Capital cultural. Las políticas educativas y la igualdad de oportunidades

Por Susana Gómez Nuño 

Las cifras de fracaso y abandono escolar en Cataluña se sitúan, según las estadísticas, alrededor del 21,8% y 26% respectivamente. La procedencia de la mayoría de estos estudiantes es de clase obrera o de familias con un nivel educativo bajo. Ante este panorama tan desolador, se hace imprescindible formular políticas concretas que favorezcan la igualdad de oportunidades y reduzcan las cifras de fracaso escolar.

Los sistemas educativos no dejan de ser un reflejo fiel de las diferentes ideologías políticas que no siempre coinciden en su interpretación acerca de la igualdad de oportunidades. Las políticas más conservadoras aseguran la igualdad de oportunidades en un punto de partida y consideran que llevar esa igualdad más allá de ese punto perjudica la calidad de la educación. En cambio, los modelos progresistas abogan por el pluralismo social y por la formación de ciudadanos críticos, y nos muestran una realidad distinta, en tanto contemplan el punto de salida ventajoso de algunos alumnos con posiciones sociales privilegiadas dejando en evidencia que la meritocracia no se erige como elemento propiciador del ascenso social.

La sociología de la educación considera los sistemas educativos no solo como entidades reproductoras de las desigualdades, sino también como acentuadoras de las mismas, a pesar de la grandilocuencia del discurso meritocrático imperante. De hecho, esta igualdad que se proclama en la teoría, es en realidad un elemento legitimador del sistema educativo, más que un factor potenciador de la igualdad. Aunque estas premisas se contraponen a las ideologías más conservadoras, ambos puntos de vista coinciden en que la escuela no puede hacer demasiado para establecer la igualdad de oportunidades, ya que esto implicaría un importante cambio social difícilmente realizable para los primeros, y la implantación de un sistema mediocre que no contemplaría los méritos ni el talento, para los segundos.

No hablamos de erradicar las desigualdades, pero sí de reducir la distancia entre los alumnos de entornos privilegiados, con la ventaja del capital cultural que poseen, y los que provienen de entornos familiares con menor bagaje cultural.

Aun así, ¿sería posible establecer un sistema educativo alineado, en la práctica, con la igualdad de oportunidades que favoreciera la reducción del fracaso escolar? Si tenemos en cuenta las evidencias empíricas, la respuesta es afirmativa. Sin embargo, debemos imbuir de cierto pragmatismo al concepto de igualdad de oportunidades, es decir, no hablamos de erradicar las desigualdades, pero sí de reducir la distancia entre los alumnos de entornos privilegiados, con la ventaja del capital cultural que poseen, y los que provienen de entornos familiares con menor bagaje cultural.

En este punto se hace necesario puntualizar los dos factores vinculados directamente con la escuela que intervienen en el éxito de la educación: el capital cultural proporcionado por las familias y la composición social de las escuelas. Ambos elementos deberían impulsar la igualdad de oportunidades y minimizar el impacto de la reproducción de las desigualdades. Las políticas de tipo equitativo, que otorgan más recursos a los centros más necesitados, y una composición social heterogénea en las escuelas, se erigirán, pues, como elementos atenuadores de esas desigualdades educativas. Algunos estudios demuestran que la mezcla social en las escuelas mejora el rendimiento medio del alumnado sin menoscabar la calidad educativa, lo cual contradice las políticas conservadoras que asocian la desegregación con una disminución de la calidad de la educación.

Si bien la escuela socialmente heterogénea no afecta a la calidad general del sistema, sí que comporta la pérdida de la ventaja que poseen los alumnos con más capital cultural en un entorno escolar más homogéneo. Sin embargo, la heterogeneidad en las aulas no solo genera una mayor igualdad sino que si focalizamos en las notas y en las expectativas académicas, las mejoras son aun mayores. Así pues, podemos afirmar que pueden establecerse estrategias que favorezcan la igualdad de oportunidades sin comprometer la calidad educativa mediante políticas equitativas y que eviten la segregación social en las escuelas. No obstante, el coste de un sistema que genere mayor igualdad de oportunidades en la escuela implicaría que más personas pudieran acceder al deseable y escaso bien que conforman las posiciones sociales más privilegiadas.

POLÍTICAS FOCALIZADAS: MAGNET SCHOOLS

Las políticas focalizadas son las que aplican una intervención correctora en situaciones concretas donde se detectan déficits educativos graves. Es decir, son propuestas enfocadas a transformar la lógica educativa de alguna escuela con algún tipo de estigma generado por la concentración de alumnos con importantes desventajas sociales, o bien dotaciones extraordinarias de recursos para determinadas escuelas que acogen a un alumnado con mayor riesgo de fracaso escolar.

Sin embargo, en un contexto de escasos recursos, estas acciones focalizadas solo pueden incidir en unos pocos casos extremos, sin capacidad real de transcender más allá. Esto puede generar consecuencias no deseadas, debido al efecto llamada, concentrándose, así, alumnos con situaciones de desventaja y generándose escuelas segregadas que aumentarían el riesgo de fragmentación social y que remitirían, al final, a las mismas desigualdades que intentaban combatirse en un principio.

