de pistola con cerca de trescientos guardias civiles, y al general Milans del Bosch, que sacó a la calle a dos mil hombres y decenas de carros de combate para tomar Valencia. Ambos fueron condenados a 30 años de prisión por el Consejo Supremo de Justicia Militar (CSJM). El posterior falló del TS condenó después a esa misma pena al general Alfonso Armada, que inicialmente lo había sido a tan solo 6 años de reclusión. Y así hasta sumar un total de treinta condenados.

También hay quien señala lo contrario, que la trama del 23F se orquestó para legitimar una monarquía que todavía era vista por los sectores más a la izquierda como heredera del franquismo, ¿qué opinas de esta teoría según la cual, el golpe había cumplido sus objetivos?

No comparto esa teoría. El golpe no se orquestó para legitimar a la monarquía, sino para volver a una dictadura dirigida por una Junta Militar. Otra cosa es que el papel de salvador atribuido al monarca sirviera para legitimar su figura. No olvidemos que Juan Carlos I había sido designado por Franco como su sucesor a título de rey en 1969. Carecía de legitimidad democrática, pero tras el golpe fue presentado como el salvador de la democracia.

Cuando se produjo el golpe de estado tu estabas estudiando periodismo en la Complutense, ¿cómo viviste tú el 23F, y cuál era el ambiente que se respiraba en la universidad en aquel momento?

Lo viví con mucho miedo. Tenía 22 años recién cumplidos y estudiaba el último curso de la carrera. Recuerdo que me marché a casa, desde donde seguí los acontecimientos como simple espectador de lo que ocurría. Tuve una sensación de desánimo y de impotencia. Salíamos de un túnel de cuarenta años de dictadura tras una guerra civil, y justo cuando empezábamos a disfrutar de libertades un grupo de iluminados intentaba hacer descarrilar el incipiente proceso democrático y devolvernos al pasado.

El ruido de sables fue constante durante toda la Transición y los militares más franquistas señalaban a Suárez, que curiosamente había sido secretario general del Movimiento Nacional, como culpable de las concesiones a la democracia, y de la renuncia a los principios fundamentales del franquismo, sin embargo el golpe se materializa con su renuncia a la presidencia del gobierno, ¿cómo se explica esto?

Los sectores más inmovilistas del régimen consideraban que el presidente Suárez estaba llevando demasiado lejos el proceso de reforma democrática y le señalaron como el objetivo a batir. Políticos de su propio partido, militares, empresarios y periodistas conspiraron contra él durante meses y, curiosamente, cuando logran su objetivo y dimite en enero de 1981 ejecutan el golpe. Creo que este hecho demuestra que Suárez fue un pretexto. El problema no era él, sino la democracia.

En el juicio del 23F hubo una treintena de condenados a penas menores, excepto el Teniente Coronel Tejero, el Teniente General Milans del Bosch, y el General Armada, condenados a 30 años, ¿se juzgó a todos los implicados en la trama? ¿fueron acordes las penas con la gravedad del delito cometido? Y, lo más importante, ¿Eran Tejero, Milans del Bosch y Armada, los verdaderos jefes de aquella trama golpista?

Si, como te he dicho, la instrucción buscó juzgar tan solo a los protagonistas televisivos del golpe, a los más significados, es obvio que hubo más implicados que no fueron juzgados. Algunos reconocieron haber participado en las reuniones preparatorias de la asonada pasados los años, cuando ya no les era exigible ninguna responsabilidad penal, e incluso actuaron como defensores militares de algunos de los finalmente condenados. También hubo una trama civil que no fue investigada y que el sumario acotó en la persona del ultraderechista Juan García Carrés. Por no hablar de los militares, generales en muchos casos, que obedecieron las órdenes de los golpistas sin rechistar y ni siquiera fueron encausados. En cuanto a las condenas, las impuestas por el Consejo Supremo de Justicia Militar (CSJM) fueron, en general, leves, si bien el Tribunal Supremo las elevó todas e, incluso, condenó a ocho tenientes de la Guardia Civil que habían sido absueltos en primer instancia. Y en cuanto a tu última pregunta, creo que Tejero fue el ejecutor del golpe en Madrid y Milans y Armada sus directores. La duda es si por encima de ellos había más personas, algo que no conseguiremos saber mientras importante documentación oficial sobre el golpe siga siendo considerada secreta.

Además del sumario, al que sólo se ha podido acceder recientemente, ¿crees que todavía hay informes o grabaciones que todavía no han salido a la luz? ¿En qué manera le afecta la Ley de Secretos Oficiales al esclarecimiento del 23F?

Estoy seguro de que hay documentación relativa al golpe que aún desconocemos. Hablas de grabaciones, y, efectivamente, la Policía intervino los teléfonos del Congreso, desde los que Tejero habló con La Zarzuela, con Milans, con el director de la Seguridad del Estado… pero la transcripción de esas conversaciones no se incorporó nunca a la causa. Es más, oficialmente no existen, pese a que el delegado del Gobierno en Telefónica en aquella fecha, Julio Camuñas, afirmó en una entrevista televisiva que desde Interior le ordenaron intervenir dichos teléfono y así lo hizo. ¿Dónde están estas cintas? Es uno de los muchos misterios que aún envuelven al golpe. La Ley de Secretos Oficiales, que decayó en julio de 2023, al convocarse elecciones anticipadas, no va a solucionar nada, porque si llega a entrar en vigor tal y como está redactada será solo de aplicación para los documentos clasificados como secretos a partir entonces. La Transición seguirá siendo una etapa vedada al conocimiento público.

Parece que el andamiaje de la democracia española se sostiene sobre los cimientos de la Transición, y que por eso los partidos que se han alternado en el poder se han resistido a que sea cuestionada, ¿es por eso que mantienen el respaldo incondicional a la monarquía, a pesar de haber estado involucrada en varios escándalos, o a personajes que han sido acusados de crímenes de lesa humanidad, como Martín Villa?

Se han escrito muchos libros sobre el 23F desde 1981, con hipótesis, interpretaciones… yo no he querido entrar en ese terreno. En mi libro hablo de las cosas que puedo sostener con documentos, no hablo de lo que a mí me parece o lo que yo creo. Los sucesivos gobiernos de PP y PSOE habidos desde entonces no han tenido voluntad política de que los ciudadanos conozcamos toda la verdad de lo ocurrido. ¿Por qué? Habría que preguntárselo a ellos, pero cabe deducir que si la documentación secreta avalara la versión oficial haría tiempo que sería pública. Tal vez sea que si conocemos todos los datos haya que cambiar el relato.

En la lista de Armada, en la del hipotético gobierno de concentración que se formaría si triunfaba el golpe, estaba Felipe González, como vicepresidente, y Ramón Tamames como ministro de economía, y Jordi Solé Tura, como ministro de Trabajo -ambos diputados del PCE-, ¿hay algún vestigio de que las cúpulas del PSOE o del PCE tuvieran un conocimiento previo de los planes de Armada?

No soy de conspiraciones, y no creo que ni el PSOE ni el PCE estuvieran detrás del golpe tal y como se ejecutó. Las actas de la ejecutiva socialista de aquella época, que también he consultado, demuestran que el partido se sabía ya una alternativa real de gobierno y que en los prolegómenos del golpe hubo dirigentes, desconozco si con la anuencia del partido o a título personal, que celebraron reuniones, como poco imprudentes, para hacer caer al gobierno de Suárez. Creo que al PSOE le pudo su ambición por llegar al poder cuanto antes.

Has escrito otros libros relacionados con la etapa final del franquismo y con la Transición, como “No te olvides de mi”, centrado en el asesinato de Yolanda González, o “Mañana cuando me maten”, en el que tratas el caso de Humberto Baena, ¿qué le hace tan atractiva a esta etapa de nuestra historia, a nivel periodístico, para que sigas centrando tus investigaciones en ella?

En la época de que me hablas yo era un joven veinteañero con más preguntas que respuestas. La inmediatez de los hechos no permitía acceder a documentación relevante que ahora, aunque con dificultades, sí puedo consultar. Me apasiona esa etapa de nuestra historia reciente sobre la que se cimentó la democracia, con sus aciertos y errores, que disfrutamos ahora. Escribir de ello me permite revisitar la segunda mitad de los años setenta y todos los ochenta, que tanto influyeron en nuestro devenir político y también en mi vida.

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