Las Magnet Schools son escuelas de entornos desfavorecidos que integran en su proyecto educativo a entidades sobresalientes con el objetivo de mejorar los resultados académicos. Como principales ventajas encontramos el componente de desegregación social, ya que suelen reunir a alumnos de diferentes clases sociales, etnias y culturas, disminuyendo las desigualdades y favoreciendo la cohesión social; el alcance del máximo potencial de los alumnos y la opción, como alternativa más específica, a otras escuelas más genéricas. Entre las desventajas destacan algunos procesos selectivos en los que solo consiguen entrar los estudiantes más brillantes, y el riesgo de segregación relacionada con la inteligencia de los alumnos.

POLÍTICAS UNIVERSALISTAS: REDUCCIÓN DE LA SEGREGACIÓN ESCOLAR

El objetivo de las políticas universalistas es neutralizar las desigualdades sociales entre los alumnos mediante una composición social equilibrada en las escuelas que favorecerá el rendimiento y los resultados académicos de los alumnos. Son, en realidad, políticas de distribución equilibrada del alumnado, en tanto se busca la heterogeneidad social en las escuelas evitando así la aparición de guetos segregados, y políticas de distribución equitativa sistemática de recursos, en tanto los recursos se distribuyen en función de las necesidades de los centros, dotando de mayores recursos a aquellos que presentan mayores dificultades.

La heterogeneidad social del alumnado en las escuelas favorecerá la equidad, la excelencia educativa y la cohesión social.

Esta última propuesta es más teórica que real, puesto que los recursos se distribuyen de forma igualitaria sin tener en cuenta las necesidades desiguales de los diferentes centros. La heterogeneidad social del alumnado en las escuelas favorecerá la equidad, la excelencia educativa y la cohesión social. Aunque, en la práctica, no se conseguirá una distribución totalmente equilibrada, ya que esta se encuentra supeditada a diversos factores, como la libertad de elección de escuela por parte de los padres o a las barreras económicas que conlleva la escuela concertada, entre otros.

Aunque tanto las actuaciones focalizadas como universalistas tienen el mismo objetivo: disminuir las desigualdades sociales en la escuela, lo cierto es que ambas tienen una capacidad correctora limitada. Las focalizadas por no incidir en todos los centros con alumnos desaventajados de forma continuada y por el riesgo de segregación que suponen las distinciones, y las universalistas porque, a pesar de que una distribución equilibrada de alumnos favorece la justicia social, no pueden neutralizar el conjunto de desigualdades educativas inherentes al sistema.
Posicionamientos de los sociólogos y pedagogos clásicos: ¿Intervenciones pedagógicas focalizadas en contextos específicos o lucha contra la segregación escolar?

Ante este dilema, Makarenko se posicionaría a favor de las intervenciones pedagógicas focalizadas en contextos específicos. Concretamente en el contexto familiar donde la disciplina y la autoridad de la figura paterna serán los elementos más relevantes. Incluso, posteriormente, en su afán por educar al ciudadano como parte de una colectividad no apostaría por la desagregación, sino más bien por una homogeneidad educativa que respondiera al interés comunitario.

A pesar de las diferencias entre las tesis de Makarenko y Rousseau, este último apostaría también por la primera opción, en tanto su tesis nos habla de la educación como base de aprendizaje en un ámbito doméstico y natural, y focaliza sus intervenciones pedagógicas en el alumno para fomentar su curiosidad innata de descubrimiento y aprendizaje.

Para Bourdieu y Bernstein, el capital cultural, en tanto se adquiere en el entorno familiar y no es el mismo para todos, y el uso de los diferentes códigos sociolingüísticos, se erigen como elementos reproductores de las desigualdades sociales.

Para finalizar, creo que tanto Bourdieu como Bernstein, se pronunciarían, sin duda alguna, a favor de la lucha contra la segregación social. Justamente la heterogeneidad social en la escuela será el factor que atenúe la influencia del capital cultural de algunos alumnos en los resultados académicos. Para Bourdieu y Bernstein, el capital cultural, en tanto se adquiere en el entorno familiar y no es el mismo para todos, y el uso, en función de la clase social, de los diferentes códigos sociolingüísticos, se erigen, respectivamente, como elementos reproductores de las desigualdades sociales.

En mi opinión, las políticas más efectivas para favorecer la igualdad de oportunidades y disminuir el fracaso escolar serían las universalistas, en tanto estas promueven la mezcla social en las escuelas, que, aun con sus limitaciones, conseguirían menguar la influencia del capital cultural de los alumnos más aventajados, favoreciéndose así la igualdad de oportunidades, que no solo consiste en la escolarización obligatoria, sino que también debe disminuir las desigualdades derivadas del origen social del alumnado mediante la promoción de contextos escolares heterogéneos que incrementarán las expectativas académicas de los alumnos con menor capital cultural.

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